Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
La causa contra Zapatero cuestiona sus negocios privados en el extranjero
Almeida recoloca con sueldo récord a la pareja del consejero de Ayuso
Opinión - Cómo Aldama se convirtió en el héroe de la derecha, por Alberto Garzón

Cómo Aldama se convirtió en el héroe de la derecha

El comisionista Víctor de Aldama. EFE/Zipi
24 de junio de 2026 22:00 h

7

Hay un personaje en España que se presenta como la persona que destapó la corrupción del PSOE y que, dotado con esa legitimidad, va de plató en plató haciendo afirmaciones estrafalarias y de dudosa credibilidad que, en todo caso, alimentan y consolidan los prejuicios de los conservadores. Aldama, que ha sido tratado con suma generosidad por parte del Tribunal Supremo, es el nuevo héroe de la derecha de este país. Y es también, desde hace más de un año, parte destacada de su cultura pop.

Lo llamativo no es que un personaje de estas características ocupe horas de tertulias y titulares de prensa, porque de esos hay muchísimos, sino la extraordinaria facilidad con la que una parte de la sociedad ha suspendido sus propios criterios morales para convertirlo en una figura admirada. Se trata de una inversión de valores muy reveladora de la polarización política contemporánea, donde ya no importa quién eres ni qué has hecho, sino contra quién disparas.

El año pasado la derecha puso mucho empeño en convertir la expresión “Pedro Sánchez, hijo de puta” en la “canción del verano”, como dijo el cantante Juan Magán y otros portavoces a los que, para variar, no les importó contribuir a la degradación política que supone popularizar insultos a figuras públicas. Pero mientras los exabruptos contra el presidente corrían como la pólvora en verbenas y fiestas de pueblo, y no siempre espontáneamente, en una frecuencia distinta también proliferaban otros cánticos tales como “por Aldama, por Aldama” —en versión flamenca, cantado por uno de los Morancos— y un mucho más explícito “Aldama libertad y si no la hay, manifestación nacional” que él mismo subió a sus redes como ejemplo del “sentir popular”. No es ninguna tontería, ya que la popularidad de Aldama constituye el síntoma visible de un proceso político mucho más profundo, a saber: la construcción deliberada de un personaje útil para una determinada batalla cultural.

¿Cómo puede un empresario corrupto convertirse en objeto de admiración e incluso de celebración pública? La única forma de explicarlo es precisamente atendiendo al papel instrumental que juega en una causa mayor: la de desgastar y tumbar al gobierno de coalición progresista. Las derechas nunca toleraron perder el gobierno en el año 2018, pero mucho menos aceptaron que los comunistas se sentaran también en el Consejo de Ministros desde el año 2020. Desde entonces han intentado casi todo para cambiar esa situación, siguiendo aquel claro consejo de Aznar de que “quién pueda hacer, que haga”. Pero aquella ofensiva ideológica, mediática, judicial y hasta policial terminó chocando con la voluntad popular expresada en julio de 2023, que revalidó al gobierno de coalición. 

La derecha perseveró en esta estrategia, claro, pero pronto encontró un aliado inesperado: la corrupción del PSOE, un regalo que los ladrones de Ábalos, Cerdán y compañía han ofrecido a los reaccionarios de nuestro país. Conviene no minimizar la importancia de este hecho, como hace cierta izquierda en ocasiones. Lo cierto es que la corrupción debilita electoralmente a quien la protagoniza, pero también proporciona munición política, legitimidad discursiva y cohesión emocional a sus adversarios. Por eso la derecha ha mordido a la presa y no la va a soltar: han encontrado un punto de gran vulnerabilidad del gobierno y de Pedro Sánchez. Pero como nunca es suficiente, necesitan sobredimensionar el fenómeno para que parezca realmente un problema de todo el gobierno de coalición. Y ese es precisamente el papel de Aldama. Él ya no es únicamente un empresario investigado, sino que se ha convertido en un personaje político. Y, como ocurre con todos los personajes políticos exitosos, su relevancia no depende tanto de la veracidad de lo que cuenta como de la utilidad simbólica que adquiere para quienes lo escuchan.

Seamos claros: Aldama es un fantasma y no sólo un delincuente. Durante la fase de instrucción el juez acreditó que muchas de sus “confesiones” no se ajustaban en absoluto a la verdad o eran acusaciones sin pruebas; en algunos casos fueron directamente mentiras desmontadas por el juez, y que obligaron al propio Aldama a tener que rectificar para evitar problemas mayores. Así, durante el juicio Aldama no sólo aportó evidencias que ayudaron a esclarecer el caso, aspecto que sostiene la desproporcionada generosidad con la que el Tribunal Supremo ha tratado su situación, sino que también se dedicó a esparcir basura a fin de que el problema pareciera mucho mayor de lo que ya era. Y desde el principio estaba claro que, si Aldama quería ganarse la simpatía de la derecha de este país —parte de su propia estrategia de supervivencia legal— tenía que ir a por la caza mayor: Pedro Sánchez y su gobierno.

Ahí reside su atractivo para la derecha sociológica de este país: se presenta como un héroe que se enfrenta al gobierno de Pedro Sánchez y que puede conseguir, sueñan ellos, que acaben todos en la cárcel. En sus manifestaciones más recientes ha vuelto a incidir en que tiene material comprometido de Pedro Sánchez, al que sin prueba alguna llama “el number one”, y ha predicho que acabará en la cárcel. Para completar su relato de héroe contra villano, ha declarado solemne que tiene miedo por él y por su familia; un tono victimista que lleva dos años utilizando a fin de presentarse como contrapunto de un supuesto gobierno totalitario dirigido por Pedro Sánchez. No importa si algo de todo esto es verdad o tiene el respaldo de pruebas; lo que importa es que la derecha de este país le da verosimilitud y escucharlo refuerza sus prejuicios sobre qué tipo de gente gobierna España en este momento. Por esa razón, Aldama se ha convertido en un héroe que merece reconocimiento, cariño y cuidados. Exactamente lo que está recibiendo en las verbenas y fiestas populares, en los medios de comunicación donde se le invita a compartir sus invenciones, y también en los juzgados —que ponderan mejor lo cierto y lo falso, pero que no escapan de su atractivo ideológico e instrumental—.

Este va a ser un verano curioso. En algunas verbenas y fiestas populares convivirán dos fenómenos reveladores de nuestro tiempo político: insultar al presidente del Gobierno democráticamente elegido y celebrar a un empresario que participó en tramas corruptas. Es una inversión moral extraordinaria, pero congruente con un tiempo político donde la ideología reaccionaria ciega cualquier consideración moral o de decencia. La derecha de nuestro país ha convertido la derrota del gobierno de coalición en el único horizonte político, haciendo desaparecer toda coherencia y permitiendo que cualquier personaje dispuesto a contribuir a esa tarea sea rápidamente rehabilitado. La pregunta que debemos hacernos es por qué una parte de la sociedad ha decidido convertir a este personaje, un corrupto, en un referente.

Etiquetas
stats