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Bombas humanitarias

Montero Glez

En el lenguaje de la corrección política se evitan las palabras malsonantes, o mejor dicho, se cambian por términos que suenen de manera agradable aunque el significado siga siendo el mismo. Un ejemplo de esto último son los bombardeos contra la población civil, denominados “misiones de paz” o “bombardeos humanitarios”. Con todo, cada día que pasa, vamos perdiendo la inocencia ante las trampas del lenguaje. Es algo que se consigue a base de oír los gritos de las víctimas y, sobre todo, sus silencios. Por eso mismo, nos extraña mucho que, cada vez que se habla de terrorismo, poco o nada se nombre a la mayor organización terrorista del planeta, me refiero a la OTAN. Porque en asuntos tales como las misiones de paz o bombardeos humanitarios, la OTAN tiene experiencia, tanta como para trampear el lenguaje, blanqueando así sus actos delictivos.

Cuando Javier Solana dirigió la citada organización, desempeñó su papel con oficio, consiguiendo hacer de Belgrado su trofeo. Las víctimas se contaron por miles y hoy se siguen contando, culpa del uranio políticamente empobrecido y correcto con el que fueron cargadas las bombas contra la población civil. El legado de Javier Solana tiene nombre científico: cáncer. La propaganda atlantista tergiversó el conflicto yugoslavo, manipulando a la opinión pública frente a los serbios, que fueron señalados culpables de la descomposición del país. Alemania y el Vaticano apoyaron los movimientos nacionacionalistas croatas en un conflicto donde los bosnios se aliaron con Al Qaeda. No hay que llamarse a engaño por mucho que nos cambien los términos pues fue en Yugoslavia y en su guerra civil donde empezaron a anidar los yihadistas que al día de hoy amenazan a occidente.

Sobre el tablero de la guerra, Javier Solana jugó a los dados. Nuestras cabezas también forman parte de su trofeo. Con esto no es que el jefe militar de los serbios, el tal Ratko Mladic fuera un angelito pero, a la hora de criminalizar, subyace el interés justificativo de la intervención por parte de la OTAN para arrasar Yugoslavia primero y así poder colonizarla después. Lo dicho viene a cuento porque el otro día Javier Solana, con la corrección política que caracteriza a los tipos de doble moral, dio la noticia por Twitter de la condena de Ratko Mladic por crímenes de guerra. Visto lo visto, hay algunos tuiteos que necesitan ser contestados y hay otros que se contestan solos. A este último orden pertenece el tuit de Javier Solana.

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