Como una crónica del fin del mundo

Varios voluntarios despejan con palas el acceso a una de las entradas del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, cubierto de una gruesa capa de nieve tras el paso de la borrasca Filomena.

42

De no ser porque todavía hay seres que lo apuntalan, sería como una crónica del fin del mundo. 2021 entra fuerte con un sinfín de contratiempos de los que el temporal de nieve en España es casi el menor, aun con su entidad. El tiempo nos ha vuelto a confinar, carreteras y calles de algunas ciudades siguen impracticables. El primer vistazo de la mañana en Madrid permite atisbar los mismos montones de nieve y apenas unos centímetros más abiertos en la calzada. Todavía sigue ahí el coche que quedó varado en la calle de enfrente.

Y tras la gran tormenta Filomena, la ola de frío polar. Temperaturas gélidas de récord, hasta 21º bajo cero en Teruel, heladas intensas en muchos otros lugares. -13º en el aeropuerto de Barajas. Carreteras cortadas. Vuelven a suspenderse trenes (AVE Madrid-Barcelona por ejemplo). Árboles caídos. Pueblos aislados sin electricidad. Decenas de personas agolpadas en las estaciones de metro y cercanías de Madrid con incidencia de suspensión, sin hora de estar resuelta: la mayoría aguardan para ir a trabajar en estas condiciones.

El temporal y su secuela son de categoría histórica pero cuesta entender que no se puedan encontrar máquinas quitanieves suficientes. El alcalde de Madrid se fotografía en una, con fondo de El Corte Inglés, tras haber agradecido al Real Madrid que se limpiara su trozo del Paseo de la Castellana. Se ve que los ladrillos del almacén Zendal-Ayuso, pagados con dinero público, ni ponen inyecciones ni quitan impedimentos en la calle. Quizás se podían haber empleado mejor al menos los 100 millones de euros de sobrecosto. De cualquier modo, son todas las administraciones las implicadas, en mayor o menor grado.  Porque avisar, se avisó de lo que se avecinaba.

Hemos visto -en los medios, que sí funcionan- a profesionales de la sanidad andando hasta 17 kilómetros por la nieve para ir a trabajar. A una enfermera que ha doblado 6 turnos seguidos porque no podían llegar los relevos. Y a las dificultades de su trabajo así, se ha añadido la llegada de alegres ciudadanos que querían disfrutar de la nieve tan bonita y se han partido hasta la crisma. Algunos hospitales de Madrid han duplicado con creces las consultas de traumatología y andan con operaciones de cirugía mayor por roturas de fémur, cadera y hombro.

Pero faltaba anotar el coronavirus que, mira por dónde, sigue entre nosotros. Y ya veremos por cuánto tiempo más sin lograr suficiente inmunidad de grupo porque también se han ralentizado las vacunas. Por el mal tiempo o porque sí en algún caso.

Otro récord de contagios, el mayor desde el inicio de la pandemia: 61.422 comunica Sanidad en 72 horas, eso implica que se han infectado 853 personas por hora. Vimos también a un buen montón de seres dando saltos y bailando la conga en la Puerta del Sol hambrientos de diversión los angelicos. A quién le importa, cantaban. A la gente sensata. Aunque ahora mismo lo que se paga es la campaña "salvar la Navidad" por la que numerosas administraciones relajaron las restricciones, que lo primero es lo primero. Y con toda esta acumulación de inconvenientes, tenemos prohibido enfermar de nada porque va a estar crudo estirar más a los sanitarios.

A estas alturas, cuesta entender que los profesionales de la sanidad sigan en sus puestos y no hayan buscado empleo en un vivero de plantas o como CEO de algún negocio de emprendedores. Pero es que en médicos, enfermeros, profesores, y tantos cuantos nos cuidan, estamos viendo lo que es la auténtica vocación y el servicio a los demás, con entrega muy por encima del sueldo que reciben.

La nieve pasará y se irá el frío intenso. El resto de los envites que colapsan nuestra sociedad y nuestras emociones tiene soluciones mucho más peliagudas. El golpismo fascista en Estados Unidos se llena de ramificaciones de advertencia de lo que se cuece contra la democracia en el mundo. Como ya hablamos y volveremos a hablar con seguridad. Un país en alerta por las amenazas de los millones de fanáticos que ha soltado Donald Trump en su apoyo. Podrán quitarle cuentas en las redes, pero si no lo detienen y juzgan, si no despliegan todos los medios de control posibles para controlar a los violentos que amenazan con atentados la presidencia del vencedor Joe Biden, va a ser como echar un cubo de agua a un incendio descomunal. Están identificando a quienes asaltaron el Capitolio, pero el problema es de tal envergadura que cuesta saber cómo se va a salir de él. La bestia ha escapado de la caja de Pandora. Y aún hablan de respetar la libertad de expresión de los fascistas. En España también, de los de allí y de los de aquí. Mucho queda por analizar y por hacer.

Los bancos se están alejando de Trump y sus empresas. Lo explicaba The New York Times en un artículo esencial. Porque así se sabe o confirma la alianza y soporte que le han prestado al imperio Trump entidades como el Deutsche Bank o Signature Bank y otros. El patriarca contaba para sus negocios con estar hasta 2024 en la Casa Blanca.

Ni las alianzas en la basura, ni las turbas fascistas van a desaparecer este año que se inicia con tan fuertes impactos. Ni el coronavirus se frenará si no se ejecuta sin demoras su control. De momento, desde la OMS advierten que no se logrará la inmunidad colectiva en 2021. Tampoco van a desaparecer las sanguijuelas de la política prestas a succionar poder y la energía de los ciudadanos decentes. Ni la complicidad de sus voceros. Ni las manadas de imbéciles egoístas que no saben, no creen, desprecian la prudencia y necesitan gozar exponiendo, usando y exprimiendo a otros. Que divertirse y hasta romper las normas es genial pero mucho mejor sin perjudicar a nadie.

Parecería la crónica del fin del mundo pero no lo es. Porque han vuelto los demás, los que acallaron las cacerolas de la intolerancia y los que siempre estuvieron porque nunca se han ido. Han seguido acudiendo al trabajo, a curar y cuidar de todos con gran esfuerzo. Voluntarios han montado redes de ciudadanos para limpiar las calles de nieve o para ir a buscar en coches sólidos a enfermos y a tantos a los que urgía desplazarse. Han limpiado calzadas, rescatado personas y vehículos un ejército esencial de emergencias, UME, que ayuda a los ciudadanos en lugar de pedir ejecutar a más de la mitad de los españoles porque no comulgan con sus ideas intragables.

Todavía no es tan potente como se precisa el rechazo antifascista a las graves amenazas pero tenemos gente en quien confiar. Porque siguen estando aquellos que, desde los primeros días de la pandemia, provocaron la revolución de la empatía, entre vecinos, en las calles, forjándose alianzas antes nunca vistas entre seres de diferentes ideas y procedencias. Y siguen siendo y seguimos sabiendo quiénes son esenciales para salir de cualquier atolladero.

Etiquetas
Publicado el
12 de enero de 2021 - 22:14 h

Descubre nuestras apps

stats