Irene, “los señoritos” no quieren que seas ministra

La ministra de Igualdad, Irene Montero, y la Secretaria de Estado de Igualdad y Contra la Violencia de Género, Ángela Rodríguez, flanquean a la directora ejecutiva de ONU Mujeres, Sima Bahous, el 30 de junio de 2022

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La derecha española nunca ha podido soportar que personas no pertenecientes a la clase autorizada –por ellos– a gobernar nuestro país se metiera en su terreno. De hecho, los atajos que utilizan para llegar al poder indican que tampoco creen demasiado en el juego limpio y en el veredicto de las urnas. Con sus excepciones, por supuesto, que no hacen oír demasiado su voz crítica. Porque alguna habrá ¿no? Es un problema enquistado en España, irresoluble al parecer. Aunque quizás se ha convertido en algo tan descarado que empiezan a crecer las reacciones de cierta envergadura.

De todos es sabido –y aceptado– que la derecha política gobierna con la derecha judicial y la mediática. Dicho así parece normal, pero no lo es, se trata de una aberración democrática de primera magnitud que prostituye la separación de poderes propia del Estado de Derecho. El enemigo 'número 1' de esa gente es la izquierda incombustible, la que se empeña en trabajar en sus proyectos contra viento y marea. La manipulación de los medios contra Unidas Podemos, contra la ministra de Igualdad Irene Montero, contra cierta izquierda, ha alcanzado tal dimensión que algunos periodistas de prestigio, de prestigio insisto, se están pronunciando públicamente. Es intolerable manipular los videos y cortar las declaraciones para que parezca que se dice algo diferente. Este HILO recoge unas cuantas quejas.

También lo han hecho –y por la misma razón– con la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, condenada y crucificada por grandes gurús que no han rectificado ni pedido disculpas tras ser liberada de toda sospecha por la justicia española, por la española, fíjense. 

No sé, igual empieza a haber remedio y desenmascarar a los manipuladores tiene consecuencias. Porque se están empleando con tal descaro que hace falta ser como ellos para no verlo. 

Ocurre que Irene Montero, ministra de Igualdad del Gobierno español, ha viajado con tres colaboradoras a Nueva York para una serie de gestiones de su departamento.  “La pandilla” les llama El Mundo, en su línea. Pero la lista de insultos, tergiversaciones y menosprecios es interminable e incluye incluso al presidente del PP. Feijóo se atreve a pedir a Sánchez “actuar en consecuencia” por el viaje de la ministra, guiado por lo que oye “por ahí”, sin informarse siquiera. Y es que no queremos enterarnos que para los señoritos las chicas del servicio no viajan a EEUU y si lo hacen ha de ser en barco y fregando la cubierta para pagar el pasaje.

Cuca Gamarra es secretaria general del PP. Fue alcaldesa de Logroño, se educó en Las Agustinas y estudió derecho en Deusto. En la campaña electoral en 2019 regaló “bonos municipales” de sesiones de spa para apoyar su candidatura. Y fue condenada por ello a pagar una multa irrisoria. Aun así no puede disimular la repulsión que le producen los cargos del Ministerio de Igualdad en esta entrevista con Àngels Barceló en el programa Hoy por Hoy de la cadena SER.

La Igualdad no es una “agenda seria” para Gamarra, ni los cuidados, ni la lucha contra el racismo, ni la ONU. Ni para todo el machismo y clasismo patrio. Lo bueno es ir a vender Madrid en Miami, como ha hecho Ayuso con tal éxito mediático que la atendieron la Agencia EFE y OkDiario y Telemadrid que se llevó de séquito. No es una anécdota, sino algo mucho más profundo de lo que parece. Y si desplaza a buena parte de los temas en la agenda mediática es porque sus fauces encuentran bocado al que agarrarse y no soltar en su misión. De nuevo está en juego el poder y ganarlo a cualquier precio.

Lo que ocurre es que son dos modelos de sociedad distintos y a Gamarra le gusta el de Ayuso. El que da becas a las familias con ingresos superiores a los 100.000 euros para que sus niños estudien en colegios privados, mientras les quita literalmente el pan, la sanidad, los colegios… o la luz a ese asquito que son los niños pobres. Y algunos de sus papás hasta le votan para que lo haga. La que cierra las urgencias de Atención Primaria y tiene la Sanidad Publica extenuada, marcando el ritmo a otras comunidades sobre todo del PP. Emulando, al revés, las consignas de José María El Tempranillo y otros afamados bandoleros patrios, quita a los pobres para dárselo a los ricos. Y le aplauden.

Ella sí que sabe hacer viajes de promoción, verse con los grandes lobbies –aunque acuda una mínima representación como le ocurrió con el caucus de los congresistas hispanos– o, sin datos, con los de la ultraderecha internacional, ¿recuerdan las citas programadas del periplo anterior?

Al fin y al cabo, Irene Montero y sus colaboradoras mantuvieron reuniones en la Casa Blanca y la ONU para fortalecer la cooperación entre feministas y antirracistas para impulsar alianzas globales como la de los cuidados, según se ha informado. La directora ejecutiva de ONU Mujeres alabó el resultado del encuentro. Y es que precisamente las mujeres estadounidenses tuvieron un papel relevante en el surgir del movimiento Me Too y el rechazo al machismo de Donald Trump, con gran visión de futuro. Porque ahora el Tribunal Supremo de EEUU ha prohibido el derecho al aborto y sus ideas alientan a la derecha ultraconservadora española.

Está de moda ir a la sede central del Imperio, allí donde reside Joe Biden. Reside aunque manda poco concretamente allí, el Supremo –con los jueces nombrados por Trump– sigue desmantelando grandes pilares de la democracia estadounidense. Ésa que quiere llevarnos a una guerra con China aplaudida por muchos políticos, por la derecha a la derecha del PSOE –parafraseando al PSOE– informadores y tertulianos porque, si se trata de que ganen al 'Monopoli' mundial EEUU o China, encuentran que el país de Trump y Biden es más democrático y merece la pena invertir en esa batalla ajena nuestra sanidad pública y un sinfín de derechos.

No es lo mismo, nunca es lo mismo. Son muchos años de estar en el poder por las buenas o por las malas, por las urnas o con trampas y hasta golpes de Estado. En su provecho en todo momento. Sin consecuencias. Sin que se les exijan responsabilidades, salvo a algún chivo expiatorio que sueltan de vez en cuando para que a algunos les sirva de excusa y coartada ideológica. Ojala fuera una derecha homologable como la de otros países, pero no es el caso.

Sube Feijóo en las encuestas y ya lo tienen preparado para gobernar. Es el milagro más fulgurante que ha conocido la política española, tras el de Albert Rivera tan querido por los medios y encuestas como Feijoo. Aunque haya sacado esa batería de sospechas y fake news contra el adversario en el gobierno que denigran la política. No hace falta tanta suciedad si se tiene un programa serio y claro. ¿Lo tiene el PP?

Dice Gamarra que no se puede ir a Nueva York como Montero, “cuando los españoles no llegan a fin de mes” y que “la agenda de a quienes ha visitado no va a mejorar la situación que tiene España en este momento”. Los contactos en Miami de Ayuso, sí, dicen. Y es que la preocupación por la gente “que no llega a fin de mes” es en el PP su razón de vida. El PP, el partido de los pobres. También eso. Lo ha dicho su presidente.

Igual sí. Igual pensar en feminismo, antirracismo y en derechos contrarresta la tragedia a la que nos abocan. Vienen tiempos muy duros. En Francia Macron avisa sobre una economía de guerra que obliga a grandes sacrificios a la población. Hay que pagar ese entusiasmo belicista por las guerras de Biden a quien se le hunde la democracia de su país y su aceptación popular allí. Con la inflación como moneda de cambio obligada. ¿Cómo piensa arreglarlo Feijóo? ¿Controlará a las energéticas? ¿De dónde más recortará? Porque de frenar la escalada bélica ni hablamos.

No es forzoso que sean unos determinados políticos o periodistas, lo imprescindible es que se preocupen de los problemas reales de las personas, que no mientan tanto, tanto, que no roben nada, ni siquiera el sosiego. Que sean honestos y así se comporten.

La mesa está servida, señorita Cuca, señorito Alberto, señorita Isabel,  Don Vicente, Doña Susana, y es para todos.

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