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Opinión - De un tiempo, de un país. Por Rosa María Artal

Lo de Milei no puede pasar en España, tranquilos

Javier Milei, motosierra en mano.

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En España no puede pasar. España no es Argentina. La economía española, con todos sus problemas, no se parece ni de lejos a la desastrosa economía argentina. Tampoco el sistema político ni social. Desigualdad, pobreza, corrupción, violencia.., ¡no hay comparación posible con Argentina! El fenómeno Milei solo se explica por las particularidades argentinas, aquí no se dan las condiciones necesarias. La democracia española es madura y tiene mecanismos que impedirían algo así. Nuestro sistema electoral –parlamentario, no presidencialista– y de partidos es una garantía contra aventureros.

¿Te quedas más tranquilo leyendo el anterior párrafo? Yo también. Igual de tranquilo que los italianos antes de la llegada al poder de la ultraderecha de Meloni y Salvini. “En Italia no puede pasar”, se decían muchos al referirse a la ola populista-derechista que recorría el mundo. “En Estados Unidos no puede pasar”, se decían también los norteamericanos justo antes de la victoria de Trump. Incluso en Brasil, antes de Bolsonaro. Tantos como en Argentina creían hace meses, hace semanas, algunos el mismo día de las elecciones que, pese a todo, en Argentina no podía pasar.

Pero ha pasado, otra vez ha pasado. Y cada vez que pasa corremos a leer lo sucedido en clave local. Reconocemos explicaciones globales y de época, sí, pero nos fijamos sobre todo en las particularidades del país para comparar con el nuestro y tranquilizarnos: nada que ver con España, aquí no puede pasar. Estamos vacunados. Estamos a salvo.

Tampoco iba a pasar aquí el ascenso de la ultraderecha de Vox. Igual ya no te acuerdas, pero hasta justo antes de su irrupción (en las andaluzas de 2018) abundaban los artículos y analistas que aseguraban que en España no había riesgo de contagio de la ola reaccionaria mundial. Aquí no podía pasar, decíamos, por nuestro sistema electoral y de partidos, por nuestra memoria todavía reciente del franquismo, porque el PP recibía y moderaba el voto ultra (risas), y porque Podemos ya recogía el voto del malestar (más risas). Aquí no había peligro.

¡Claro que no estamos a salvo de un Milei, boludo! Nos engañamos pensando que lo peor ya pasó, que el sarampión ultra ya lo hemos superado porque Vox pinchó en las últimas generales, Ayuso es un fenómeno madrileñísimo y hoy tenemos un gobierno progresista que es la admiración de Europa. Pues no. A poco que bajemos la guardia, nos despertaremos con un Milei o un Trump hispano. Y no lo veremos venir. Porque nuestro Milei no será Abascal, aunque le encantaría. Tampoco Ayuso, por mucho que ella querría. Seguramente no será ningún político hoy en primera línea. Es probable que ni siquiera sea un político.

Es suicida confiarnos a una supuesta superioridad moral, cultural o institucional que nos librará de un fenómeno global que ha demostrado saber adaptarse en cada país a las particularidades locales. ¡Que somos el país del alcalde Jesús Gil, che! Tampoco nos vacuna tener una economía saneada, pues el malestar social crece por debajo de los datos macro, junto a la incertidumbre, la frustración y el miedo. Por supuesto no podemos confiar en el compromiso democrático de la derecha española, vista la deriva del PP. Y mucho menos en la responsabilidad de los grandes medios de comunicación, que ya le pusieron alfombra roja a Vox, y caerían fascinados con un Milei, le abrirían los platós y tertulias aunque solo fuera por el espectáculo y la audiencia.

La única garantía de que no pase aquí está en nuestras manos: que lo impidamos. Que nos preparemos para ello. Que construyamos resistencias por anticipado, no cuando sea demasiado tarde. Como en el monte, los incendios se apagan en invierno, no en plena ola de calor. Y para empezar, es importante que el nuevo gobierno no defraude, ni descarrile o lo hagan descarrilar, y también en eso tenemos responsabilidad, no somos espectadores. Estamos a tiempo, no lo lamentemos luego.

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