Ser mujer te convierte en sospechosa

Miles de personas, en su mayoría mujeres, han protestado por la sentencia contra la 'manada'

Con los años empiezas a caminar sola sin mirar tanto atrás. Dejas el spray que hace tiempo alguien te dio para que llevases en el bolsillo cuando regresabas de noche. Nunca sales a correr sola, en los últimos metros del día sigues buscando vagones donde haya gente y cuando anochece bajas el volumen de los auriculares para que en la calle no te pillen desprevenida. Recuerdas esa ecografía, ese día en el que sin confesárselo a nadie pensaste que al ser un niño no tendría que ir con tu miedo por la calle ni tú sufrirías tanto esperando a que llegase a casa.

Eres mujer, confías en tener la suerte suficiente para no ser nunca una víctima porque, aunque no sabes el motivo, pronto aprendes que ser mujer te puede convertir en sospechosa. La responsable de haber sonreído, de llevar una falda o de haber bebido demasiado. Por eso la sentencia de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Navarra es una patada en el estómago. El mensaje puede ser jurídicamente argumentable pero es tan peligroso como inadmisible: Si te resistes te arriesgas a que te maten. Y si no te resistes, te arriesgas a que un juez no te crea. Así de duro, así de cruel.

La víctima expresó “gritos que reflejan dolor” y las imágenes evidencian que estaba “atemorizada y sometida a la voluntad de los procesados”, señalan los magistrados en su fallo. Describen, en algunos párrafos de manera detallada, un caso evidente de violación que no se corresponde con el delito de abuso que acaban sentenciando.

El Gobierno plantea un cambio de tipificación de la agresión sexual para evitar una interpretación tan cuestionable como la que han hecho estos magistrados. Elisabeth Cady, pionera en la lucha por la igualdad, escribió que las leyes, las costumbres y la política, todo está montado para recordar que la mujer está hecha para el hombre. Un siglo después ese sigue siendo el problema de origen también en esta sentencia. Es pensar que la víctima cerró los ojos para disfrutar, en opinión del magistrado Ricardo González, para quien los cinco energúmenos merecían ser absueltos incluso del delito de abuso. Donde hubo una violación, Gónzález vio una relación consentida.

¿Cambiar la ley servirá para que jueces como González sean justos en casos como este? Recurriendo a Montesquieu, una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa. Y con el actual Código Penal, el tribunal de la Audiencia de Navarra ya podría haber sido justo. Pero no lo ha sido. Así que tal vez una nueva tipificación pueda reducir el margen de discrecionalidad de sus señorías, pero hace falta algo mucho más complicado. Hay que cambiar mentalidades.

En las últimas horas se apunta le necesidad de educar en políticas de género a los jueces. Bienvenida sea toda formación en igualdad aunque a veces se trata de aplicar solo el sentido común. Ese que le ha faltado a este tribunal.

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