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Resignados a la derrota

Pedro Sánchez y Juan Espadas, el sábado en Dos Hermanas (Sevilla)

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Pasa que las democracias clásicas han derivado en democracias de la opinión, donde las encuestas -haya elecciones o no- ejercen de oráculo para los gobiernos, los medios de comunicación y hasta para los ciudadanos.  

Pasa también que a veces la demoscopia es la que decide lo que tienen que hacer los gobernantes y las estrategias que han de seguir los partidos.

Y pasa además que muchas de las decisiones de quienes gobiernan o aspiran a gobernar tienen su razón de ser en los sondeos de opinión.

Andalucía ya ha entrado en campaña y la lluvia de encuestas comienza a hacer su trabajo. Con más o menos margen, todas dan al PP como partido ganador, seguido de un PSOE entre estancado o a la baja, una ultraderecha que doblaría su número de escaños, una izquierda alternativa que registraría un nuevo descalabro y un Ciudadanos que ni está ni se le espera. Unas dicen que Moreno Bonilla roza la mayoría absoluta, que su resultado doblaría la suma de toda la izquierda y que no precisaría a Vox para formar gobierno. Y otras, que la candidatura que encabeza Macarena Olona le pisa los talones a los populares y que con su pujanza no habrá quien le niegue su entrada en el Gobierno andaluz.

De lo que no hay duda es de que el socialismo está resignado a perder las elecciones andaluzas y que a lo máximo que aspira es a activar a una izquierda hoy durmiente en toda la geografía española y a que Moreno no sume más que toda la izquierda junta. Cuenta para ello con un candidato, Juan Espadas, que ni es el más conocido entre los aspirantes a la Junta ni parte como favorito, pero que confía en movilizar a ese 30% por ciento del electorado aún indeciso y que sus colaboradores consideran en su práctica totalidad voto progresista.

Los socialistas perciben que el ambiente en su organización no es el de 2018, cuando la candidatura de Susana Díaz generó un profundo rechazo en el electorado, registró una caída de cuatro puntos (del 32,4% de los votos al 28,4%) y perdió hasta 14 diputados. Siendo primera fuerza, anotó el dato mas bajo en unas elecciones autonómicas y el peor resultado de toda la historia del PSOE andaluz. Hoy creen que el problema es la desmovilización y mucho más “la caída en picado de la izquierda a la izquierda del PSOE, que es la que provoca el efecto primera fuerza del PP”.

La realidad es que hasta que Espadas fue elegido secretario general hace apenas 10 meses, Moreno Bonilla ha estado sin oposición durante tres años y ha logrado consolidar la imagen presidencial de una nueva derecha moderada frente a una izquierda más entretenida en sus líos internos y en sacarse las tripas.

Convencidos de que, ya metidos en campaña, una gran parte de esos 500.000 andaluces indecisos saldrán a votar y lo harán por la izquierda, en Ferraz y en San Telmo cuentan con que Juan Espadas recupere terreno en las próximas dos semanas y que el resultado final se acerque más al escenario que arrojaron las urnas en Andalucía en las últimas generales, cuando la diferencia entre PP y Vox fue de menos de un punto, Ciudadanos cayó a plomo y el PSOE creció notablemente respecto a las andaluzas de 2018. Dicho de otro modo: lo fían todo a que la ultraderecha capitaneada por Olona le pegue “un buen bocado” a Moreno, ambos tengan que formar gobierno, que esa coalición lastre el camino de Núñez Feijóo a La Moncloa y diluya el marco instalado por la derecha de un inminente cambio de ciclo en España.

No entra en los análisis de los socialistas el desgaste acumulado por la gestión de la pandemia, ni los efectos de la crisis por la guerra, ni la continua entropía con los ministros de Unidas Podemos ni con el viento favorable de la derecha española tras su cambio de liderazgo. Sólo que su objetivo es vencer a las encuestas y lograr que, como ocurrió en Castilla y León con Mañueco, Moreno vaya de más a menos en la campaña y tenga que lamentar no haber convocado a las urnas en otoño pasado, que es cuando los sondeos le daban mayores posibilidades de obtener mayoría absoluta. 

Lo que pase el 19J, en todo caso, no lo determinará la realidad demoscópica. Tampoco los análisis de parte. Lo decidirán los andaluces con su voto y con él, también, las estrategias políticas de los partidos para lo que resta del mandato de Sánchez. Todo lo demás son elucubraciones. Como “cavilaciones sin fundamento que acabarán en la basura” son también, aseveran en La Moncloa, los apuntes sobre una posible crisis de gobierno tras el 19J. Lo que no se descartan son cambios en el partido, pero no en la mesa del Consejo de Ministros. Eso cuentan al menos quienes no respiran por heridas propias ni por aspiraciones frustradas. 

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