Y Sánchez osó remodelar el Gobierno

Consejo de Ministros del nuevo gabinete de Pedro Sánchez.

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Como cualquier presidente de un país democrático, Pedro Sánchez ha hecho los cambios que le han parecido oportunos en su gobierno, dentro de los ministerios que corresponden al PSOE en la coalición con Unidas Podemos. Pablo Casado, corto de memoria política, considera lo ocurrido una "carnicería" hasta el punto de afirmar que Sánchez es "una mala persona". Cuando él echó de la ejecutiva y como portavoz a Cayetana Álvarez de Toledo porque le hacía sombra, cuando no se atreve hacer lo propio con Isabel Díaz Ayuso, muestra que es coherente y un bendito al parecer. Dan tanta pereza que cuesta dedicarles unas líneas. Lo peor es que gracias al amplísimo aparato de propaganda del que dispone la derecha y la ultraderecha en España, hay cabezas en las que cala el reiterado mensaje.

Hasta lejos del foco informativo llegan voces de ultratumba que hablan de pagar con defenestraciones los servicios prestados o de elegir por compromisos de voluntad hipotecada. Se descubren incluso nuevos valores de la carcundia patria en lo que parece ser una cantera inagotable.

Y éste es uno de los más graves problemas que tenemos: la manipulación desinformadora de los cerebros más vulnerables de la sociedad. Los que se comen este circo sin cuestionarse una palabra.

Por lo demás, a estas alturas apasionan poco los cambios de carteras en los gobiernos salvo que apuntaran a acciones radicales que sí necesitamos. Están por ver. Sin embargo, hay que dar un margen de confianza. La prometedora nueva titular de Justicia tiene en sus manos un paquete esencial y capacidad para gestionarlo. A pesar de que los medios del PP avisan de que Pablo Casado sigue empecinado en mantener el Consejo General del Poder Judicial como está hasta que el cuerpo aguante. La presencia de Yolanda Díaz en la vicepresidencia segunda y en Trabajo es otro poderoso aval. Entre otros.

Normalmente a quienes más alteran las remodelaciones son a los ministerios implicados, a los escalafones. In illo tempore, cada cual estaba más interesado en lo que pudiera afectarle de forma más directa o con mayor repercusión social, por ejemplo los cambios en la televisión pública. Ahora no, porque ha habido una especie de concurso y los partidos han vuelto a elegir a sus representantes en el Consejo. Algunos especialmente cuestionables. Y desde luego TVE nos ha clavado a un diputado de Vox llamando psicópata a Pedro Sánchez por remodelar su gobierno, en los telediarios más destacados de la casa. Los mismos que piden cuatro años de cárcel para su opositor en Ceuta por haberlos calificado de fascistas en un debate parlamentario. Ni un día faltan las sentencias y dudas de Casado, siempre con ese efluvio trumpista que se ha apoderado del Partido Popular. Ha llegado a sostener que los españoles no votaron libremente en las últimas elecciones. Y de toda la larga parentela ultraconservadora.

La reina Ayuso le sacude 50.000 euros de dinero público a Ok Diario, esa publicación especializada en bulos a favor de toda derecha desestabilizadora y extrema, por hacer una jornada de estudio, según denuncia con pruebas documentales la portavoz de Unidas Podemos en la Asamblea. Ayuso se asegura el control de Telemadrid manu militari sin que los medios a su servicio y la opinión pública que controla se inmuten. Su consejera de políticas sociales habla de personas "con LGTBI", como si fuera una enfermedad, y así lo repite varias veces. Y Toni Cantó, titular del nuevo chiringuito de El Español creado para su uso y disfrute por Ayuso y el ser más impúdico de la política actual, crítica el gasto que, dice, supone el nuevo gobierno de España y elegir cargos a dedo.

Este país no tiene remedio alguno si no se libra de la tóxica desinformación que practican en amalgama indisoluble la derecha política y mediática. Que la sección propagandística reciba encima dinero público por ello se sale de la más elemental lógica. No paran de hablar de pagos políticos cuando presumiblemente son ellos los que ponen el cazo. Su obscenidad llega al colmo cuando seleccionan las noticias de la actualidad internacional según los intereses de su facción, con omisiones flagrantes o informaciones parciales exacerbadas. Para alimento de las más obtusas cegueras. ¿No podría al menos salvarse RTVE siquiera del conformismo, por justicia, casi por piedad, hacia la sociedad española?

La profusión del bulo ha llegado al paroxismo tratando de exculpar el asesinato de Samuel Luiz en A Coruña. Se han inventado todo tipo de atribuciones y circunstancias para justificarlo de alguna manera, sobre todo para desviar la atención sobre la autoría. La brutalidad de ese apaleamiento hasta la muerte en jauría humana incluye a todos los periodistas que han mentido o suavizado un terrible hecho que nos denigra como sociedad. El que esto haya sucedido y de esta forma evidencia el inmenso daño que la manipulación informativa, la banalización del mal, nos hace como género humano.

Difícilmente logrará el Gobierno los objetivos indispensables si no se acometen fallas estructurales como la justicia y la desinformación subvencionada. Vuelta al PSOE cainita que defenestró a Sánchez. No más progresista por definición. Algunos aleteos de mariposa quedan en el aire con imprevisibles repercusiones.

He leído esta mañana mientras al abrir la ventana se oían los cantos de los pájaros entre la vegetación frondosa y un poco más allá se veía un trozo del mar inmenso, transitoriamente, que ésa sería una buena vida a cierta edad. A cualquiera para ahuyentar el escepticismo.

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