Si Volkswagen fuese española

Qué les voy a contar que no imaginen ustedes. Si Volkswagen fuera española y hubiera trucado millones de vehículos para engañar a las inspecciones técnicas, contaminar un poco más y ahorrarse a cambio unos cuantos millones de euros en tecnología medioambiental, ni Pau Gasol con todo su poder nos sacaba de ésta.

Si Volkswagen fuese española las autoridades europeas ya habrían incoado varios expedientes sancionadores y sus comisarios ya habrían comparecido en público, con esa cara adusta de padres decepcionados con ese hijo golfo a quien no se cansan de dar oportunidades en vano que tanto les gusta poner.

Medios y gobernantes del norte del continente habrían ya soltado toda la retahíla de topicazos y monsergas que les gusta endosar sobre el carácter del sur y la pasión por el poco esfuerzo, la chapuza y la picaresca. Por supuesto, entre el fervor entusiasta de sus fieles, Ángela Merkel habría protagonizado ya varios gestos, sermones y profecías para continuar armando ese personaje con el que le gustaría pasar a la historia: la Juana de Arco del siglo XXI

En España la juerga aún resultaría mayor. Primero nos embarcaríamos en la inevitable revisión histórica de inspiración estalinista para clarificar, con absoluta transparencia, quién gobernaba en cada momento y quién colocó a quién, para acabar concluyendo que la culpa fue de Zapatero, como siempre. Luego inevitablemente resurgirían las dos Españas. La de aquellos convencidos de que todo esto se arregla cambiando la ley y metiendo a alguien en la cárcel y la de aquellos seguros de que el problema reside, como en casi todo, en la triste verdad de que los españoles son españoles y no alemanes o suecos y carecen de disciplina, responsabilidad, voluntad, formación o aprecio por el trabajo bien hecho; todo por culpa de la LOGSE.

Pero por suerte para la compañía, Volkswagen tiene nacionalidad germana y uno de sus principales accionistas resulta ser el Estado de Baja Sajonia. Así que el problema ahora lo tienen no los directivos que urdieron el fraude, sino los trabajadores de la empresa, también en España, por ese aviso sobre que habrá que asumir sacrificios.

Volkswagen es ante todo una empresa alemana, pública y estratégica. Así que el Estado alemán se ha puesto a defenderla sin fisuras, con Ángela Merkel a la cabeza y sin que nadie del resto del acto parlamentario germano diga una palabra, porque la ética del trabajo y la cultura de esfuerzo bien entendidas empiezan por uno mismo. Las autoridades comunitarias hablan sólo con la boca pequeña y la feroz e independiente prensa económica mundial espera pacientemente a que el gigante encuentren la solución y contrate millonarias campañas de publicidad para contárnosla. Dentro de nada la culpa habrá sido de los compradores de sus automóviles, por avariciosos, como los preferentistas.

Y es que no hay nada más bonito que el liberalismo bien entendido y aplicado exclusivamente a los demás. Sólo queda un aspecto donde seguramente no existiría gran diferencia si Volkswagen fuese alemana o española: la actitud del gobierno español, siempre dispuesto a prestar un buen servicio.

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