¿En qué piensan los votantes?

Los seis principales candidatos a la Presidencia de la Junta de Andalucía, (i-d) Macarena Olona, Juanma Moreno, Juan Espadas, Juan Marín, Inmaculada Nieto y Teresa Rodríguez, posan antes del segundo y último debate electoral televisado. EFE/Julio Muñoz

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El último sondeo del CIS antes de las elecciones del domingo en Andalucía, da ganador al PP de Moreno Bonilla por más de 10 puntos de ventaja sobre el PSOE, que sería el segundo más votado. Las horquillas que se manejan podrían otorgarle, según el Centro de Investigaciones Sociológicas, hasta más del 38% de los sufragios, casi el doble de los obtenidos en 2018 cuando fueron el 20,8%. Porque recordemos que el PP no ganó entonces y que ha gobernado en coalición con Cs y el apoyo imprescindible de Vox. El hasta ahora presidente registra además en este CIS la mejor valoración: un 6,5 y es el único que aprueba con Juan Marín, que se lleva un 5,34 aunque el sondeo lo deja sin embargo en un virtual fuera de juego.

Por supuesto que las encuestas actualmente, hasta las más serias, son más una incitación al voto que un reflejo fiel de la voluntad racional de los ciudadanos, muy influida por sus emociones. Pero cualquiera diría que el expresidente saliente y futuro entrante gusta mucho a la mayoría de los andaluces.

Y es curioso, porque hartos de Susana Díaz y del PSOE tras 40 años en el poder lo lógico es que el actual entusiasmo por Moreno Bonilla se debiera a los grandes cambios operados en la Comunidad. Y los hechos acreditan que algunas variables esenciales están igual o peor. Andalucía era la segunda región con más desempleo cuando llegó el actual Gobierno andaluz y sigue en el mismo puesto. Antes, detrás de Extremadura, ahora de Canarias. Lo peor es que de las 15 grandes  localidades de más de 20.000 habitantes, con más paro, 11 son andaluzas.

El milagro económico del que presume el gobierno andaluz no es tal, pero sin duda cuesta menos hablar que hacer. Andalucía sigue adoleciendo de un empleo precario en el campo y de un turismo estacional que apenas representa el 15% del total. Demasiados problemas enquistados desde hace demasiado tiempo.

Este artículo de Infolibre recoge todos los datos con sus correspondientes fuentes. Es un buen y concreto resumen. El PIB de Andalucía, por ejemplo, no ha experimentado “milagro” alguno, porque era el 75,7% del total nacional en 2010, y es del  74,9% en 2020, el último recogido. Con 17.747 euros per cápita, es la penúltima comunidad española en este nivel de renta. Además, mientras en España el porcentaje de personas en exclusión social severa se ha incrementado en un 47% desde 2018, en Andalucía lo ha hecho en un 93%. Y verán ustedes cómo, extinguido CS, la candidata de la Junta Electoral en Salobreña se convierte en vicepresidenta o algo.

Este otro, de ElDiario.es, añade y contextualiza datos. La pandemia ha influido como en toda España. Y, por ejemplo, cuando Moreno habla de inversiones récord en Sanidad es porque el Covid concentró todos los recursos. Los datos tienen la facultad de poder ser estrujados y hasta torturados para confesar lo conveniente. Pero lo cierto es que Andalucía no está mejor ahora que hace cuatro años. A no ser los ricos que han gozado de las exenciones fiscales al uso en comunidades del PP.

Es evidente que “ahorran” dinero del contribuyente en sanidad y educación. Como en Madrid. Gastan “lo mínimo posible en atención sanitaria pública al tiempo que incrementan el gasto en conciertos” detallaba Jesús Maraña. 858.529 personas fueron derivadas a centros privados en Andalucía durante 2021 para aliviar las listas de espera, añadía. Previo pago, naturalmente. También está a la cola en gasto escolar por alumno. Y eso que es la Comunidad con mayor abandono de los estudios en esa etapa. Niveles mínimos pues de lo que se invierte en los ciudadanos en asuntos vitales, pero claro uno ve portadas y artículos tan lustrosos que se le cae la comida de la boca al que no se la puede llevar ¿o no es así la comparación? En toros y caza y folklore en la tele local se ha invertido mucho más. Que deben ser asuntos muy nutritivos para el espíritu. Ah y las sotanas. Algunas purpuradas sirven para orientar el voto hacia quienes se ocupan tanto del alma que no lo hacen en lo más mínimo del cuerpo de los ciudadanos. El alma, una entelequia. En cuestión de derechos y libertades la mano de Vox y la derecha de los socios de gobierno, se nota.

Luego, que 41 años en el poder el mismo partido es mucho. 27 lleva el PP en Madrid de forma ininterrumpida. Y 35 en Castilla y León. Unos pocos menos que en Galicia, aunque hubo alguna veta de PSOE con BNG. En general en otros territorios hay algo más de movilidad. Porque es verdad que permanecer mucho tiempo en el poder con las llaves de la gestión y la caja fuerte en esta tierra nuestra da lugar a demasiadas tentaciones que otras sociedades no tienen o no les llevan a caer.

Por cierto, en Madrid ya ha inventado Ayuso los centros médicos sin médicos que es un paso más. Ayudará a que no se saturen los geriátricos que luego hay gente decente que se pone pesada, sin gran éxito, hablando de los ancianitos que se murieron asfixiados por el Covid sin ninguna asistencia. No quieren los médicos del MIR trabajar en Madrid. Ni en Castilla y León, que era la única comunidad del PP que se salvaba de las mayores deficiencias sanitarias. Pero es que los votantes han elegido a un partido que ha puesto de vicepresidente a un hombre que dice cosas horribles. E Igual termina la gente por no querer ir ni por sus carreteras, con las rutas tan majestuosas de las que dispone. En Murcia se les pudre el mar y ahí lo dejan.

Me pregunto si son los resultados que obtienen lo que buscan los votantes. Ya les digo que buena parte de nosotros, no. Hay demasiadas expectativas no resueltas cotejadas con la realidad. O las había. Cada vez cuesta más la esperanza, que por otro lado es una virtud teologal parecida a la fe, eso que consiste en creer sin pruebas que lo justifiquen.

Pero se crean estas parafernalias en torno a las elecciones. Con algunos medios encendiendo tales hogueras kilométricas para freír su sardina que parece lucir mucho más de lo que es. O echando tierra a los fuegos de los otros. O de los propios. Y los debates. Todos los datos que se ofrezcan tendrán su réplica basada en nada o en bulos con frecuencia. Así la gente menos concienzuda se distrae y no acierta a ver lo que quiere, o si lo que quiere es lo que más le conviene.

Segundo y último debate en la noche del lunes. La herencia recibida ¡a estas alturas!, demasiada mirada atrás, el espeluznante espectáculo de una presunta “adalid de los pobres” tirando de ese hilo de los DDHH que empieza por anular los sindicatos y acaba en el barro de llamar pederastas a los profesores, el ojo sucio que ve sucio cuanto mira si al sexo toca. Propuestas y carencias a solucionar también, interesantes voces que tan injustamente no suenan demasiado en el centro mesetario. De candidatas que luchan por el contrario por los derechos de los trabajadores y de todas las minorías. La izquierda. No heredamos un millón de euros sino los servicios públicos. Todo en el mismo saco. Con los fieles oyendo solo lo que quieren oír. Hay a quien le parece que el esperpento ultra habla bien, quienes no frecuentamos su verborrea por salud mental, salimos horrorizados.

 Dice mi amigo el periodista Juan Tortosa, andaluz de pasión y razón, que hay medio millón de votantes que hace 4 años se quedaron en casa, que pueden dar la sorpresa. Ojalá sea así. Y que haya políticos que recojan el encargo de cumplir lo prometido y más allá del deseo, de lograr esa Andalucía que se empeña en resurgir cien veces. O mil. Con toda la fuerza, el ingenio, la verdad y la sabiduría del sur genuino. Y que así aliente a esa España que nos cansamos de esperar.

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