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Campo amarillo

Todo esto suena bastante pesimista, pero algo dentro de ese desapego podría estar cambiando, un conato de esperanza para una Castilla y León que ya se daba por muerta

Ricardo García

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Se dice que Castilla y León es una tierra de desapegados. O por lo menos eso se le oía comentar a una señora de Peñafiel (Valladolid) mientras hablaba de la juventud.

Resulta ya incluso repetitivo escuchar año tras año que cada vez más jóvenes escapan de la comunidad por falta de oportunidades, con el triste privilegio de ser esta región una gran productora de mano de obra cualificada para otras comunidades de España, e incluso otros países. Aún así y pese a lo crítico de esta situación, no deja de resultar curioso el conformismo y desapego tanto de los habitantes como de las instituciones. Cuando marchas siempre hay quien pregunta:

- ¿Por qué te has venido aquí?

- Porque allí no hay nada.

Y ya está. En estos contactos se descubre, para sorpresa de las castellanas y los castellanos, que hay zonas donde la gente nace, se educa, comienza a trabajar y se asienta sin moverse siquiera de provincia, sin tener que desapegarse.

Tampoco es que los habitantes de la meseta se caractericen por un espíritu irrefrenable de huida, pero es cierto que muchos una vez fuera tenemos muchas dificultades para volver. No es que no nos guste nuestra tierra, al contrario, quizás no somos muy orgullosos, pero nos encanta de donde somos. Sin embargo, lo que ofrece en cuanto a oportunidades profesionales, no es suficiente ni de lejos.

Todo esto suena bastante pesimista, pero algo dentro de ese desapego podría estar cambiando, un conato de esperanza para una Castilla y León que ya se daba por muerta. Durante el último año, es posible que de una forma u otra haya entrado en contacto con la organización Jóvenes de Castilla y León. Aquellos inmigrantes, en especial los asentados en Madrid, habían empezado a juntarse al darse cuenta de que quizás, si hubieran tenido la oportunidad, no se hubieran ido a estudiar y trabajar lejos de sus familias; no volverían a casa solo "por Navidad".

Quizás comenzaba a materializarse algo que las castellanas y los castellanos siempre habían tenido presente y es que, si se ponen los medios, si tuviéramos oportunidades similares, trabajaríamos por la tierra de nuestros abuelos. Porque es la nuestra.

Si este sentimiento sigue presionando, es posible que se llegue a los responsables reales de la despoblación que sufre Castilla y León. Es posible que las instituciones se den cuenta de que, por mucho que se les llene la boca atacando las medidas de unos y otros, se necesita una reestructuración y una modernización de la Comunidad. De nada sirven grandes despilfarros en los altos cargos de la Junta de una comunidad agraria si el campo se muere y la industria desaparece. Y finalmente, se necesita que los estudiantes que salen de las históricas universidades castellanas no huyan en masa a Madrid, Euskadi, Catalunya, València… Queremos que el 23 de abril estén en Villalar de los Comuneros los que quieran y no los que puedan.

"I saps que si he marxat és per què em fan marxar i encara que no ho diga mataria per tornar".

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Publicado el
25 de noviembre de 2020 - 18:38 h

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