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¿Por qué una parte de la izquierda necesita justificar su apoyo a la selección?

10 de septiembre de 2026 06:02 h

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Tras la victoria de España en el Mundial, el coportavoz de Podemos, Pablo Fernández, apareció en rueda de prensa con la camiseta de la selección. Subrayó que Trump había tenido que entregar el trofeo a uno de los países más comprometidos con Palestina y elogió a la selección como un equipo “diverso, multirracial, integrador y unido”.

La escena resume bien una pauta recurrente: una parte de la izquierda española a menudo siente la necesidad de explicar qué idea de España está celebrando y por qué, cuando anima a la selección. La derecha, en cambio, rara vez siente esa necesidad. ¿A qué se debe esta diferencia?

La explicación más habitual remite a la historia. Como ha señalado Xosé M. Núñez Seixas (2010), la identificación de la bandera, el himno y la idea de España por parte del franquismo dejó una huella profunda en la izquierda democrática. Tras la dictadura, la izquierda tuvo dificultades para articular un nacionalismo español propio, claramente diferenciado del nacionalismo conservador. Esa herencia ayudaría a entender por qué una parte de la izquierda sigue relacionándose con los símbolos españoles de forma más cautelosa.

Pero ¿hasta qué punto esta herencia continúa pesando hoy? Para explorarlo, analizamos varias encuestas del CIS sobre orgullo nacional, que si bien es cierto que quedan un poco atrás las últimas veces que se ha preguntado al respecto, precisamente por ello puede resultarnos útil. Animar a la selección no equivale exactamente a expresar orgullo nacional, pero ambos fenómenos están estrechamente relacionados. Si la hipótesis es correcta, deberíamos encontrar un patrón similar en las actitudes hacia España.

El primer resultado es poco sorprendente. La asociación entre orgullo nacional y preferencia partidista se mantiene durante décadas: los votantes del PP se concentran sistemáticamente más en la categoría de máximo orgullo, mientras que entre los del PSOE predomina una expresión más moderada de ese orgullo, a pesar de ser mayoritaria la opción del máximo orgullo.

Pero hay un segundo resultado menos evidente. Entre los votantes socialistas, cuanto mejor valoran al presidente del Gobierno, más probable es que se declaren muy orgullosos de ser españoles. Para analizar este fenómeno hemos analizado tres CIS situados entre el 2008 y el 2015. Esto efecto se produce cuando el PSOE gobierna, pero también cuando está en la oposición, aunque la relación es más clara durante el Gobierno de Zapatero. Entre los votantes del PP, en cambio, no se observa este patrón, tanto cuando están en el gobierno como en la oposición.

El tercer resultado, ampliando a diez encuestas equiponderadas, muestra que el partido votado no lo explica todo. Controlando por diferentes factores entre los cuales están recuerdo de voto, quiénes se sitúan más a la derecha tienen una mayor probabilidad de expresar un mayor orgullo nacional.

Naturalmente, esto no demuestra que un Gobierno convierta en más patriotas a sus votantes. La relación podría deberse a otros factores y las encuestas no permiten resolver esta cuestión. Pero el patrón sí apunta a algo relevante: entre los votantes de izquierdas, el orgullo nacional declarado parece más sensible al contexto político y al proyecto político que se identifica con España en cada momento.

Tal vez, por tanto, la diferencia entre izquierda y derecha no sea únicamente de intensidad, sino también de condiciones de expresión. Para una parte de la izquierda, la españolidad no desaparece, pero resulta más fácil hacerla pública cuando puede asociarse a una España democrática, plural, moderna o inclusiva. Lo que cambia no es el sentimiento de pertenencia sino la comodidad con la que este se declara y se exhibe.

Tampoco es algo nuevo. Ya ocurrió durante los éxitos de la selección española entre 2008 y 2012. Alejandro Quiroga (2014) ha mostrado cómo los éxitos de la selección permitieron sustituir la antigua narrativa de la “furia y el fracaso” por otra asociada al éxito, la modernidad, el trabajo en equipo y el orgullo colectivo. En una línea similar, Pablo Batalla (2021) sostiene que contribuyeron a renovar el repertorio simbólico del nacionalismo español y a popularizar una imagen más desacomplejada del país.

Volvemos así al problema señalado por Núñez Seixas. La dificultad histórica de una parte de la izquierda no ha sido necesariamente sentirse española, sino construir y reconocer como propia una forma de españolidad distinta de la heredada del franquismo y posteriormente asociada a la derecha. Cuando Pablo Fernández celebra a la selección como un equipo “diverso, multirracial, integrador y unido”, no solo explica por qué esa España puede ser la suya. Al celebrarla, también contribuye a construirla.

Referencias

Batalla Cueto, Pablo. 2021. Los nuevos odres del nacionalismo español. Gijón: Trea.

Quiroga Fernández de Soto, Alejandro. 2014. Goles y banderas: fútbol e identidades nacionales en España. Madrid: Marcial Pons Historia.

Núñez Seixas, Xosé M. 2010. Patriotas y demócratas. El discurso nacionalista español después de Franco. Madrid: Los Libros de la Catarata.