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Van un griego, un español, y un portugués...

La crisis de la deuda en la eurozona ha agrandado las divisiones entre el Norte-Sur en la Unión Europea. Si pudiéramos tomar el pulso de esa fractura a partir de los chistecillos que corren por el imaginario cultural en los países miembros, no sorprendería encontrar en los últimos años un aumento de relatos jocosos que cuentan con un griego, un español y un portugués como protagonistas. Ante tal evidencia, Rajoy y los suyos responderían solemnizando la obviedad de que Grecia no es España, como llevan haciendo durante los últimos meses. En este post me dedicaré a matizar esa afirmación observando algunas características de la opinión pública en estos países. ¿En qué aspectos se sostiene ese vínculo sureño, si es que de verdad existe?

Españoles, portugueses y griegos van claramente de la mano en su querencia por la redistribución entre ricos y pobres. De acuerdo con los datos del último European Election Study (encuesta realizada tras las últimas elecciones al Parlamento Europeo) los ciudadanos de estos tres países son los más favorables a que se redistribuya la riqueza dentro de su país (gráfico 1). El dato no sorprende si se tiene en cuenta que los tres países están a la cabeza en niveles de desigualdad en el conjunto de la Unión Europea. El segundo aspecto en el que coinciden es en su falta de confianza en las instituciones europeas. Como muestra el gráfico 2, los ciudadanos de Grecia, España y Portugal son tan desconfiados como lo son en el país menos europeísta por antonomasia: el Reino Unido. La opinión de los tres países sureños es igual de mala (y entre las peores de Europa) sobre el Parlamento Europeo.

Fuente: European Election Study 2014.

El vínculo sureño no da para mucho más. Los ciudadanos de Grecia, España y Portugal muestran actitudes distintas respecto al papel del Estado en la economía (los más pro-Estado somos los españoles), la relación entre los impuestos y los servicios públicos (España es el más favorable de los tres a un aumento de impuestos para incrementar los servicios públicos), por no hablar de cuestiones morales, en las que la sociedad española es de las más progresistas de Europa (por ejemplo, en el apoyo al matrimonio entre personas del mismo sexo)[1].

Las diferencias más interesantes entre estos países se dan en el grado de desamor hacia la UE. Aunque los tres coinciden en su baja estima hacia las instituciones europeas, en Grecia ese divorcio es de mayor calado y trasciende lo puramente institucional. La opinión pública española es la que, pese a todo, mantiene más afinidad con la idea de Europa y con el proceso de integración. Dicho de otra manera: España parece haber pasado del idilio al desamor con Europa, mientras que los griegos han optado por la ruptura. Veamos los datos. En el gráfico 3 se muestra el grado de acuerdo con la frase “Se siente ciudadano/a de la Unión Europea”. Mientras los griegos son los que menos se identifican con esa frase, los españoles siguen en gran medida sintiéndose ciudadanos europeos. Lo mismo ocurre cuando se les pregunta sobre su alejamiento hacia Europa (gráfico 4): los griegos y portugueses forman parte del grupo de países con mayores niveles de desafección, mientras que el sentimiento de cercanía entre los españoles es mayor que la media europea. Finalmente, en este trío del Sur, España es el país en el que mayor apoyo se da a la integración europea (y, además, éste no se ha deteriorado, sino que ha aumentado ligeramente desde las últimas elecciones al parlamento europeo)[2].

Fuente: European Election Study 2014.

Probablemente las diferencias más llamativas son las que tienen que ver con la valoración del grado de autoridad que debe tener la UE sobre las políticas económicas nacionales. Los españoles y portugueses son, del conjunto de la Unión Europea, quienes se muestran más convencidos de que las instituciones europeas deben tener más autoridad sobre las políticas económicas y presupuestarias de los Estados miembros, mientras que los griegos son más favorables a mantener el control nacional sobre estas políticas (gráfico 5).

Fuente: European Election Study 2014.

En resumen, los griegos se han divorciado tanto de las instituciones europeas como de Europa y de su idea de ciudadanía. Los portugueses se muestran más pragmáticos: parecen haber roto con Europa, pero siguen pensando que las soluciones económicas pasan por una Unión Europea con más control sobre las economías nacionales. Finalmente, los españoles se han desenamorado de la Unión Europea, pero todavía parecen inclinarse por la idea de Europa como solución, a la vista de sus sentimientos hacia la UE y de sus preferencias respecto a quién debe ejercer el control sobre la política económica y presupuestaria de los Estados miembros. Esta visión es compatible con altos niveles de crítica hacia la UE, pues España es uno de los países con mayores niveles desafección hacia las instituciones europeas. En definitiva, parece que los españoles seguimos dándole una oportunidad a Europa, pero queremos otra Unión Europea y Monetaria.

[1] Todos estos datos proceden del European Election Survey 2014.

[2] Comparando pregunta QP18 en EES 2014 y q80 en EES 2009.

La crisis de la deuda en la eurozona ha agrandado las divisiones entre el Norte-Sur en la Unión Europea. Si pudiéramos tomar el pulso de esa fractura a partir de los chistecillos que corren por el imaginario cultural en los países miembros, no sorprendería encontrar en los últimos años un aumento de relatos jocosos que cuentan con un griego, un español y un portugués como protagonistas. Ante tal evidencia, Rajoy y los suyos responderían solemnizando la obviedad de que Grecia no es España, como llevan haciendo durante los últimos meses. En este post me dedicaré a matizar esa afirmación observando algunas características de la opinión pública en estos países. ¿En qué aspectos se sostiene ese vínculo sureño, si es que de verdad existe?

Españoles, portugueses y griegos van claramente de la mano en su querencia por la redistribución entre ricos y pobres. De acuerdo con los datos del último European Election Study (encuesta realizada tras las últimas elecciones al Parlamento Europeo) los ciudadanos de estos tres países son los más favorables a que se redistribuya la riqueza dentro de su país (gráfico 1). El dato no sorprende si se tiene en cuenta que los tres países están a la cabeza en niveles de desigualdad en el conjunto de la Unión Europea. El segundo aspecto en el que coinciden es en su falta de confianza en las instituciones europeas. Como muestra el gráfico 2, los ciudadanos de Grecia, España y Portugal son tan desconfiados como lo son en el país menos europeísta por antonomasia: el Reino Unido. La opinión de los tres países sureños es igual de mala (y entre las peores de Europa) sobre el Parlamento Europeo.