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La seguridad de las mujeres, el pánico y la autodefensa

Es necesario que las mujeres tengamos herramientas para poder defendernos. El “botón del pánico” puede ser una de ellas, pero ¿debemos dejar solo en manos del Estado la responsabilidad de nuestra seguridad e integridad física?

Mientras trabajamos en dinamitar imaginarios y crear relaciones de buenos tratos, debemos seguir trabajando y seguir creando alternativas de autodefensa feminista autónomas

Vivimos en un clima de terror sexual que no cuestiona los privilegios masculinos

Carteles de "No violarás" en Zaragoza.

Carteles de "No violarás" en Zaragoza. Web de Regina Galindo

El Ayuntamiento de Durango ha puesto en marcha un dispositivo en forma de botón para que las mujeres que se sienten amenazadas comuniquen su miedo a la policía municipal. El dispositivo, que los medios denominan como botón del pánico, permitirá a las mujeres de Durango que así lo deseen -de momento más de 50- "moverse con más seguridad por los espacios poco transitados o mal iluminados", en palabras de la concejala de Igualdad, Pilar Ríos.

No son las únicas iniciativas que promueven la seguridad de las mujeres en el espacio público de día, y sobre todo de noche. Los ejemplos son diversos: la aplicación Agrestop/Erastop para evitar agresiones y mejorar la seguridad de las mujeres que surge también en Durango y asumen ciudades como Bilbao, Zarautz, Pamlona-Iruñea y Alcalá de Henares; la empresa de autobuses bilbaína Bilbobus permite desde el año pasado bajarse a las mujeres que así lo soliciten en paradas intermedias a las oficiales. Estas acciones siempre son bienvenidas, abren de nuevo el debate sobre cómo abordar y garantizar la seguridad de las mujeres en el espacio público y en el privado .

Es una medida que aplauden mujeres que trabajan en bares y fábricas en horario nocturno, mujeres que salen solas a correr o a hacer cualquier otra actividad y que permiten una total libertad de movimiento ya que la policía local sólo conoce su ubicación si las usuarias ponen en marcha este botón del pánico. En el caso de Durango, se trata de una medida que forma parte de un trabajo integral y estructural que incluye cursos de empoderamiento, de autodefensa feminista, acciones educativas, un trabajo ingente de sensibilización. No en vano, junto con Basauri, Getxo y Ermua, es uno de los municipios de referencia en lo que a implantación de políticas locales de igualdad se refiere.

Conocer el dispositivo de forma coloquial como “botón del pánico” es indicativo del miedo y el terror con el que vivimos las mujeres en esta sociedad. Por eso, cabe preguntarse y seguir con el debate de si estas medidas no son sino parches que no cuestionan el problema desde la raíz -los agresores- y de si inciden en la revictimización de las mujeres; si debemos dejar solo en manos del Estado la responsabilidad de nuestra seguridad e integridad física o si realmente son efectivas y disuasorias.

Las cuestiones que se plantean son complejas. Es necesario que las mujeres tengamos herramientas para poder defendernos. El “botón del pánico” puede ser una de ellas. Negarlo sería estúpido. Todavía no tenemos datos de su efectividad y de su efecto disuasorio pero sí es innegable que el botón alimenta el imaginario de la vulnerabilidad femenina y de las mujeres como víctimas. Y así nunca vamos a poder vivir en el bando de las personas que no tienen miedo. La formadora de autodefensa feminista Maitena Monroy va más allá y pone el foco en la legitimidad que le dan estas iniciativas al Estado para controlar a las mujeres y, en definitiva, salvarlas como si de un príncipe azul se tratara y en su incapacidad de imaginarse a las mujeres más allá de estos roles de inferioridad y de necesidad de protección constante.

Mientras trabajamos en dinamitar imaginarios y crear relaciones de buenos tratos, debemos seguir trabajando y seguir creando alternativas de autodefensa feminista autónomas. La autodefensa feminista nos construye como sujetos y no como objetos o víctimas. Nos permite tener conciencia de nuestro cuerpo y de que las vulneraciones de nuestros derechos son estructurales y obedecen a múltiples factores de los que las agresiones sexuales o los asesinatos son su manifestación más extrema y cruel. Y nos permite auto organizarnos fuera de cualquier tutela y sentirnos mucho más libres.

Se supone que el botón puede disuadir a potenciales agresores de agredir. ¿Realmente es así? No está nada claro. Vivimos en un clima de terror sexual que no cuestiona los privilegios masculinos. Las campañas de sensibilización y las medidas de seguridad deben ampliar el foco. Nosotras sabemos perfectamente desde muy niñas que es peligroso ir solas por la calle, que no debemos adentrarnos en la oscuridad... Estos mensajes siguen responsabilizándonos de nuestra propia integridad. ¿Cuándo vamos a empezar a decir a los hombres que no toquen nuestros cuerpos, que no nos agredan, que no tienen derechos sobre nosotras? ¿Cuándo vamos a hablar en serio de que el problema no somos nosotras? Porque esta es una de las cuestiones esenciales y estamos viendo que está creando ciertas problemáticas.

No se entiende y asusta la furibunda reacción de la sociedad ante mensajes que interpelan a los hombres de forma directa. Pongamos algún ejemplo. Los grandes carteles urbanos con “No violarás”, obra de la guatemalteca Regina José Galindo, colocados en la ciudad de Zaragoza no han dejado indiferente a nadie.

O la campaña publicitaria que la marca de cuchillas de afeitar Gillette lanzaba a principios de año, con motivo de la Super Bowl, con el lema 'We Believe: The best men can be', algo así como 'creemos en el mejor hombre que puedes ser'.

Gillette y su oportuna visión comercial se apuntaba al clima favorable que existe en los medios de comunicación hacia los feminismos y la lucha de las mujeres. Aprovechaba así para hacer autocrítica y dejar atrás mensajes viriles que llevaba alimentando desde hace muchas décadas. El anuncio, que no hace sino aplaudir conductas que debieran ser las habituales (no machacar a los que consideramos diferentes, no acosar a mujeres por la calle, no tratarlas con condescendencia, no tocarlas, intervenir en casos de peleas.…), ha tocado la fibra sensible de un gran número de hombres y mujeres tanto para bien como para mal. Algunas y algunos lo han celebrado, pero otros y otras se han ofendido profundamente.

Estas reacciones son sintomáticas de lo interiorizados que tenemos los privilegios masculinos y la masculinidad hegemónica y de lo necesario que era el anuncio. ¿Por qué estos hombres y mujeres se han identificado con la masculinidad tóxica y no con la alternativa?, ¿por qué escuece tanto cuando los mensajes van dirigidos a ellos?

Debemos conseguir vivir sin miedo y sin pánico, y mientras llega ese momento, tendremos botones y todos los recursos que sean necesarios y trabajaremos en la autodefensa . Pero para ello es imprescindible que los hombres vean que son parte del problema. Si no nunca podremos dar con las soluciones.

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