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"Brilla, mar del Edén", la aventura literaria de Andrés Ibáñez contra el dogma

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"Brilla, mar del Edén", la aventura literaria de Andrés Ibáñez contra el dogma

"Brilla, mar del Edén", la aventura literaria de Andrés Ibáñez contra el dogma

"Brilla, mar del Edén" es una novela de aventuras e ideas, de filosofía, de utopías, de diferentes mundos y culturas, de arte, del pop. Es la gran novela del escritor y crítico Andrés Ibáñez, inspirada en la serie de televisión "Perdidos", con la que responde al "desengaño de hoy" e invita a ir "más allá".

Considerada por algunos críticos como una novela cervantina, "Brilla, mar del Edén" (Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores) es una aventura literaria de casi 800 páginas que comienza cuando un avión de Los Ángeles a Singapur se estrella en mitad del Pácífico y sus 90 supervivientes quedan atrapados en una isla aparentemente deshabitada, incomunicados.

Unos supervivientes entre los que hay indios, americanos, mormones, españoles, católicos, un maestro en yoga y sus muchos seguidores, timadores, un millonario suizo, un cirujano, un compositor español que vive en Estados Unidos, un escritor chileno que se llama Roberto Bolaño y una actriz conocida como Nicolette Sheridan.

"Viendo un capítulo de la tercera parte de la serie 'Pérdidos', me dije: 'Puf, la van a estropear', y me puse a escribir para contar lo que a mí me gustaba y poder contar muchas vidas, muchos personajes. Quería crear muchos mundos en miniatura, recorrer diferentes dogmas y creencias y ver cómo estas encadenadas esclavizan", explica a Efe Andrés Ibáñez (Madrid, 1961).

Y es que el autor de "La música del mundo" o "La sombra del pájaro lira" no deja títere con cabeza en esta "novela mundo", novela río, plagada de ritmo y emoción, porque, como reconoce también, la escribió para atizar, para calmar su cabreo con este mundo "plagado de desengaños" y en el que hoy "todo se ha venido abajo".

"Sí, me puse a escribir -dice- en un momento de crisis personal, porque de repente en los últimos años, y ahora mucho más, estamos asistiendo a la caída del espectáculo, a la caída de todas las trampas en todo: en la política, en la sanidad... Todas las creencias y valores se han caído y nos dejan ver las máscara que había".

"Pero tienen que tener cuidado -advierte-, porque somos seres ávidos que podemos apoderarnos del mundo. Somos muchos más los esclavos y tenemos una carta: como somos muchos más, podemos empujar y tirar la puerta", añade este autor, crítico y músico, que pasó siete años en Nueva York escribiendo obras de teatro, algunas de las cuales se estrenaron allí.

Pero la rebelión e indignación de Ibáñez no implica ni un gramo de violencia, "uno de los males de hoy", en su opinión, sino que se hace a través de la conciencia, de la mirada. "Primero, ver, conocer, y luego actuar", recalca el autor de este viaje literario, en el que deja un especial homenaje a su admirado Roberto Bolaño.

Y para explicarlo, añade, "en un momento dado alguien en la isla (otro personaje más que depara muchas sorpresas) le advierte a un superviviente de que están en una propiedad privada, y yo digo, 'No, el mundo entero hoy es una sociedad privada porque unos se creen que el mundo es suyo, y los demás unos advenedizos que tenemos que servirles'", recalca.

Pero "Brilla, mar del Edén" es una propuesta de vida, un renacer a otro mundo y es la obra de un creador que se ha divertido mucho escribiéndola, con la intención de que transforme al que escribe y al lector.

Un texto que solo podía haber sido escrito por Ibáñez en este momento de su vida, por su experiencias y por su memoria. Aquí está su paso por la India, México, Estados Unidos, su experiencia con el yoga, la música..., "las amistades y las decepciones", añade.

Y, sobre todo, en este libro el autor plasma que las creencias ciegas en todo, las religiosas, políticas, científicas, incluso hasta en el amor o la fe ciega de una madre en sus hijos, llevadas al pie de la letra, "son un desastre".

Tildada de novela cervantina, Andrés Ibáñez dice que sí, que es cervantina, pero más vinculada a la segunda parte del Quijote, "donde toda la realidad es una construcción, donde los personajes deciden crear ilusiones, como la carroza de Merlín o la Ínsula Barataria".

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