ESPECIAL | La nueva teoría de la conspiración

Los casos de coronavirus en Madrid se dispararon al día siguiente del 8M por contagios previos a la manifestación



La derecha ha colocado la movilización del 8M en la diana. Quienes ahora claman contra la manifestación que se celebró en Madrid y que congregó a alrededor de 120.000 personas nada dijeron en los días previos sobre la necesidad de cancelarla ante la expansión del coronavirus. El PP, que participa de esos ataques, llevó representación a la marcha y Vox celebró su asamblea en Vistalegre ese mismo día. No solo desde la arena política se señaló a la movilización sino que una jueza abrió una investigación a raíz de la denuncia de un particular, aunque ha archivado la causa contra el delegado del Gobierno, José Manuel Franco, al que imputó tras recibir un informe de la Guardia Civil que se cargaba de razones, a través de imprecisiones e información sesgada, para apuntar directamente al Gobierno de Pedro Sánchez al considerar que tenía información suficiente para cancelar la manifestación. La magistrada Carmen Rodríguez-Medel considera finalmente que no fue así, al menos en el caso del representante del Gobierno en la región.

El instituto armado también apuntaba al director del Centro de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), Fernando Simón, con algunas acusaciones falsas, como que advirtió el 28 de febrero de que existía transmisión comunitaria afirmando que ello supone que "no se puede contener el virus controlando las personas que están infectadas y a su entorno porque ya no se conocen estos". El doctor dijo justamente lo contrario, pero es que incluso el 7 de marzo -cuando en España había 430 positivos detectados con prueba analítica (de ellos 174 en la Comunidad de Madrid)- negó que el virus estuviera fuera de control con la información que disponía a partir de lo que enviaban las autonomías, donde residen las competencias de salud. "En los que no se ha identificado el origen son muy limitados. Se está siendo perfectamente capaz de controlarlo", aseveró.



Los datos en ese momento avalaban que el brote en España no era elevado y que el origen de los contagios estaba identificado. En el caso de la Comunidad de Madrid, el ministerio contabilizaba el 8 de marzo 202 casos, a partir de los datos ofrecidos por el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso, tan solo 28 más que el día anterior. En total habían fallecido ocho personas, todas ellas de avanzada edad (entre 99 y 76 años) y con patologías previas. Los principales focos estaban controlados y se sabía que la enfermedad estaba en algunos centros de mayores, como el de la Paz.

Fue al día siguiente cuando las cifras se dispararon, aunque informalmente el Gobierno de Ayuso se lo comunicó al ministro de Sanidad, Salvador Illa, en una llamada telefónica en la tarde-noche del 8 de marzo, cuando la manifestación ya se había celebrado. En la mañana del 9 de marzo, cuando se tomaron las primeras decisiones de distanciamiento social, como el cierre de colegios, se notificaron formalmente 267 casos nuevos. En tan solo 24 horas, los nuevos casos se incrementaron en un 853% y se duplicó el número de infectados en la comunidad. Esa tarde, hubo una actualización que aumentaba de 469 a 577 los positivos. 

El periodo de incubación de la COVID-19 es de 1 a 14 días, siendo el mediano 5-6 días. Teniendo en cuenta que la manifestación fue por la tarde y que la advertencia de la Comunidad de Madrid se produjo a última hora del 8 de marzo es imposible que el salto se produjera en la reivindicación feminista. En Sanidad sostienen que esos casos detectados el 9 de marzo son el reflejo de contagios que se produjeron a finales de febrero. 

Además, ni los organismos internacionales ni la Comunidad de Madrid habían advertido previamente de la situación. El Gobierno de Ayuso no lanzó ninguna alerta para impedir otros eventos multitudinarios que se celebraron en la región ese fin de semana, como un concierto de Isabel Pantoja que congregó a 11.000 personas en el WiZink Center, el acto de Vox en Vistalegre con 10.000 asistentes o un partido del Real Madrid de Baloncesto (todos ellos a puerta cerrada).

En ese momento, el Centro Europeo para el Control y la Prevención de Enfermedades (ECDC) mantuvo a los países europeos -excepto Italia- en la primera fase (contención) de los cinco escenarios epidemiológicos. En esa etapa existían casos de coronavirus importados y transmisión local limitada. El 12 de marzo se produjo el cambio para la mayoría de los países de la UE, incluida España, cuando la agencia europea, en un nuevo informe de evaluación de riesgo, los situó en escenario dos con una evolución rápida hacia un escenario tres. Es a partir de esa fase en la que se recomienda la cancelación de eventos masivos. Aún así, el WiZink albergó un concierto de Camela con 8.000 personas.



Fue el 9 de marzo cuando ante la proliferación de casos en toda España, especialmente en la Comunidad de Madrid y Euskadi, donde se encontró cierta transmisión comunitaria. El Consejo Interterritorial de Salud se reunió esa misma tarde y adoptó las primeras medidas drásticas de distanciamiento social, como el anuncio del cierre escolar en esas zonas.

A partir de ahí, el incremento de casos detectados pasa de ser casi lineal a aumentar como una escalera en los días siguientes y se van adoptando algunas otras medidas de distanciamiento social, como la suspensión de las clases o la recomendación generalizada de teletrabajo. Cuando la OMS declara la pandemia de la COVID-19 el 11 de marzo al haberse extendido a 114 países y contabilizar más de 118.000 casos en todo el mundo, España contabilizaba 2.100 casos a partir de los datos de las comunidades, de los cuales 1.024 estaban en Madrid. Dos días después, Sánchez anunció la declaración del estado de alarma que conllevaría el confinamiento que se ha prolongado durante más de dos meses.



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