El Supremo concluye que el Estado “mantuvo en todo momento el control” frente a la “quimera independentista”
La sentencia que ha condenado a los líderes soberanistas por sedición concluye que no hubo rebelión porque, además de no apreciar la violencia necesaria, los condenados no buscan en la práctica romper el orden constitucional con la independencia sino buscar la negociación con el Estado.
El magistrado Manuel Marchena, que ha sido ponente de la sentencia, destaca que “desde la perspectiva de los hechos”, durante el procés resultó “manifiesta la inviabilidad de los actos concebidos para hacer realidad la prometida independencia” pese al “despliegue retórico” de los condenados.
Por todo ello, los jueces zanjan que el Estado “mantuvo en todo momento el control de la fuerza, militar, policial, jurisdiccional e incluso social”. De ahí que en ningún momento los jueces aprecien que el procés buscaba romper el orden constitucional y, en consecuencia, no condenen por rebelión.
“Y el Estado mantuvo el control –apostilla el Supremo– convirtiendo el eventual propósito independentista en una mera quimera. De ello eran conscientes los acusados. El Estado actuó, por tanto, como único depositario de la legitimidad democrática para garantizar la unidad soberana de la que aquella emana”.
Informa Oriol Solé.