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No hubo tormenta sobre Sánchez, pero llovió lo suficiente para Feijóo

Feijóo y otros dirigentes del PP en su sede en la noche del domingo.

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Los meteorólogos de Génova anunciaban una tormenta que se iba a llevar por delante a Pedro Sánchez y a todos los socialistas. A principios de año, ciertas encuestas les daban ocho y nueve puntos de ventaja. La ley de amnistía trajo más nubarrones y el caso de Begoña Gómez cogió la forma de una gota fría destructiva. El hombre de la lluvia era un juez de Madrid próximo a la jubilación –en realidad, hace tiempo que rebasó la edad– que tomó todas las medidas que podían interesar al Partido Popular. Hasta escribió una providencia para responder a los socialistas, como si le hubieran encargado la página tercera del ABC.

Al final, llovió, no lo suficiente como para anegar Ferraz, pero sí para que Alberto Núñez Feijóo agite alborozado el paraguas. Cuatro puntos de diferencia del PP sobre el PSOE son un poco más que esos tres puntos que reclamaban los barones del PP, aunque no en público. Pero el plebiscito que montó el partido apuntando sus cañones contra Begoña Gómez no obtuvo el resultado definitivo que esperaba hace unos meses. Era una ilusión pensar que unas europeas podrían decretar el fin de una legislatura.

La estabilidad del Gobierno continúa dependiendo de lo mismo que antes de estas elecciones. Conseguir aprobar unos presupuestos con el voto de los nacionalistas. Los dos bloques quedaron bastante igualados. La derecha y la extrema derecha, con la aparición estrafalaria pero muy real de la candidatura de Alvise Pérez, recibió 31 eurodiputados. Los partidos que votaron la investidura de Sánchez –izquierda más nacionalistas–, 30.

Ese es el plano general de los resultados. La imagen centrada en la izquierda ofrece un panorama deprimente. Sumar perdió una gran parte de los apoyos de julio y se quedó en el 4,6%. Ni su candidata ni su mensaje cogieron tracción en ningún momento. Yolanda Díaz endureció el gesto con el fin de que no calara la idea de un voto útil en favor de Pedro Sánchez para hacer frente a la campaña de la derecha contra el presidente. No se puede negar que fracasó por completo.

Podemos se jugaba prácticamente su supervivencia como partido. Una campaña centrada sobre todo en su principal activo político, Irene Montero, y en el mensaje de rechazo a la guerra les ha salvado con 570.732 votos, 240.000 menos que Sumar. Montero vendió una previsión catastrófica en relación al destino que le espera a Europa con una guerra interminable en Ucrania y culpó más a Estados Unidos que a Rusia por la pervivencia del conflicto bélico. En eso captó el interés de una parte de los votantes de izquierda.

Pero ninguno de los dos partidos está en condiciones de ver el futuro con optimismo. Podemos se quedó en el 3,2% de los votos, una cifra muy lejos de lo que te permite jugar un papel decisivo en unas elecciones generales.

Todo el mundo sabe que las relaciones entre Sumar y Podemos son inexistentes. Tienen ahora un tiempo para intentar reconstruirlas. Casi nadie apuesta por que eso ocurra, así que cabe la posibilidad de que se repartan por la mitad un caudal importante de votos, y que eso les haga caer en el futuro en la más completa irrelevancia.

De tanto calentar la máquina de la hipérbole sobre el fin de la democracia tal y como la conocemos por culpa de Sánchez, al PP y Vox les ha salido un inquilino que se ha invitado a sí mismo. Alvise Pérez, un agitador que pasó de los temas habituales de la extrema derecha a la antipolítica más brutal, recibió 800.000 votos, más que los recibidos por Podemos y sólo un puñado menos que Sumar. De alguna manera, Pérez es también un hijo bastardo de las corrientes conspiranoicas que sacudieron a los países occidentales durante la pandemia.

Su éxito permite responder a esa pregunta permanente sobre por qué la desinformación y los bulos se extienden en sociedades que se creen muy cultas y sofisticadas. Porque hay mucha gente que está dispuesta a creérselos.

En un comunicado al poco de conocerse los resultados, el PP destacó que nunca “el centro derecha había tenido un porcentaje tan alto: PP+Vox=43,8”. Parece que Vox forma parte del “centro derecha” y es de suponer que Alvise será incluido en el mismo espacio centrista, quizá el martes como muy tarde. Lo que sea con tal de volver a afirmar que Sánchez debe desaparecer.

El PP no las tenía todas consigo. Ni siquiera instaló el balcón extendido que sitúa en la fachada de Génova, quizá por miedo a que no hubiera mucho público o que su resultado se quedara corto. Al saberse la ventaja que sacaba al PSOE, ya no daba tiempo, por lo que Feijóo y los demás dirigentes salieron a la entrada de la sede para lanzar los discursos de la victoria. “Los españoles nos han dado un triunfo electoral contundente y el triunfo que estábamos esperando”, dijo el líder del PP.

No pidió elecciones anticipadas, como ya había hecho su partido la semana anterior. Su victoria es clara, pero no es la que por sí sola le garantiza su llegada al poder. A fin de cuentas, ha pasado del 33% de los votos en julio al 34,1% en las europeas. Aún le queda un trecho por recorrer. Se le hará muy largo si el Gobierno consigue aprobar los presupuestos en el otoño.

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