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El presunto techo de Vox y otras hipótesis políticas difíciles de probar

Abascal en el cierre de la campaña de Castilla y León en Valladolid el 13 de marzo.
16 de marzo de 2026 22:01 h

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“Ya está bien, no podemos fallar como hicimos en julio de 2023”, dijo Alberto Núñez Feijóo un día después del buen resultado del Partido Popular en las elecciones de Castilla y León. Es curioso, porque en la campaña volvió a repetir la frase que provoca tanta diversión entre los socialistas, esa en que dice que él ganó en 2023. Fallar y ganar al mismo tiempo son las cosas que sólo pasan en la mente de Feijóo. Esta vez, el líder del PP prefirió ir sobre seguro. Tocaba reducir el nivel de las críticas a Vox hechas en la campaña, porque a fin de cuentas los necesita para gobernar en las tres comunidades autónomas que han votado este año.

Mientras algunos análisis despistados hablaban del reforzamiento del bipartidismo –lo hacen siempre después de cada cita electoral–, el PP quiso darse prisa en afrontar la realidad. Con un 35,4% de los votos, no puede imponer su voluntad. Por tanto, toca hablar de “una mayoría de ciudadanos que ha votado de forma muy clara”. Esa mayoría es la suma de PP y Vox, y el líder del primer partido habla también en nombre de los votantes de extrema derecha. Santiago Abascal le sacará pronto de su ensoñación.

Si acaso, Feijóo mostró una cierta ansiedad e incomprensión por la actitud de Vox. Dijo que en ningún momento ese partido ha dado órdenes de bloquear las negociaciones: “Sólo se han puesto excusas”. No es una gran revelación. Abascal ha esperado a la celebración de las tres elecciones autonómicas para calcular el precio que pedirá en todas ellas.

Vox aspiraba a superar el umbral del 20% con el objetivo de subir la factura hasta el punto más alto. Después de quedarse a poco más de un punto de la meta y sumar sólo un escaño más, ahora tendrá que ser un poco más realista en sus exigencias. Pero no hará ningún favor al PP conformándose con sostener al Gobierno desde fuera. Si Abascal dice que “vamos a gobernar en las tres” (regiones) en caso de acuerdo, será porque la entrada en un Gobierno de coalición es innegociable.

En la rueda de prensa del lunes, preguntaron a Abascal si cree que su partido ha llegado a su techo electoral. A los periodistas les encanta especular con que un partido haya alcanzado su techo o haya caído en un suelo del que no puede bajar. Como todas las cosas que tienen que ver con el futuro, es bastante difícil hacer un pronóstico y venderlo como un hecho incuestionable. Abascal no se complicó la vida y respondió que “Vox ha roto el techo electoral”. A fin de cuentas, ha subido en Castilla y León, aunque sea sólo 1,3 puntos más.

Lo que es un hecho es que varias de las principales empresas de encuestas sobreestimaron a Vox en sus pronósticos publicados en la campaña y justo antes de ella. O quizá infravaloraron la capacidad del PSOE de recuperarse. Los socialistas ganaron el último escaño de Zamora con 284 votos de diferencia sobre Vox. A veces, uno o dos escaños más o menos pueden suponer una gran diferencia en la percepción de los resultados.

Feijóo se burló de la alegría mostrada por el PSOE al subir en dos escaños. Él también vendió como un gran éxito la primera posición de Jorge Azcón en las elecciones aragonesas a pesar de que perdió dos escaños. Para el PSOE, superar la barrera del 30% supuso un alivio considerable, siempre bajo la hipótesis –también difícil de probar– de que pueden subir ese porcentaje en Castilla y León en unas elecciones generales. Entre las autonómicas de 2022 y las generales de 2023 en esa comunidad, la subida se limitó a 2,3 puntos.

“Me sorprende que esté todo el mundo tan contento en el PP, cuando elección tras elección son más dependientes del señor Abascal”, dijo la portavoz socialista Montse Mínguez. No parece que eso preocupe mucho a Feijóo. Incluso quiere que esa dependencia se plasme cuanto antes con las investiduras de Guardiola, Azcón y Mañueco.

La izquierda sigue empeñada en que la asociación del PP y Vox perjudica al partido de Feijóo o es una oportunidad que se puede aprovechar en la futura campaña de las generales. Todo parte de la hipótesis sobre el desenlace del intento frustrado del PP de llegar a Moncloa en 2023. Incluso si fuera cierta, eso no garantiza que se vaya a repetir. Los números de las tres últimas autonómicas arrojan un balance concluyente. La suma del PP y Vox ha llegado al 60% en Extremadura, al 52% en Aragón y al 54,3% en Castilla y León.

El mayor problema del PP se produce cuando Feijóo planea sobre la realidad sin llegar a aterrizar en ella. “Nadie se fía de España en el exterior”, afirmó Feijóo sobre la oposición de Pedro Sánchez a la guerra. Gran sentido de la oportunidad. Lo dijo el mismo día en que Trump amenaza a los aliados europeos para que intervengan en la guerra contra Irán en el estrecho de Ormuz después de que todos ellos, no sólo España, hayan dicho que no.

“Esta no es nuestra guerra y nosotros no la comenzamos”, ha dicho el ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius. “Esta guerra no tiene nada que ver con la OTAN”, ha declarado el portavoz del canciller Merz. Hace una semana, Macron habló de la posibilidad de una misión similar, pero su entusiasmo se ha enfriado. El Gobierno francés niega que vaya a enviar su portaaviones 'Charles de Gaulle' a Ormuz y ha comunicado que seguirá en el Mediterráneo Oriental con su grupo naval de apoyo.

El PP se podrá consolar con el argumento de que no se puede tener todo en la vida. Si tienes a favor las encuestas, el calendario judicial, la mayoría de los medios y un aliado, algo tiene que fallar. Sólo tiene que intentar ganar las elecciones a pesar de su líder.

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