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El PSOE de Ceuta explota por la municipalización de la basura y tras no lograr la coalición con el PP

El secretario general del PSOE de Ceuta, Juan Gutiérrez, en la última campaña electoral autonómica.

Gonzalo Testa

Ceuta —

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La banda sonora del PSOE de Ceuta era, hace diez meses, una cumbia encargada al otro lado del Atlántico de estribillo pegajoso: “El cambio que quieres/ es con Juan Gutiérrez”. Hoy es un corrido de final incierto sobre traiciones, ambiciones frustradas, estrategias fallidas y turbias derivadas. Gutiérrez, aclamado como secretario general de los socialistas ceutíes a finales de 2021, acaba de padecer su idus de marzo.

El día 6, justo antes de la votación, supo que cuatro de sus cinco compañeros de grupo parlamentario en la Asamblea autonómica ayudarían a declarar su incompatibilidad al votar a favor de municipalizar la limpieza pública viaria de la que había sido el encargado por libre designación los últimos años con un sueldo fuera de mercado y un poder omnímodo.

Siete días tardó en dejar su acta e inclinarse por ser empleado público de la nueva sociedad municipal que se ha constituido este martes. En el PSOE local se da por hecho que “como muy tarde en septiembre” habrá un Congreso extraordinario. Ya se postulan el ahora 'rebelde' y hasta hace nada mano derecha de Gutiérrez, Melchor León, vicesecretario general y vicepresidente de la Asamblea con sueldo de consejero. Y Cristina Pérez, secretaria de Organización y delegada del Gobierno.

Esta última ha intentado tomar las riendas del partido para evitar su posible desintegración y vuelta a la inanidad. Se la señala predestinada al timón orgánico como su homóloga de Melilla, Sabrina Moh, que ya ha ganado las primarias en la otra ciudad autónoma tras la dimisión en diferido de la secretaria general, Gloria Rojas.

Las facciones de lo que hace diez meses era en Ceuta una piña socialista que se veía al mando de un Ejecutivo local que maneja más de 400 millones de euros de presupuesto al año han amagado incluso con denuncias cruzadas ante la Policía Nacional por amenazas y corrupción, entre otros presuntos delitos. Nadie es capaz de apostar en contra de que los cinco díscolos con el “autoritarismo” que se achaca a Gutiérrez, incluida su sustituta que aún no ha tomado posesión, no vayan a terminar en el Grupo Mixto una legislatura recién iniciada.

Tampoco de que no sean expulsados antes aplicando los Estatutos Federales que exigen disciplina con los órganos internos, por lo que todos intentan convencer a Ferraz –que no ha respondido sobre el conflicto a elDiario.es– de su versión de los hechos. Los oficialistas denuncian que los rebeldes se han vendido al presidente de la ciudad, Juan Vivas, por adjudicaciones y empleos para parejas y familiares, aunque el único nombramiento conocido es el del hermano de una diputada socialista, Hanan Ahmed, como director general del PP.

El otro bando censura que Gutiérrez, del que la ultraderecha se burlaba por su acento cerrado y llamaba “lanchero”, convirtió el partido en una sucursal de la UTE de los residuos, Trace. También se le acusa de pervertir la independencia de la Ejecutiva metiendo a trabajadores contratados por el propio partido. Y se le achaca haber impuesto el “personalismo” y repartirse cargos y prebendas con sus 'coroneles', un círculo de confianza que sin León solo abarca a Pérez, su jefe de Gabinete y otro asesor en la Delegación.

Los de Pedro Sánchez han sido durante décadas una opción casi residual en las elecciones municipales en Ceuta y Melilla. El reconocimiento de la nacionalidad española a la población árabe-musulmana, primero, y el incidente de Perejil, después, hicieron hegemónico al PP de Vivas, que no dejó de cosechar mayorías absolutísimas desde 2003 hasta 2019, pero que aún sigue presidiendo la Ciudad.

Las expectativas del PSOE con Gutiérrez, “el hombre más poderoso”

La larga travesía por el desierto de los socialistas pareció que podía terminar la pasada legislatura, cuando se convirtieron en primer grupo de la oposición y en apoyo imprescindible del PP para no volver a acercarse a Vox. La llegada a finales de 2021 a la Secretaría General de Juan Gutiérrez (Ceuta, 1979), un joven sindicalista que con UGT arrasaba en el sector de la limpieza viaria, la mayor empresa privada local, disparó todavía más sus expectativas.

Desde que fue aclamado nuevo líder por sus bases, plagadas de compañeros de trabajo que le siguieron hasta el PSOE, Gutiérrez se sintió “el hombre más poderoso de Ceuta”, según recuerdan compañeros de la Asamblea. Orilló a parte de la vieja guardia, logró el cese de la exdelegada del Gobierno, Salvadora Mateos, y en una formación un tanto de aluvión confeccionó una Ejecutiva integrada casi a partes iguales por 'cristianos' y 'musulmanes'.

Ayudado por la patronal de la basura y otros empresarios y encumbrado por su capacidad para condicionar las decisiones del PP, Gutiérrez empezó a exigir a los medios trato de presidente, a prometerlo todo a todos y a abroncar a quien no era disciplinado. En campaña contrató asesores internacionales, se compuso una cumbia y montó mítines de cuidada escenografía seguro de que completaría su OPA a las formaciones localistas de electorado eminentemente musulmán y de que las populosas barriadas más pobres del extrarradio, como el Príncipe, le harían vencer a Vivas.

El socialista cimentó su proyecto en una cultura de la victoria que se desmoronó en las urnas. El PSOE perdió en mayo de 2023 uno de sus siete diputados y 1.500 votos. De nuevo por detrás del PP, los dos grandes partidos de implantación nacional mantuvieron vivo su acuerdo previo de aliarse ganara quien ganase, pero cuando ya tenía hasta consejerías repartidas Ferraz vetó en agosto el gobierno de coalición al saber lo perfilado que estaba mientras Feijóo fustigaba a Sánchez.

Despechado, Gutiérrez se perdió con la brújula del éxito inmediato. Empezó a anunciar un día que haría oposición frontal al PP y al siguiente rogar otra vez ser consejero. Siempre creyó que tendría otra oportunidad y acertó a medias. Pedro Sánchez se la sirvió en diciembre, justo antes de anunciarse la moción de censura de Pamplona. Entonces fue Vivas quien lo dio por imposible. Más allá de la política, su química se había esfumado y el presidente de la Ciudad “ya no confiaba en él”, afirman en su entorno.

En Navidad ya eran muchos los que, en su círculo más cercano, le habían perdido toda la fe. La facción del partido más clásica, incluido el presidente de su Ejecutiva, le afeaba por escrito su empeño por coaligarse con el PP. Ni contestó. Los más preparados le reprochaban su falta de talento político más allá de propuestas para mejorar aceras y luminarias en los barrios de la periferia.

2024 solo profundizó la sima cuando Vivas le repitió que no le daría nada, ni direcciones generales ni sociedades municipales. Tampoco un sueldo de consejero como portavoz con dedicación exclusiva. Muchos de sus afines le dieron por agotado y algunos comenzaron a filtrar desde Gibraltar conversaciones privadas haciendo chascarrillos hasta con Santos Cerdán. El fondo del armario de esos audios (como su contenido y alcance) es uno de los misterios por resolver.

“Como una mierda”

Perdido el pulso de la coalición con el PP, Gutiérrez intentó forzar un plebiscito sobre la municipalización de la limpieza, donde su empleo le reporta dos tercios de los más de 75.000 euros netos que sumaba al año con las dietas como diputado, portavoz y consejero de la Autoridad Portuaria. La plantilla, conquistada por las promesas de mantener sus derechos de Vivas, le hizo caso omiso.

En la videoconferencia en la que el resto de diputados del PSOE de Ceuta le dieron la espalda, parte de la cual también ha sido grabada y difundida, tocó fondo al sentirse “como una mierda” . “Me voy mañana automáticamente de todo”, advirtió a sus 'compañeros', ante los que admitió que llevaba “tiempo” pensando en dar ese paso. En ese último viraje drástico presumió de que contaba con múltiples ofertas del sector privado y el PSOE para mantener sus retribuciones sin dejar la política.

Pero no. Al final claudicó: “El Gobierno del PP me ha empujado a tener que elegir entre la condición de ser diputado y la de pertenecer a la próxima empresa municipal de limpieza pública”, culpó, sin mencionar sus cuitas internas a Vivas, que no se había mostrado dispuesto a respaldar la remunicipalización del servicio hasta la campaña de 2023, cuando Gutiérrez evitó a última hora debatir con él convencido de que solo tenía cosas que perder.

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