Sánchez ordena un desembarco de ministros en Andalucía para arropar a Montero en una campaña que reivindica el orgullo de la marca
Si hay una federación del PSOE que conoce bien las consecuencias del 'canibalismo' entre familias es la andaluza. Lo de la antropofagia –en sentido figurado, se entiende– viene a cuento de la elaboración de las candidaturas para las elecciones del próximo 17 de mayo que María Jesús Montero ha cerrado esta misma semana. Pero también al hilo de la reflexión de un veterano dirigente que sabe cómo se libran los procesos internos en su partido cuando la nave nodriza atraviesa turbulencias: “En sus pantallas, una nueva adaptación de ¡Viven!”.
Quien así habla se refiere a la historia del avión uruguayo que en 1972 se estrelló en los Andes, entre Argentina y Chile, con 45 personas a bordo y que, tras agotar provisiones, 16 de ellas sobrevivieron en condiciones extremas ingiriendo los cuerpos de los fallecidos. “Un avión averiado, poco espacio para moverse en la nave y decenas de cargos que tratan de subsistir a la tormenta mientras unos se devoran a otros para ocupar un cargo que garantice el sustento los próximos cuatro años”.
La crudeza con la que los socialistas andaluces libran sus batallas orgánicas ha sido una constante desde que Susana Díaz heredó los cargos de secretaria general y presidenta de la Junta de Andalucía de José Antonio Griñán y se propuso sin éxito disputar el liderato nacional a Pedro Sánchez. De aquellos polvos, muchos de los lodos por los que han naufragado los socialistas desde que perdieron en 2018 el gobierno regional que presidieron durante más de 40 años.
Metáforas y evocaciones aparte, tras la confección de las planchas, la federación se divide hoy entre quienes hablan de obligado cierre de filas y quienes describen una federación abierta en canal, salvo en algunas provincias donde la componenda ha acallado la crítica. Al menos hasta después del 17 de mayo. Los reproches a María Jesús Montero, que se ha propuesto movilizar a 500.000 votantes que votaron PSOE en las generales de 2023 y se quedaron en casa en las autonómicas de junio de 2022, no tienen que ver ni con su potencial político ni con su entrega. Su dirigencia le imputa “no haberse dejado ayudar por quienes conocen el territorio y la organización” y haber actuado en el PSOE de Andalucía “demasiado tarde y como si esto fuera un ministerio en lugar de un partido”, asegura un dirigente gaditano.
Una consultora para los mensajes políticos
Montero, que nunca participó de batallas orgánicas, ha elegido como director de campaña al que fuera su jefe de gabinete en Hacienda, Carlos Moreno, quien se reunió con el empresario Víctor Aldama, para gestionar presuntamente el aplazamiento de una deuda tributaria del empresario corrupto vinculado al caso Ábalos/Koldo que hoy juzga el Supremo. “Una persona trabajadora, de confianza de la candidata, pero que poco o nada sabe de política y menos de la vida orgánica”, lamenta un miembro de la dirección regional.
Al frente de la Secretaría de Organización, la aspirante a la Junta tiene al alcalde de Dos Hermanas, Francisco Rodríguez, un veterano al que se le afea desde diferentes provincias “no haber hecho el trabajo previo a la confección de las listas en los territorios”, según entienden desde diferentes provincias. Y para fijar los mensajes políticos de su campaña ha contratado al periodista Antonio Hernández Rodicio, de la empresa de Comunicación estratégica, consultoría política y asuntos públicos Thinking Heads.
Sin embargo, una de las quejas que más se escucha entre los cuadros medios de la federación es “la visibilidad que la dirección regional ha dado a los acuerdos” tejidos con quien fuera presidenta de la Junta, Susana Díaz, para incluir a varios de sus fieles en las listas. Díaz fue la mayor crítica de Sánchez después de que el hoy presidente del Gobierno le ganará las primarias de 2017 por goleada y fue también una de las pocas voces del PSOE que pidió elecciones anticipadas tras la detención de Santos Cerdán en el verano de 2025.
Desde Almería no dudan de que “el daño que la exdirigente ha hecho al partido, el papel que juega hoy en su papel de tertuliana televisiva y su más que probada deslealtad es algo que la militancia no puede ni quiere olvidar”. Pero la dirección regional prefiere hablar de “tregua” para que Díaz “se sienta cómoda y no dé problemas”. La opinión mayoritaria, tomado el pulso de las ocho provincias, es que en las filas del partido habrá una paz orgánica simulada que llegará hasta el 17 de mayo, sea cual sea el resultado y que, a tenor de los sondeos, no parece que vaya a suponer un vuelco en favor del PSOE.
Cinco escaños que dependen de 15.000 votos
De entrada, la marca que lidera María Jesús Montero, que parte de 30 de 109 escaños –el peor resultado de su historia– reconoce que no sale a conquistar la primera posición, sino a aumentar el número de parlamentarios –sin concretar cuántos– y a que el PP de Juan Manuel Moreno pierda la mayoría absoluta. “Si Moreno gobernó la Junta con el peor resultado de la historia del PP en Andalucía, nada dice que Montero no pueda hacerlo”, se escucha en el equipo de la candidata, desde donde defienden que la movilización de toda la izquierda será decisiva, al igual que el reparto de los restos donde los últimos escaños se juegan en un puñado de votos en hasta cinco provincias. Este análisis coincide con el que maneja también el actual presidente autonómico. “Cinco escaños dependen de 15.000 votos”, ha afirmado Moreno, a quien beneficia en todo caso el estancamiento que las encuestas pronostican para Vox en la región, como ya ocurrió en Castilla y León.
La movilización en el caso del PSOE pasa por sacar de la apatía a los casi 400 alcaldes de la región, que además de no sentirse interpelados por esta convocatoria tampoco han visto con buenos ojos la confección de las listas electorales, especialmente en la provincia de Cádiz. Montero tuvo este viernes que modificar lo dispuesto por el comité provincial gaditano, que había reservado el primer puesto para Juan Cornejo, hijo del que fuera secretario de Organización de Susana Díaz, con Rocío Arrabal como número dos y Fernando López Gil en el tres. El Comité de Listas invirtió el orden para que López Gil encabezara la candidatura con escaño garantizado por la mañana y, por la tarde, los gaditanos doblaron el pulso al regional y se volvió a aceptar su propuesta inicial. Lo nunca visto en la historia del socialismo y que, según fuentes de la federación andaluza, es “un claro síntoma de debilidad de la dirección regional de Montero”.
El 17M tendrá también una indiscutible lectura nacional sobre la fortaleza o debilidad del PSOE, conceptos que históricamente fueron indisociables del latido electoral del sur. No en vano, Pedro Sánchez ha ordenado ya un desembarco de ministros, especialmente los de mayor perfil político, en la campaña de la que fue su vicepresidenta primera y hoy sigue al frente de la vicesecretaría general del PSOE. Tendrán así una presencia notable por el territorio Félix Bolaños, Óscar Puente, Óscar López, pero también acudirán a arropar a Montero Elma Sáiz, Diana Morant, Isabel Rodríguez, Luis Planas y Ana Redondo.
Presencia de Borrell, Almunia, Solana y Zapatero
Hasta siete ministros está previsto que participen de la agenda de campaña, además del presidente del Gobierno, que se prevé tenga presencia en las ocho provincias, si bien de momento están cerrados solo seis actos. Por otra parte, el equipo de campaña no piensa desaprovechar el “no a la guerra” que secunda una aplastante mayoría social y con esa intención trabaja en el diseño de un acto conjunto de la candidata y algunos referentes socialistas de la esfera internacional como Josep Borrell, Joaquín Almunia o Javier Solana, al que se sumará también José Luis Rodríguez Zapatero. En el diseño se ha incluido también un acto con todos los expresidentes de la Junta de Andalucía, desde Rafael Escuredo a Susana Díaz, si bien tanto el primer presidente autonómico que tuvo Andalucía como José Antonio Griñán atraviesan problemas de salud que, a día de hoy, les impiden confirmar su asistencia.
Todo con intención, explica el secretario de Organización del PSOE andaluz, Francisco Rodríguez, de “reivindicar el orgullo de una historia socialista que hizo posible los mayores niveles de progreso de esta comunidad y que el gobierno del PP está destruyendo de forma subliminal”. El avance de la ultraderecha en el mundo y sus consecuencias será uno de los ejes de la campaña, pero los socialistas andaluces quieren situar el foco, sobre todo, en el debilitamiento de la sanidad pública y la desviación de fondos públicos a la privada.
Moreno presume, por su parte, de no haber tenido en siete años de mandato una protesta de sanitarios como la que afectó a la izquierda en tiempos de los gobiernos socialistas con las mareas blancas. Aun así, la contratación de seguros médicos privados en la región ha crecido un 130% en los últimos seis años y un 23,7% de los andaluces cuenta con una póliza privada. Y estos son datos incontestablemente ligados a la percepción negativa de la sanidad y a las listas de espera.
Aunque el presidente de la Junta se sobrepuso de la crisis de los cribados del cáncer de mama, con una gestión acertada del accidente de Adamuz, ha visto esta semana cómo las asociaciones de víctimas le han reclamado que se investiguen las deficiencias en las emergencias el día de la tragedia. El asunto podría colarse en esta campaña, después de que los familiares de los fallecidos hayan desvelado un “caos técnico” que obligó a los gestores a usar sus teléfonos particulares y que la información sobre los heridos del Alvia no se incorpora al sistema hasta 43 minutos después del accidente.
Con todo, no hay señales que inviten a pensar en un cambio de signo político en la Junta y sí en que si el PSOE sale muy mal parado de las urnas el 17M, la derecha de Feijóo retomará su recurrente discurso sobre un anticipo electoral en España. Algo que, en La Moncloa, no contemplan. Lo lógico, coinciden varios ministros, es que si hubiera un sonoro batacazo, Sánchez intentase alejar lo más posible esa fecha de las generales. En la cabeza del presidente, de momento, no hay otra fecha que la de 2027. “Por encima de cualquier otra circunstancia [explican desde su círculo de confianza], Sánchez está convencido de que será el Gobierno de coalición quien reciba la última entrega de los Fondos Europeos, en diciembre de 2026”.
Y a partir de ahí, con el nuevo año, se verá. Eso sí, la presión de los alcaldes socialistas de toda España para que las generales se celebren antes que las municipales y autonómicas de 2027 no es algo baladí en el PSOE. De hecho, a tenor de lo que se escucha en los despachos ministeriales, empieza a ser una opción a tener en cuenta, y, en absoluto descartable para que Sánchez asuma –o no– antes que nadie el resultado y no ocurra lo que en 2023, cuando presidentes autonómicos y alcaldes recibieron el castigo por el desgaste del Gobierno de coalición con Podemos.
Si se abriera paso esa hipótesis y la convocatoria fuera en marzo, el anticipo sería mínimo y el presidente podría decir que llegó a 2027. Claro que eso sería en el caso de que el Gobierno tampoco encontrase apoyos para aprobar los Presupuestos Generales del próximo año. Hasta entonces, advierten en Moncloa, Montero sale a competir con el mismo espíritu que Sánchez en 2023: con todos los pronósticos en contra y su militancia desganada, pero dispuesta a darle la vuelta al marcador con “una campaña rompedora” y arropada por todo el Gobierno. Algo que en el territorio no terminan de ver y demandan “una estrategia de cirugía quirúrgica” donde se pelee por hasta el último votante de cada provincia que históricamente en elecciones autonómicas se queda en casa, pero en generales sí acude a las urnas.
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