Villarejo se enreda en la versión que mezcla su supuesta colaboración con el CNI y la fabricación de pruebas contra él

Pedro Águeda

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La tesis del comisario Villarejo según la cual actuó siempre como un agente encubierto, y en muchas ocasiones al servicio del CNI, encuentra especiales dificultades cuando se trata de justificar encargos que le realizaron empresarios en conflicto o miembros de la jet. Así ha quedado de manifiesto este martes, durante la segunda jornada de la declaración como acusado del comisario en el juicio por tres piezas del caso que lleva su nombre. Según Villarejo, las grabaciones que retratan el encargo de Juan Muñoz, marido de Ana Rosa Quintana, fueron realizadas por agentes del servicio de Inteligencia porque el CNI “tiene muchísimo interés en personajes tan relevantes y tan mediáticos” como la presentadora de televisión. 

La atribución de responsabilidades al Centro Nacional de Inteligencia en los delitos que se le atribuyen se mezcló esta sesión del juicio con la venganza que había anticipado el comisario contra el empresario Juan Muñoz por haber alcanzado un pacto con la Fiscalía que pasa por reconocer el encargo realizado a Villarejo. El hermano de Juan Muñoz requería a un antiguo socio que satisfaciera una deuda y éste se negaba aconsejado por un abogado, el exjuez Francisco Javier Urquía. Muñoz y su hermano recurrieron a Villarejo guiados por Ana Rosa Quintana, a quien el comisario dice ser amigo desde hace décadas. Se trata de la denominada pieza 'Pintor' de la causa que se sigue en la Audiencia Nacional.

Villarejo ofreció a los hermanos Muñoz un vídeo de 2006 en el que Urquía, antes de ser expulsado de la carrera judicial, aparecía consumiendo drogas en compañía de prostitutas. Además, la banda de Villarejo habría grabado de nuevo a Urquía en 2017, ya una vez recibió el encargo de los empresarios, tomando estupefacientes. La versión de Villarejo es que tanto en 2006 como en 2017, la grabación subrepticia de las imágenes corrió a cargo del CNI. Incluso ha llegado a decir que los dos detectives que se sientan igualmente en el banquillo y que, según los investigadores, contrató el comisario para la realización del vídeo más reciente, son agentes del servicio de Inteligencia. 

El CNI también habría sido el autor de las grabaciones a los empresarios realizándole el encargo, según el acusado. Al mismo tiempo, como asegura Villarejo del resto de audios incorporados a la causa, estas grabaciones también estarían manipuladas. En el momento de esa afirmación, el fiscal Miguel Serrano le ha preguntado cómo podía ser que el CNI colaborara con él y le entregara al tiempo grabaciones ya manipuladas. “Desconozco si siguiendo el método habitual ya me las daban editadas”, ha respondido Villarejo. 

Serrano ha incidido en las contradicciones del comisario. Este había asegurado que ya por entonces mantenía un enfrentamiento enconado con el CNI. “¿Cómo le va a dar grabaciones el CNI a usted si ya tenían desavenencias?”, ha preguntado el fiscal. “Una cosa es el director [Félix Sanz Roldán], con poca experiencia en Inteligencia, como se ha demostrado después, y otras con miembros del Centro que se han jugado la vida”, ha escapado el acusado.

Villarejo, según se ha encargado él de recordar varias veces, se juega siete años de cárcel solo por la pieza Pintor, mientras que el marido de Ana Rosa Quintana no entrará previsiblemente en prisión si es condenado finalmente a dos. Del pacto con la Fiscalía, el comisario no excluyó a su “amiga” Quintana, a juzgar por los ataques que ha proferido contra ella durante la vista. “Ana Rosa me dijo que tenía un problema su maridito con facturas falsas, que necesitaba dinero en efectivo para pagar la licencia de obras. Ayúdalo, me dijo”, ha relatado el policía jubilado. 

El término “maridito” lo empleaba la propia Quintana, según Villarejo, por el enfado que tenía con su esposo, el hermano de éste y el padre de ambos. “Y yo, idiota de mi, me echo en la mochila los problemas de mis amigos. Aquí el tema es muy claro: qui prodest, a quién beneficia. Qué ganaba yo. Porque mi amiga Ana Rosa me lo pidió, como me ha pedido muchísimas cosas. Y lamento que por la situación actual no pueda porque me hubiera gustado que compareciera”, ha dicho, en relación a la enfermedad que mantiene de baja a la presentadora. 

Con la tesis del “favor” a su “amiga” Ana Rosa Quintana, Villarejo trata de desmentir que hubiera un encargo a cambio de 20.000 euros, como aparece en las grabaciones. Entre otros favores que habría hecho a Quintana, Villarejo no ha dejado escapar la posibilidad de recordar el plagio de un libro de la presentadora que habría escrito en realidad su excuñado David Rojo.

En cuanto a la participación del CNI, Villarejo continuó en su línea: el servicio de Inteligencia tenía interés en ayudar a Ana Rosa Quintana porque ésta conocía una supuesta ‘Operación Gamba’ para atacar a la reina Letizia a través de presuntos correos de ésta con una tercera persona. El CNI también se fijo en Ana Rosa, según el relato genérico del comisario, por algún tipo de relación que habría tenido en el pasado la presentadora de Telecinco con el actual presidente del Gobierno. Villarejo no precisó más y el fiscal ha seguido fiel a ignorar todas las cuestiones introducidas con calzador por el comisario que no tienen relación con los hechos que se juzgan.

“Con los hijos no se juega”

Villarejo ha lanzado en varias ocasiones una advertencia en dirección al matrimonio de Juan Muñoz y Ana Rosa Quintana: “Con los hijos no se juega. Me parece una actitud mafiosa, gangsteril”. El comisario aludía a la afirmación de Muñoz en su declaración en el juicio asegurando que José Villarejo, hijo del policía, estuvo presente en una de las reuniones en las que se abordó el encargo. “Entró a enchufar un cable porque soy un torpe”, ha dicho el policía jubilado.

Según la Unidad de Asuntos Internos, José Villarejo Gil fue quien se encargó de colocar las cámaras que permitieron captar a Urquía con dos prostitutas y un ciudadano chileno en una fiesta privada en 2006. En una de las grabaciones incorporadas a la causa aparece Villarejo diciendo que hay que eliminar la voz de su hijo que aparece haciendo la prueba de voz antes de grabar. El comisario ha dicho hoy en el juicio que ese audio también está manipulado. 

La declaración de Villarejo ha estado salpicada de otras graves acusaciones sin pruebas, a las que el fiscal ni el tribunal han hecho el más mínimo caso, como cuando ha atribuido veladamente la responsabilidad del atentado yihadista en Barcelona en 2017 a Sanz Roldán, a través de la manipulación del “imán de Ripoll”. Según la afirmación de Villarejo, el entonces director del CNI “quería dar un pequeño susto a Catalunya” y cometió “un error”. En la jornada anterior, Villarejo intentó hacer creer que el trabajo que realizó para la adinerada familia García Cereceda también fue en colaboración con el CNI y por deseo de Felipe González.

El tribunal ha accedido a que Villarejo declare en las próximas sesiones solo por la mañana e irá intercalando el testimonio de otros acusados y testigos en algunas sesiones de tarde, como en el caso de la de hoy. El abogado de Villarejo defiende que sesiones como la de ayer, que finalizó a las 15:30, dejan al policía jubilado “extremadamente cansado” por sus problemas de salud. 

La tesis del comisario Villarejo según la cual actuó siempre como un agente encubierto, y en muchas ocasiones al servicio del CNI, encuentra especiales dificultades cuando se trata de justificar encargos que le realizaron empresarios en conflicto o miembros de la jet. Así ha quedado de manifiesto este martes, durante la segunda jornada de la declaración como acusado del comisario en el juicio por tres piezas del caso que lleva su nombre. Según Villarejo, las grabaciones que retratan el encargo de Juan Muñoz, marido de Ana Rosa Quintana, fueron realizadas por agentes del servicio de Inteligencia porque el CNI “tiene muchísimo interés en personajes tan relevantes y tan mediáticos” como la presentadora de televisión. 

La atribución de responsabilidades al Centro Nacional de Inteligencia en los delitos que se le atribuyen se mezcló esta sesión del juicio con la venganza que había anticipado el comisario contra el empresario Juan Muñoz por haber alcanzado un pacto con la Fiscalía que pasa por reconocer el encargo realizado a Villarejo. El hermano de Juan Muñoz requería a un antiguo socio que satisfaciera una deuda y éste se negaba aconsejado por un abogado, el exjuez Francisco Javier Urquía. Muñoz y su hermano recurrieron a Villarejo guiados por Ana Rosa Quintana, a quien el comisario dice ser amigo desde hace décadas. Se trata de la denominada pieza 'Pintor' de la causa que se sigue en la Audiencia Nacional.

Villarejo ofreció a los hermanos Muñoz un vídeo de 2006 en el que Urquía, antes de ser expulsado de la carrera judicial, aparecía consumiendo drogas en compañía de prostitutas. Además, la banda de Villarejo habría grabado de nuevo a Urquía en 2017, ya una vez recibió el encargo de los empresarios, tomando estupefacientes. La versión de Villarejo es que tanto en 2006 como en 2017, la grabación subrepticia de las imágenes corrió a cargo del CNI. Incluso ha llegado a decir que los dos detectives que se sientan igualmente en el banquillo y que, según los investigadores, contrató el comisario para la realización del vídeo más reciente, son agentes del servicio de Inteligencia. 

El CNI también habría sido el autor de las grabaciones a los empresarios realizándole el encargo, según el acusado. Al mismo tiempo, como asegura Villarejo del resto de audios incorporados a la causa, estas grabaciones también estarían manipuladas. En el momento de esa afirmación, el fiscal Miguel Serrano le ha preguntado cómo podía ser que el CNI colaborara con él y le entregara al tiempo grabaciones ya manipuladas. “Desconozco si siguiendo el método habitual ya me las daban editadas”, ha respondido Villarejo. 

Serrano ha incidido en las contradicciones del comisario. Este había asegurado que ya por entonces mantenía un enfrentamiento enconado con el CNI. “¿Cómo le va a dar grabaciones el CNI a usted si ya tenían desavenencias?”, ha preguntado el fiscal. “Una cosa es el director [Félix Sanz Roldán], con poca experiencia en Inteligencia, como se ha demostrado después, y otras con miembros del Centro que se han jugado la vida”, ha escapado el acusado.

Villarejo, según se ha encargado él de recordar varias veces, se juega siete años de cárcel solo por la pieza Pintor, mientras que el marido de Ana Rosa Quintana no entrará previsiblemente en prisión si es condenado finalmente a dos. Del pacto con la Fiscalía, el comisario no excluyó a su “amiga” Quintana, a juzgar por los ataques que ha proferido contra ella durante la vista. “Ana Rosa me dijo que tenía un problema su maridito con facturas falsas, que necesitaba dinero en efectivo para pagar la licencia de obras. Ayúdalo, me dijo”, ha relatado el policía jubilado. 

El término “maridito” lo empleaba la propia Quintana, según Villarejo, por el enfado que tenía con su esposo, el hermano de éste y el padre de ambos. “Y yo, idiota de mi, me echo en la mochila los problemas de mis amigos. Aquí el tema es muy claro: qui prodest, a quién beneficia. Qué ganaba yo. Porque mi amiga Ana Rosa me lo pidió, como me ha pedido muchísimas cosas. Y lamento que por la situación actual no pueda porque me hubiera gustado que compareciera”, ha dicho, en relación a la enfermedad que mantiene de baja a la presentadora. 

Con la tesis del “favor” a su “amiga” Ana Rosa Quintana, Villarejo trata de desmentir que hubiera un encargo a cambio de 20.000 euros, como aparece en las grabaciones. Entre otros favores que habría hecho a Quintana, Villarejo no ha dejado escapar la posibilidad de recordar el plagio de un libro de la presentadora que habría escrito en realidad su excuñado David Rojo.

En cuanto a la participación del CNI, Villarejo continuó en su línea: el servicio de Inteligencia tenía interés en ayudar a Ana Rosa Quintana porque ésta conocía una supuesta ‘Operación Gamba’ para atacar a la reina Letizia a través de presuntos correos de ésta con una tercera persona. El CNI también se fijo en Ana Rosa, según el relato genérico del comisario, por algún tipo de relación que habría tenido en el pasado la presentadora de Telecinco con el actual presidente del Gobierno. Villarejo no precisó más y el fiscal ha seguido fiel a ignorar todas las cuestiones introducidas con calzador por el comisario que no tienen relación con los hechos que se juzgan.

“Con los hijos no se juega”

Villarejo ha lanzado en varias ocasiones una advertencia en dirección al matrimonio de Juan Muñoz y Ana Rosa Quintana: “Con los hijos no se juega. Me parece una actitud mafiosa, gangsteril”. El comisario aludía a la afirmación de Muñoz en su declaración en el juicio asegurando que José Villarejo, hijo del policía, estuvo presente en una de las reuniones en las que se abordó el encargo. “Entró a enchufar un cable porque soy un torpe”, ha dicho el policía jubilado.

Según la Unidad de Asuntos Internos, José Villarejo Gil fue quien se encargó de colocar las cámaras que permitieron captar a Urquía con dos prostitutas y un ciudadano chileno en una fiesta privada en 2006. En una de las grabaciones incorporadas a la causa aparece Villarejo diciendo que hay que eliminar la voz de su hijo que aparece haciendo la prueba de voz antes de grabar. El comisario ha dicho hoy en el juicio que ese audio también está manipulado. 

La declaración de Villarejo ha estado salpicada de otras graves acusaciones sin pruebas, a las que el fiscal ni el tribunal han hecho el más mínimo caso, como cuando ha atribuido veladamente la responsabilidad del atentado yihadista en Barcelona en 2017 a Sanz Roldán, a través de la manipulación del “imán de Ripoll”. Según la afirmación de Villarejo, el entonces director del CNI “quería dar un pequeño susto a Catalunya” y cometió “un error”. En la jornada anterior, Villarejo intentó hacer creer que el trabajo que realizó para la adinerada familia García Cereceda también fue en colaboración con el CNI y por deseo de Felipe González.

El tribunal ha accedido a que Villarejo declare en las próximas sesiones solo por la mañana e irá intercalando el testimonio de otros acusados y testigos en algunas sesiones de tarde, como en el caso de la de hoy. El abogado de Villarejo defiende que sesiones como la de ayer, que finalizó a las 15:30, dejan al policía jubilado “extremadamente cansado” por sus problemas de salud. 

La tesis del comisario Villarejo según la cual actuó siempre como un agente encubierto, y en muchas ocasiones al servicio del CNI, encuentra especiales dificultades cuando se trata de justificar encargos que le realizaron empresarios en conflicto o miembros de la jet. Así ha quedado de manifiesto este martes, durante la segunda jornada de la declaración como acusado del comisario en el juicio por tres piezas del caso que lleva su nombre. Según Villarejo, las grabaciones que retratan el encargo de Juan Muñoz, marido de Ana Rosa Quintana, fueron realizadas por agentes del servicio de Inteligencia porque el CNI “tiene muchísimo interés en personajes tan relevantes y tan mediáticos” como la presentadora de televisión. 

La atribución de responsabilidades al Centro Nacional de Inteligencia en los delitos que se le atribuyen se mezcló esta sesión del juicio con la venganza que había anticipado el comisario contra el empresario Juan Muñoz por haber alcanzado un pacto con la Fiscalía que pasa por reconocer el encargo realizado a Villarejo. El hermano de Juan Muñoz requería a un antiguo socio que satisfaciera una deuda y éste se negaba aconsejado por un abogado, el exjuez Francisco Javier Urquía. Muñoz y su hermano recurrieron a Villarejo guiados por Ana Rosa Quintana, a quien el comisario dice ser amigo desde hace décadas. Se trata de la denominada pieza 'Pintor' de la causa que se sigue en la Audiencia Nacional.