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Celestino Alfonso, un español comunista entra en el Panteón como héroe antifascista en Francia

El comunista español Celestino Alfonso distinguido simbólicamente en el Panteón de Francia.

Amado Herrero

París —

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Republicano, comunista, combatiente contra el fascismo en la Guerra Civil Española y en la Segunda Guerra Mundial, Celestino Alfonso se ha convertido esta semana en el primer español en ser homenajeado en el Panteón de París. Su nombre ha quedado inscrito en el templo dedicado a honrar a los grandes personajes que han marcado la historia de Francia –junto al de sus 23 compañeros en la Resistencia contra la ocupación nazi en territorio francés– a la entrada de la cripta donde reposarán los restos del líder del grupo, Missak Manouchian, y los de su mujer, Mélinée.

Ochenta años después de la ejecución de estos combatientes comunistas, en su mayoría extranjeros, Francia los ha convertido en héroes de la nación. Armenios, italianos, polacos, húngaros, un rumano y un español, todos ellos “franceses de esperanza”, de acuerdo con la expresión utilizada por Emmanuel Macron, dispuestos a dar la vida por la libertad y su patria de adopción, que les olvidó durante mucho tiempo de su memoria colectiva.

Ha hecho falta que el polvo de la memoria se disperse para que la Historia pueda construirse. Y 80 años después ha llegado el momento

Jean-Pierre Sakou, Presidente del comité para la entrada en el Panteón de Missak Manouchia

“La historia es un proceso largo y la historia de los comunistas en la Resistencia y, de manera general, desde la Segunda Guerra Mundial, es particularmente compleja en Francia: el pacto germano-soviético de 1941 (que no acataron los comunistas extranjeros que eran ante todo antifascistas), el estalinismo, los enfrentamientos entre gaullistas y comunistas en la postguerra...”, explicó este miércoles Jean-Pierre Sakou, presidente del comité para la entrada en el Panteón de Missak Manouchian. “Ha hecho falta que el polvo de la memoria se disperse para que la Historia pueda construirse. Y 80 años después ha llegado el momento”.

El papel de los republicanos españoles

Celestino Alfonso no llegó a cumplir los 28 años. Nació en 1916 en Ituero de Azaba, provincia de Salamanca. En 1927, su familia emigró a Francia y se instaló en Ivry-sur-Seine, cerca de París. Miembro de las Juventudes Comunistas, al estallar la guerra en España se alistó en las Brigadas Internacionales para combatir por la República en su país natal.

En febrero de 1939 volvió a cruzar la frontera, obligado a exiliarse, como otros cientos de miles de republicanos españoles en los últimos meses de la guerra. Internado en un campo de refugiados cerca de Argelès-sur-Mer, a su regreso a París participó activamente en la sección española del Partido Comunista, en la clandestinidad, hasta que en 1943 entró en contacto con Missak Manouchian y su red, una de los más activas de la Resistencia.

Con el nombre en clave de Pierrot, Alfonso se unió a un equipo de operaciones especiales del FTP-MOI (Franco-tiradores y partisanos - Mano de obra inmigrante) y participó directamente en varias acciones, incluido el asesinato de Julius Ritter, alto mando de las SS, en septiembre de ese mismo año. Poco después fue detenido y en febrero de 1944 fusilado, junto a 21 hombres de su grupo, incluido Missak Manouchian. La única mujer, Olga Bancic, fue decapitada en Alemania en mayo de 1944.

La historiadora Geneviève Dreyfus-Armand relata en La Résistance en Île-de-France que, cuando el presidente del tribunal que lo juzgó mencionó que había servido en el “Ejército Rojo español”, Alfonso le corrigió diciendo: “en el ejército de la República, señor Presidente”.

“El exilio que siguió a la Guerra Civil española en 1939 propició la llegada de 475.000 españoles y voluntarios de las Brigadas Internacionales, que contribuyeron de forma esencial a la lucha armada bajo la ocupación alemana”, recordaba hace unos días el historiador Denis Peschanski en una entrevista en Le Monde. “Es hora de subrayar el papel esencial que desempeñaron en la lucha contra las fuerzas de ocupación todos los resistentes comunistas de las FTP-MOI -judíos polacos, españoles, italianos, armenios, etc.- que, huyendo del fascismo o del nazismo, tomaron las armas”.

'El cartel rojo'

Horas antes de su ejecución, Celestino Alfonso escribió una carta a sus padres, a su mujer y a su hijo. “Hoy, a las 3, me van a fusilar. Sólo soy un soldado que muere por Francia. Os pido que seáis valientes como yo lo he sido: no me tiembla la mano, sé por qué muero y estoy muy orgulloso”. Una frase evocada por Emmanuel Macron en su discurso durante la ceremonia del miércoles.

Al terminar la guerra, en la localidad en la que se instaló al llegar a Francia, Ivry-sur-Seine, se le dio su nombre a una calle. Y el Ayuntamiento de París acaba de anunciar que próximamente será inaugurado un paseo Celestino Alfonso en el 13º distrito de la capital, en el que el joven español vivía con su mujer y su hijo.

Si bien el nombre de los resistentes del grupo de Manouchian era mucho menos conocido que el de otros héroes de la resistencia, en cierto sentido ya formaban parte de la cultura popular francesa. El rostro de Alfonso y el de varios de sus compañeros se incluyeron en un cartel distribuido por la propaganda alemana durante el juicio, junto a los crímenes de los que se les acusaba. En el caso de Celestino Alfonso aparece acompañado del texto: “Alfonso, rojo español, siete atentados”.

Pero al pretender señalarlos, la propaganda nazi los convirtió en símbolos: la canción L’affiche rouge de Léo Ferré, que puso música a un poema escrito por Louis Aragon, inmortalizó a este grupo de resistentes.

Presencia de Marine Le Pen

Por otro lado, la presencia de la líder de la ultraderecha francesa, Marine Le Pen, en la ceremonia de entrada al Panteón de los resistentes comunistas generó malestar entre las familias de los homenajeados, incluyendo la de Celestino Alfonso. En un texto publicado el martes en el periódico L'Humanité los familiares explican que “la historia y los valores de su partido están en contradicción con la lucha de los resistentes del FTP-MOI [...] En un momento en que la Agrupación Nacional (antiguo Frente Nacional) cuestiona el derecho de suelo, la presencia de representantes de este partido sería un insulto a la memoria de quienes derramaron su sangre en suelo francés. No queremos participar en la estrategia de normalización de un partido xenófobo y racista”.

Le Pen disponía de una invitación protocolaria en calidad de presidenta del grupo parlamentario de la AN. No obstante, la semana pasada en una situación similar había decidido no acudir al homenaje oficial al antiguo ministro de Justicia e impulsor de la abolición de la pena de muerte, Robert Badinter, después de que la familia así se lo solicitase.

Pero si bien Marine Le Pen no ha mostrado particular interés en ser asociada a la abolición de la pena de muerte (de la que se ha declarado favorable, “a título personal”) desde hace unos años la hija de Jean-Marie Le Pen intenta reivindicar la herencia de figuras de la Resistencia o la del general de Gaulle, durante mucho tiempo denostadas por su padre.

Su presencia también había sido desaconsejada por el presidente Macron debido, declaro, “a los combates que llevaron a cabo Manouchian y sus compañeros” y ha sido duramente criticada por los partidos de izquierda, especialmente el Partido Comunista. Su secretario nacional, Fabien Roussel, recordó el miércoles que el partido de Le Pen, antes llamado Frente Nacional, fue “fundado por su padre y, entre otros, por Pierre Bousquet, un antiguo oficial de las Waffen-SS”.

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