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Análisis

Los datos que demuestran que hombres y mujeres tienen una idea distinta del consentimiento sexual

La
24 de junio de 2026 22:00 h

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Es uno de los conceptos que más ha aparecido en el debate público de la última década: el consentimiento. En la España de 'la manada', de la ley del 'solo sí es sí' y del beso forzado de Rubiales, la conversación sobre qué es el consentimiento ha avanzado con rapidez y ha generado, también, arduas resistencias. Sin embargo, teoría y práctica no siempre van de la mano, como tampoco la manera en la que mujeres y hombres interiorizan y viven el consentimiento. Los datos de la Encuesta de Salud Sexual publicada hace unos días muestran una clara brecha de género en cómo unas y otros entienden el concepto clave sobre el que se sostiene la libertad sexual.

Frente al 30% de mujeres que afirma haberse sentido obligada a hacer algo que no quería en una relación sexual, solo el 13,6% de los hombres identifica haber forzado a su pareja sexual. La encuesta, que no se hacía desde 2009, muestra que algo más de la mitad de los hombres —un 54,3%— cree que, una vez iniciado un encuentro sexual, hay que terminarlo si uno de los dos quiere, algo con lo que solo está de acuerdo el 36,6% de mujeres.

La sexóloga Sonia Encinas subraya que si no entendemos el consentimiento con perspectiva de género seguimos reproduciendo una idea obsoleta de lo que es, una idea que está profundamente relacionada con los estereotipos machistas sobre qué se espera de una mujer y qué de un hombre. De hecho, a día de hoy, dice Encinas, seguimos entendiendo el consentimiento “como una acción que tiene que ver con el sí o el no de las mujeres porque desde el estereotipo de la masculinidad se entiende que por parte de los hombres siempre hay disponibilidad y que depende de ellas decidir”. La educación patriarcal pone en los hombres la expectativa de que siempre sean activos y deseantes, mientras que de las mujeres se espera pasividad y discreción.

La encuesta del CIS preguntaba a quienes encuestaba su grado de aceptación de esta frase: “Algunas personas necesitan que se les insista para tener relaciones sexuales”. El 27,6% de los hombres está muy de acuerdo o bastante de acuerdo con ella, mientras que entre las mujeres ese porcentaje es del 20%.

“A nivel teórico tenemos más claro lo que significa el consentimiento —que no es no, o que solo sí es sí— pero en la práctica hay hombres que en un 'no' entienden un 'quizá', porque han aprendido que las mujeres de primeras siempre van a decir que no y que para conseguir un sí hay que insistir”, explica Sonia Encimas. La masculinidad enseña que los hombres 'de verdad' siempre quieren sexo y que pueden utilizar estrategias para conseguirlo. La feminidad prototípica dice que decir sí desde el principio o ser asertivas sexualmente no es propio de 'buenas' mujeres.

“Si nos quedamos solo con la práctica del sí o el no y no vemos qué hay detrás que orienta a cada persona hacia ese sí o hacia ese no, cuáles son las motivaciones, nos estamos perdiendo una parte importante del consentimiento. Hay veces que las mujeres dicen que sí sin que realmente les apetezca algo y eso, en mi experiencia como terapeuta, tiene que ver con varias cosas. Por ejemplo, con que las consecuencias de decir que no son más insostenibles que decir que sí aunque en realidad no quieras eso. Porque quizá sabemos que si decimos que sí aunque no nos apetezca, después el otro estará más cariñoso. O evitaremos prácticas que son violencia como que el otro nos retire la palabra o el afecto. También tiene que ver con que, desde la educación de género, las mujeres entendemos que va a haber más tranquilidad en la pareja, que hemos asumido que es nuestra responsabilidad satisfacer a nuestras parejas hombres para que se queden a nuestro lado”, explica Sonia Encinas.

Cómo se entiende el sexo

El investigador especializado en masculinidades Lionel Delgado, que acaba de publicar Tristes y salvajes. Políticas del deseo más allá de la manosfera (Ariel), considera preocupante que haya tantos hombres que crean que una relación sexual ha de llevarse hasta el final, aunque una de las dos personas cambie de idea en algún momento. “Más allá de reflejar que muchos hombres aún creen que las mujeres les deben sexo, podemos reflexionar sobre qué nos dice esto de cómo los hombres entienden las relaciones sexuales. En mi experiencia, los hombres ven en el sexo un intercambio más, se le quita peso... por eso también la facilidad del intercambio sexual en relaciones entre hombres”, comenta.

“Hay una diferencia radical en la manera de percibir la sexualidad en hombres y mujeres que tiene que ver con la socialización de género. Las mujeres están sometidas a un contexto de violencia y dominación, más expuestas a sexo poco satisfactorio o situaciones desagradables. En los hombres se inculca más una disociación sexual, no piensan tanto si disfrutan su sexualidad o no, si tienen una sexualidad que les gusta, si les gustaría hacer otra cosa...”, prosigue Delgado. Esa disociación aleja a los hombres de percibir y reflexionar sobre lo que quieren y les pasa a ellos, pero también sobre lo que hacen y les pasa con otras personas.

“El imperativo masculino de que los hombres tenemos que tener siempre ganas de follar hace que ni siquiera nos planteemos tanto si queremos o no o qué queremos. Profundizamos menos y eso influye también sobre la percepción de las agresiones o la identificación de las experiencias propias”, añade Delgado.

La sexóloga Sonia Encinas, autora de Sexo afectivo (Montena), ve imprescindible transformar la idea preconcebida de la disponibilidad sexual masculina constante “y la creencia de que el sexo es algo que ellos necesitan y que ellas deben cubrir esa necesidad”. “Esa idea impacta en el consentimiento porque influye en lo que las mujeres creen que pasa si dicen sí o no. Tenemos que cambiar también la creencia de que la parte propositiva es siempre la masculina y la pasiva, la femenina”, dice Encinas, que remarca que consentir tiene que ver, no solo con decidir tener sexo, sino con el sexo que se tiene o con las prácticas que se hacen.

Por todo ello, el 30% de mujeres que afirman haberse sentido obligadas a hacer algo que no querían no le sorprende a la sexóloga: “Si ellos lo entienden casi como un derecho, como que un sí ya es un sí para todo, sin entrar a la complejidad del consentimiento y de un encuentro corporal, y nosotras lo sentimos casi como nuestra obligación, al final hay mucha dificultad para autorreconocernos en estas vivencias”. Encinas cree que hay que poner más el foco en qué sucede para que haya tantas personas que puedan tener relaciones sexuales aun notando la incomodidad de la otra, pasándola por alto, o sin 'ver' a la persona con la que están interactuando.

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