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Altruismo de madre: donantes de leche

Sònia, que ha sido receptora y donante de leche materna, junto a su hija ayer en Barcelona.

Prado Campos

Sònia Sialo nunca había oído hablar de la donación de leche materna. Por eso, cuando hace cinco meses tuvo a su segunda hija, Yaiza, en el sexto mes y medio de gestación no sabía de qué le estaban hablando. La niña tuvo problemas con la placenta y el cordón umbilical y un fallo de crecimiento severo, pesó 750 gramos al nacer y una de las principales preocupaciones de su madre era saber si podría darle el pecho o no.

“Cuando me dijeron que tenía que nacer me empecé a preguntar cómo la iba a alimentar. Era una de mis angustias. Cómo iba a mamar si yo no tenía leche ni ella tenía fuerza. Me quedé alucinada cuando me dijeron que le darían, hasta que me subiera la leche, leche materna donada. Fue un respiro porque en esos momentos todo es una incertidumbre, los nervios, el hospital...”, rememora desde Barcelona.

Como ella, pocas madres son las que conocen la posibilidad de donar leche materna. Es algo altruista, como la donación de sangre, y fundamental para el desarrollo de los bebés prematuros extremos. Ellos son sus principales receptores, niños que pensan al nacer entre 800 gramos y 1,5 kg. o tienen 32 semanas o menos, y siempre bajo prescripción médica.

España cuenta con siete bancos de leche materna, ya sean comunitarios u hospitalarios (el más antiguo es del Baleares, al que se suman los de los hospitales 12 de Octubre de Madrid, la Fe de Valencia, los de Granada, Aragón, Extremadura y Barcelona) mientras que en Europa hay más de 200 (el primero se creó en Viena hace un más de un siglo) y Latinoamérica cuentan con unos 300 (solo en Brasil hay registrados 200).

Al igual que Yaiza, el año pasado 1.154 bebés prematuros (nacen al año alrededor de 30.000 en todo el país) se beneficiaron de la donación de 1.020 madres que cedieron casi 4.000 litros de leche. Y ayer, en el Palau Robert de Barcelona, Yaiza y su madre pudieron conocer a otras madres donantes o receptoras y a sus hijos en el primer Encuentro de Hermanos Leche, impulsado por iniciativa de una madre donante y para conmemorar los tres años de vida del Banco de Leche Materna de Cataluña y el Día Internacional de la Donación de Leche Materna que se celebra hoy.

Momentos fundamentales

“Mi hija nació el miércoles 11 de diciembre y desde el primer momento le empezaron a dar leche materna con una sonda nasogástrica. Yo comencé con masajes y máquinas, el viernes comencé a tener un poco de leche y el sábado ya le dí de la mía. En mi caso fueron dos días pero dos días fundamentales para la vida de mi hija”, explica Sònia.

“Para este tipo de niños lo mejor es la leche humana porque contiene defensas y una inmunoglobulina que refuerza estómago para evitar una enfermedad habitual en prematuros llamada enterocolitis necrosante. Lo mejor es que reciban leche de la propia madre, pero si esta no pudiera bien porque no tiene suficiente leche, por una enfermedad o por el shock de la situación, se la prescribe el neonatólogo hasta que pase el riesgo de esa enfermedad”, explica Gemma Valeta, directora del Banco de Leche Materna de Barcelona, un servicio del Banc de Sang i Teixits. De hecho, añade Sònia, su hija tuvo esa enfermedad “y fue muy leve porque fue alimentada con leche materna desde el principio”.

Cuando Sònia y su hija se fueron a casa tras dos meses y medio en el hospital, cuenta, fue ella la que decidió hacerse donante. Comenzó en febrero y aún sigue. “Tenía mucha cantidad de leche, Yaiza comía muy poco porque le costaba tolerar la alimentación y como me sobraba, empecé a almacenarla en bolsas. Con una vez que me sacara leche ella comía todo el día y el resto me sobraba así que decidí hacerme donante. La primera vez tenía cuatro cajones del congelador llenos de botes”, explica.

Además de su propia experiencia y que la cantidad de leche que producía le daba de sobra para alimentar a su hija, Sònia destaca el aspecto emocional y la facilidad de la donación de leche. “Ves a tu hija en la cunita con el resto de niños, haces amistad con los padres y sabes que todos los que están ahí la necesitan”, agrega.

Cómo donar: Fácil y gratificante

Cualquier madre que esté en proceso de lactancia puede convertise en donante. Para ello, simplemente tiene que acudir a uno de los bancos de leche y, tras una analítica y comprobar que no tiene ninguna enfermedad y sus hábitos alimenticios y saludables son correctos, “le damos un kit de donación con un sacaleches y varios botes con pegatinas. Cada bote se llena durante 24 horas conservando la leche en la nevera y al pasar el día, se congela. Cuando la mamá tenga varios, llama al Banco de Leche y nosotros pasamos a por ella en la casa del donante en cualquier parte de Cataluña”, describe Valeta.

“Una vez en el Banco de Leche nos aseguramos de que es apta para los bebés. Se analizan virus y bacterias así como los componentes nutricionales y se pasteuriza para ir suministrándola a los hospitales según la demanden”, prosigue.

Pilar Mascó, de Guissona (Lleida), siempre ha donado sangre. En marzo del año pasado fue madre de Nahia y como no podía donar sangre y tampoco su situación económica le permitía dar dinero a alguna causa, cuenta, se decidió por la donación de leche materna. “No me lo pensé dos veces. Me habló de ello la matrona y fui a hospital al informarme. Quería hacerlo. Es muy fácil ayudar a esas personitas que lo necesitan. Y ya sabes lo que dicen, que cuando nace un bebé también nace una madre”, dice.

Ha estado alrededor de medio año donando y se acaba de dar de baja porque su hija ya tiene 14 meses. Ese es otro de los hándicaps de la donación, aunque aumenta progresivamente el número de madres que donan leche materna es necesario seguir incrementando su número para satisfacer las necesidades de los bebés.

La primera vez que aparecieron por la casa de Pilar 'los del Banco de Leche' se llevaron 10 botes de 240 mm. y la segunda, 20 de 150 mm. “Había días que llenaba dos botes. Tuve que llevarlos a congelar hasta a casa de mis padres porque también tenía la de mi hija cuando estaba trabajando”, recuerda entre risas. Pero lo que más insiste en destacar son, además del trato, las facilidades y comodidad de la donación.“La gente no sabe que tiene esta oportunidad. Y es magnífica. Es sacrificado, claro. Yo me fui de vacaciones con el sacaleches y los botes pero es más gratificante ayudar a niños que lo necesitan”, asegura.

Y Sònia coincide con ella: “Le diría a las madres que probaran una vez. Casi todas cuando empezamos a trabajar comenzamos también a guardar leche para nuestros hijos. Si en vez de una vez lo puedes hacer dos, una guardas y la otra la donas siempre que tengas las necesidades de tu bebé cubiertas. Implica sacrificio y más si tardan en mamar pero es muy gratificante”.

Ambas abogan por la necesidad de que se conozca más este tipo de donanción tan imprescindible para muchos bebés. “En el pueblo me preguntaban que por qué lo hacía y cuánto cobraba. Pensaban que era algo como la donación de óvulos o así y les costaba entender que diera mi leche altruistamente”, remacha Pilar.

Ese es el reto también para los profesionales, confirma Gemma Valeta. “Nosotros llevamos tres años y cada vez tenemos más presencia y más donantes en Cataluña pero la dificultad está en que las donantes solo lo hacen por un tiempo, entre tres y seis meses por norma general, por lo que constantemente necesitamos llegar a las madres que inician la lactancia materna de su propio niño para que se hagan donantes”, cuenta.

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