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Un estudio publicado en 'The Lancet' muestra acoso y sexismo generalizado en hospitales y centros de salud en España

Ilustración sobre el acoso en el sector de salud.

María Ramírez

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“Hombres que se creían con derecho a decir o hacer cualquier cosa dando por supuesto que nadie les iba a rechistar, y que incluso se les iba a reír la gracia”. Un enfermero de guardia que “no deja salir” a su colega de una habitación y hace “preguntas personales a un palmo demasiado cerca”. Un médico que abraza y besa el cuello de una enfermera y luego dice que se ha “equivocado de persona”. Un directivo de una institución internacional de salud que le da “un pico no consentido después de una cena” a una colega al despedirse. Un hombre a punto de jubilarse que encierra a una joven en un sótano y le dice “ahora tenemos un ratito para pasarlo bien”. 

Son algunos de los testimonios recogidos por la asociación Mujeres en Salud Global de España (WGH, por las siglas en inglés de la organización asociada a la Organización Mundial de la Salud), un grupo de académicas, médicas y otras expertas en salud y que ha publicado este viernes en la edición europea de la revista académica The Lancet sus primeras conclusiones de un estudio con testimonios de acoso y abuso sexual en hospitales, centro de salud, universidades y otras instituciones de salud. 

El proyecto está coordinado por Helena Legido-Quigley, catedrática y experta en salud global del Imperial College en Londres, y Montserrat Gea-Sánchez, investigadora principal del Grupo de Investigación en Cuidados de salud del IRBLleida. La idea nació inspirada por el movimiento #SeAcabó y el ejemplo de Jenni Hermoso y las jugadoras de la selección española de fútbol, que citan varias de las mujeres que han aportado sus historias. Legido-Quigley y Gea-Sánchez han trabajado con otras académicas españolas: Blanca Paniello Castillo, Elena González-Rojo, Thaïs González-Capella, Neus Rosell Civit y Ana Bernal-Triviño, co-autoras del artículo publicado en la revista especializada.

A finales de agosto, a través de sus redes públicas y privadas, las expertas compartieron un formulario y recogieron durante 13 días 345 testimonios de 251 personas que trabajan o han trabajado en el sector de la salud en España. Las mujeres que han aceptado compartir su testimonio están identificadas por las autoras aunque no hayan querido publicar su nombre y las personas e instituciones de las que hablan. La segunda fase del estudio consiste en entrevistar a una treintena de manera más detallada, pero la agregación de los testimonios ya ha permitido llegar a algunas conclusiones sobre el patrón de los casos de abuso y acoso sexual denunciados.

“Nuestro análisis de las respuestas de las participantes sugiere que pese a la legislación, los lugares de trabajo de la academia y el cuidado médico todavía albergan ambientes donde el sexismo es generalizado con protección legal ineficaz para las víctimas”, escriben las autoras en Lancet

La mayoría de las personas que comparten sus historias dice que no informó a las instituciones por miedo o por aceptación de que era lo normal, y una parte que reportó lo sucedido se queja de que no hubo consecuencias. Comentan que no sólo los colegas, sino también las autoridades de las instituciones donde trabajaban las desanimaron a quejarse. También destacan su preocupación por “no ser tomadas en serio” y por “las repercusiones potenciales para sus carreras”.

Desequilibrio de poder

El 40% de los testimonios que han recogido las académicas sugiere un desequilibrio de poder marcado: “Mujeres en posiciones precarias en el sector de la salud y la academia, médicas junior, enfermeras, estudiantes, asistentes de investigación” que cuentan casos de acoso y abuso por parte de jefes de departamento, directores, tutores y profesores, “hombres significativamente mayores con poder en estructuras jerárquicas rígidas”. 

El abuso más repetido es el verbal con comentarios humillantes o incómodos, pero también casi igual de prevalente es el abuso físico, sobre todo en hospitales y centros de salud y que incluye “tocamientos, manoseos, besos y abrazos no deseados”. 

“Mientras preparaba medicación en un control de enfermería de espaldas a la puerta, un médico me abrazó por detrás mientras pegaba su rostro a mi cuello y me besaba y, al reaccionar yo de mala manera, se rió afirmando que se había equivocado de persona”, escribe una mujer que ha compartido detalles de su experiencia con las investigadoras.

Habitualmente, los testimonios incluyen varios ejemplos a lo largo de las carreras de las mujeres en diferentes centros y con diferentes personas.

Una enfermera acostumbrada a hacer guardias y sustituciones en varios lugares cuenta varias experiencias de acoso en centros sanitarios pequeños. “Un día pasé la consulta de ginecología en un centro de especialidades junto a un ginecólogo... Yo llevaba un piercing en la ceja. Al finalizar la consulta, y después de ver un par de comentarios del ginecólogo a alguna paciente que me parecieron algo fuera de lugar, al quedarnos solos, me preguntó si llevaba más piercings en el cuerpo, concretamente en zonas que le interesaban ‘profesionalmente’ como en los pezones o el clítoris, que quería hacer un estudio y buscaba poder hacer fotos”. La enfermera le dijo que “no” y le reprobó su comportamiento con ella y con las pacientes. “Por supuesto lo puse en conocimiento de la coordinación del centro. Pero claro, solo sirvió para mi desahogo, nada más”, escribe.

“Siendo jovencita un hombre a punto de jubilarse de la institución para la que trabajaba me encerró en el sótano y me dijo ‘ahora tenemos un ratito para pasarlo bien tú y yo’. Me asusté mucho y pude salir corriendo”, cuenta otra mujer. También relata la reacción de otros jefes cuando se quejó: “Me dijeron ‘él es así, en realidad no te va a hacer nada, ya lo hemos hablado muchas veces con él, no cambia’”.

El silencio

A menudo se repite el patrón de mujeres que callan o que incluso se sienten culpables. “He visto cómo esas mujeres, que se han sentido incómodas ante estos comportamientos, casi siempre callaban por vergüenza, (como si ellas hubieran hecho algo que justificase estas actuaciones) o por miedo a las consecuencias en caso de protestar. He visto a compañeros y compañeras disculpar e incluso defender estos comportamientos, ‘él es así, no es para tanto’ normalizando estas actitudes intolerables”, cuenta una persona que habla de una experiencia de “lustros” trabajando en el ámbito de la salud. 

Las autoras del artículo en Lancet hacen recomendaciones como promocionar el equilibro de género y la diversidad en el liderazgo de las instituciones, aplicar políticas de prevención más allá de los protocolos de igualdad que ya existen y formar sobre acoso a las personas nuevas que se incorporan. “Buscamos erradicar el abuso de poder y sexual, estableciendo un ambiente seguro, respetuoso y propicio para el bienestar de todas las personas”, dice Legido-Quigley.

“Necesitamos un cambio estructural en las instituciones”, comenta también Paniello-Castillo, investigadora del Instituto de Salud Global de Barcelona. “Hemos visto que del 6,7% de las mujeres que reportaron a sus instituciones educativas o sanitarias, apenas en un 1,4% de los casos hubo alguna consecuencia. Nos lo cuentan médicas y enfermeras que sufren comentarios humillantes y peticiones de favores sexuales de sus jefes o gerentes, hasta estudiantes de grado y doctorado que han sufrido tocamientos y manoseos del todo inapropiados a manos de sus profesores y jefes”.

Trauma

Las consecuencias de los abusos relatados van más allá del daño inmediato: más de un tercio de las víctimas informan de efectos psicológicos duraderos, incluyendo “miedo, ira, vergüenza, ansiedad, depresión, trauma y otros problemas de salud mental”.

“Llama la atención que mujeres de todas las generaciones, tanto más jóvenes como ya jubiladas, a día de hoy todavía arrastran su trauma”, dice Thaïs González-Capella, investigadora de salud pública y género en London School of Hygiene and Tropical Medicine. “Los testimonios recogidos ponen de relieve que el acoso sexual está normalizado en sectores como el sanitario y académico, profesiones con un fuerte componente ético, donde se supone que los objetivos son hacer avanzar el conocimiento y cuidar de la salud de las personas”.

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