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¿Por qué han aparecido bacterias resistentes a los antibióticos?

Primer plano de una placa de Petri para comprobar un antibiótico en el laboratorio

María Teresa Pérez Gracia

31 de julio de 2026 23:31 h

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Realmente no han aparecido, lo que ha ocurrido es que han evolucionado. Las bacterias son seres vivos que empezaron a existir mucho antes que los humanos y que, desde hace millones de años, compiten entre ellas produciendo sustancias capaces de inhibir o eliminar a otros microorganismos. En ese contexto, también han desarrollado mecanismos de defensa frente a esas sustancias. Esos mecanismos son los que hoy conocemos como resistencia a los antibióticos. No han surgido de repente, sino que forman parte de la evolución natural de las bacterias.

Lo que ha ocurrido en las últimas décadas es que la actuación humana ha acelerado este problema. Pero déjame que te explique cómo ha sucedido y por qué hemos empeorado la situación.

La expansión de la resistencia a los antibióticos se explica por un mecanismo perfectamente conocido en la evolución: la selección natural. Esto significa que algunas bacterias ya poseían genes y mecanismos que les permitían resistir la acción de determinados antibióticos. Y eso lo sabemos porque en 2012 se publicó un estudio muy interesante sobre unas bacterias que habían permanecido aisladas en una cueva durante aproximadamente cuatro millones de años. Lo sorprendente fue descubrir que aquellas bacterias tenían genes de resistencia frente a catorce de los antibióticos comerciales actuales más utilizados, a pesar de no haber estado nunca en contacto con ellos. Este hallazgo demuestra que los genes de resistencia existían mucho antes de que los antibióticos comenzaran a utilizarse en medicina.

Cada vez que utilizamos un antibiótico ejercemos una presión selectiva sobre las bacterias. Cuando ese uso es innecesario o inadecuado, esa presión aumenta y favorece todavía más la selección de bacterias resistentes. De la población de bacterias expuesta al antibiótico mueren las que son sensibles, mientras que sobreviven aquellas que poseen mecanismos de resistencia. Esas bacterias son las que se multiplican y acaban predominando.

Además, las bacterias no solo transmiten esos genes de resistencia a su descendencia. También pueden intercambiarlos entre ellas mediante un proceso denominado transferencia horizontal de genes, incluso entre bacterias de especies diferentes. De este modo, una bacteria puede adquirir de otra las instrucciones necesarias para resistir un antibiótico, lo que acelera enormemente la propagación de la resistencia.

Y aquí conviene recordar que las bacterias se reproducen con enorme rapidez. Para que te hagas una idea, una de las más conocidas, Escherichia coli, responsable de muchas infecciones urinarias, puede duplicar su población aproximadamente cada 20 minutos en condiciones óptimas.

El problema se ha agravado mucho en los últimos años porque no está relacionado solo con el uso de antibióticos en medicina humana. Es lo que hoy conocemos como One Health o 'Una sola salud', un enfoque que reconoce que la salud humana está estrechamente relacionada con la salud animal y la del medio ambiente. Durante décadas, el uso de antibióticos también en veterinaria ha contribuido a ejercer presión selectiva sobre las bacterias, aunque en los últimos años su utilización se ha reducido considerablemente gracias a programas específicos de control. Pero todo ello ha favorecido la expansión de las bacterias resistentes.

Como te decía antes, uno de los principales factores que ha favorecido esa expansión ha sido el uso innecesario o inadecuado de los antibióticos. Un ejemplo muy habitual ha sido utilizarlos para tratar enfermedades como los catarros o la gripe. Estas infecciones están causadas por virus, frente a los que los antibióticos no tienen ningún efecto. Sin embargo, durante muchos años fue frecuente recurrir a ellos pensando que ayudarían a curarlas. Actualmente los antibióticos son medicamentos sujetos a prescripción médica y no deben dispensarse sin receta.

Otro problema importante es la automedicación. Aunque los antibióticos requieren receta médica, todavía hay personas que los toman por su cuenta porque conservan restos de tratamientos anteriores. También es un error no seguir correctamente las pautas indicadas por el profesional sanitario. El tratamiento debe realizarse exactamente como se ha prescrito, respetando tanto la duración como los intervalos entre las dosis. Si, por ejemplo, se indica una toma cada ocho horas, es porque esa pauta permite mantener concentraciones eficaces del antibiótico para combatir la infección. Cuando no se siguen correctamente las indicaciones, pueden sobrevivir bacterias con mecanismos de resistencia y multiplicarse, lo que favorece su selección.

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María Teresa Pérez Gracia es catedrática de Microbiología en el Departamento de Farmacia de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad CEU Cardenal Herrera (CEU-UCH). Una de sus principales líneas de investigación es la resistencia a los antibióticos.

Coordinación y redacción: Victoria Toro

Pregunta enviada por Carmen Mora.

Investigadoras al rescate es un consultorio científico semanal, patrocinado por el programa L’Oréal-Unesco ‘For Women in Science’ y por Bristol Myers Squibb, que contesta a las dudas de lectores y lectoras sobre ciencia y tecnología. Son científicas y tecnólogas, socias de AMIT (Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas), las que responden a esas dudas. Envía tus preguntas a nosotrasrespondemos@gmail.com o por Bluesky o Instagram como #investigadorasalrescate.

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