La larga carrera contra las bacterias resistentes a los antibióticos: “Pese a los esfuerzos, siguen subiendo”
La ciencia lleva años luchando una batalla silenciosa contra las bacterias. O, al menos, contra algunas de ellas. Más que eliminarlas, el objetivo es evitar que generen sus propias defensas frente a los antibióticos, buscar nuevos vectores de ataque para atajar infecciones multirresistentes y alargar y mejorar la vida de los pacientes. “Las bacterias estaban, están y estarán cuando los seres humanos desaparezcan. Es inútil pensar que vamos a cargárnoslas, pero ganaremos pequeñas batallas, porque nuestro objetivo es que los pacientes vivan más y con buena calidad de vida”, explica la doctora de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario Virgen de las Nieves de Granada, la doctora Carmen Hidalgo.
Según los datos del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés), las infecciones multirresistentes provocan en toda Europa unas 35.000 muertes al año. Y las estimaciones apuntan a que, si las autoridades sanitarias no son capaces de atajar el problema, para 2050 esta puede ser la principal causa de muerte del mundo, por encima del cáncer.
El portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc), Rafael Cantón publicó en 2025 un estudio en The Lancet Regional Heatlh - Europe en el que estimaba que el impacto de las infecciones hospitalarias por bacterias multirresistentes sumaba unas 24.000 muertes asociadas al año en España. No son fallecimientos directos 'por' la bacteria, sino decesos 'con' ella, en los 30 días siguientes al diagnóstico, pero la cifra da una imagen de la magnitud. Por ejemplo, en 2024 fallecieron casi 23.000 personas por enfermedades cerebrovasculares; unas 22.000 por demencia; o algo más de 18.000 por insuficiencia cardiaca, según los datos del Instituto Nacional de Estadística. Y, en total, se produjeron 436.000 defunciones, por lo que, con los datos de ese trabajo, más de un 5% tendrían una infección multirresistente.
El abordaje de este problema no es nuevo, aunque en los últimos años se han redoblado los esfuerzos mientras las resistencias no paran de crecer. Los primeros equipos 'antibiotic stewardship' surgieron en Estados Unidos a finales del siglo XX, cuando los clínicos se dieron cuenta de que un mejor uso de los antibióticos podía mejorar las expectativas de los pacientes y evitar resistencias.
Pioneros de la lucha contra la resistencia
En España, en 2012 se publicó el primer documento de consenso para los programas de optimización de uso de antimicrobianos, que algunos hospitales ya veían desarrollando de forma proactiva. En el Virgen de las Nieves, que hoy es uno de los centros de referencia, fueron pioneros en 2008, cuando empezaron “a intentar mejorar la prescripción antibiótica”, una competencia de cualquier clínico del hospital, “desde un experto en infecciosas hasta un cirujano, pasando por el MIR que acaba de llegar”, explica la doctora Hidalgo.
Por aquel entonces, Ana ya había pasado dos meses hospitalizada por una infección resistente a los antibióticos tras un trasplante renal. “Era una bacteria que tarda mucho en dar la cara y los médicos no pueden ponerte el tratamiento hasta estar seguros de que la tienes, para no generar más resistencias”, explica la mujer. Actualmente, el 70% de las infecciones son nosocomiales, es decir, se producen en un contexto de ingreso hospitalario.
El caso de Ana, aunque antiguo, es el ejemplo de una preocupación latente en la red hospitalaria, que llega hasta nuestros días. En 2023, la Comisión Europea emitió una serie de recomendaciones, que pasaban por reducir la prescripción de fármacos, así como la incidencia de tres bacterias resistentes a determinados antibióticos: la E. coli, la K. pneumoniae y la S. aureus. Pero España llevaba años trabajando en sus propios Planes Nacionales frente a la Resistencia a los Antibióticos. El primero arrancó en 2014 y el actual estará vigente hasta 2027.
Reducción de antibióticos
La coordinadora adjunta de salud humana del PRAN, dependiente de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps), Reyes Castillo, explica que España es el tercer país que más ha reducido el consumo de antibióticos desde 2014, “si bien es cierto que no ha bajado todo lo que nos gustaría”. En esta década, la reducción se ha situado en el 13%.
Como muestran los siguientes gráficos, desde la puesta en marcha de los diferentes planes, España ha conseguido reducir las prescripciones farmacológicas, tanto en atención primaria como en los hospitales. Los años de la pandemia de coronavirus alteran la curva, en un contexto de aislamiento y reducción de visitas médicas. “Pensamos que se iba a mantener, pero está habiendo un efecto rebote”, lamenta Castillo.
La experta de la Aemps indica que la resistencia a los antibióticos tiene múltiples causas. Influye el uso de antibióticos en humanos, pero también en veterinaria y el impacto ambiental en la salud global. Por eso, estas estrategias se desarrollan bajo un enfoque 'One Health' —una sola salud—, que une estos tres vértices.
Los planes tienen seis puntos estratégicos: vigilancia del consumo y de la resistencia a los antibióticos; el control de las resistencias bacterianas; identificar e impulsar medidas alternativas de prevención y tratamiento; investigación; formación e información a los profesionales sanitarios; y sensibilización de la población. Una de las claves ha sido el impulso de los Proas, equipos multidisciplinares que trabajan en los centros hospitalarios para trasladar esas políticas a todo el personal.
Ese esfuerzo en los hospitales ha logrado frenar y reducir la incidencia en los últimos dos años de la Strphylococcus aureus, una de las que más preocupan. “Es una bacteria de infección hospitalaria, así que cuando se consolidan programas de prevención y control de infecciones en hospitales, la reducción se nota mucho en la gráfica”, señalan desde la Aemps, que apuntan a un efecto en la dirección contraria en algunos países del sur y el este de Europa.
Desde la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios están llevando a cabo otras iniciativas para reducir el consumo de antibióticos y frenar las resistencias. Hace unas semanas, la Aemps anunció que eliminará a lo largo del próximo año siete grandes formatos por otros más pequeños, adaptados a las pautas clínicas habituales, para evitar que los pacientes acaben automedicándose o que esas medicinas sobrantes acaben en la basura.
“Pese a los esfuerzos, las resistencias siguen subiendo en la mayoría de patógenos que nos preocupan”, lamenta el doctor Rafael Cantón. Es lo que ocurre con el E. coli, que en 2024 presentó una incidencia en España de 12,45 casos por cada 100.000 infecciones. Es un punto y medio por encima de la media del espacio económico europeo y tres puntos y medio más que en 2019, según la última actualización del ECDC.
En el caso de la Klebsiella pneumoniae, la bacteria tiene casi el triple de incidencia en Europa que en España, aunque la tendencia es ascendente en ambos casos.
Para Cantón, el plan nacional está “muy bien” y ha conseguido “poner de acuerdo a muchos profesionales, también en el mundo animal”, pero “hay aspectos que cuesta llevar a la práctica porque se necesitan más recursos”. “Tenemos un muy buen entramado en investigación, pero se necesita un impulso público para que esas redes puedan ser más eficientes y eficaces”, reclama.
Para este experto, la clave está en la lucha contra la infección, evitando barreras que la facilitan; el impulso de los programas de mejora de uso antibiótico antimicrobiano; y la mejora del diagnóstico microbiológico.
Para la coordinadora adjunta de salud humana del PRAN, hay resistencias con las que tendremos que convivir, pero evita ser derrotista. “Tenemos que vigilar y estar preparados si hay un brote para tomar las mejores medidas”, indica. Porque las bacterias han ido evolucionando a lo largo de los siglos para sobrevivir en, prácticamente, todos los rincones del planeta. Y, ahora, los sistemas de salud se encuentran ante la misma disyuntiva: “Tenemos que adaptarnos, para que esto disminuya”.
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