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El Instituto de las Mujeres comienza a monitorizar la misoginia en entornos digitales
Madrid, 4 dic (EFE).- El Instituto de las Mujeres ha puesto en marcha un nuevo proyecto que monitoriza y analiza la violencia, el machismo y la discriminación que hay en la manosfera con el objetivo de identificar y desmontar las narrativas que sostienen las nuevas formas de misoginia que emergen en los entornos digitales.
Una iniciativa impulsada desde el Observatorio de la Imagen de las Mujeres, que ha identificado que los discursos de odio misógino en el entorno digital no son comentarios aislados, sino relatos, memes, hilos o respuestas que, bajo apariencia de opinión, humor o sentido común, reproducen y refuerzan la discriminación de las mujeres.
“Configuran un auténtico ecosistema de hostilidad digital que busca desgastar la legitimidad de las mujeres en el espacio público y frenar el avance de derechos mediante la violencia simbólica”, según afirma la directora del Instituto de las Mujeres, Cristina Hernández.
El primer informe que se ha realizado analiza el uso del término 'Charo' y las consecuencias de su uso en las redes después de que en el último año el Observatorio haya recibido quejas que alertan del uso y difusión de esta expresión que reduce a las mujeres a una representación “homogénea, degradada y situada jerárquicamente en una posición de inferioridad intelectual y social”.
Un estereotipo que las presenta como “inútiles, ridículas o ignorantes, reforzando dinámicas sociales de desprecio” hacia ellas, y que se dirige principalmente a mujeres vinculadas a la política y al feminismo y las convierte en objeto de burla y ataque como respuesta a sus propuestas de cambio social o a su defensa de los avances feministas.
“Bajo un mismo insulto se agrupan mujeres diversas que comparten un rasgo común: alejarse de las expectativas y roles de género asignados y ocupar un espacio público desde posiciones feministas”, subraya el Instituto de las Mujeres en un comunicado.
El término 'Charo' cuestiona su competencia, intenta deslegitimar su profesionalidad y opera como un mecanismo de castigo simbólico frente a su autoridad y autonomía, añade el informe, que desgrana el origen de esta expresión, los espacios digitales en los que se usa y las consecuencias de su creciente normalización.
Profundiza en cómo la viralización del término dificulta que las mujeres jóvenes identifiquen referentes feministas positivos, ya que refuerza la idea de que la participación pública de las mujeres es objeto de burla y estigmatización.
“Intentar desprestigiar a las feministas y al feminismo forma parte de una estrategia de silenciamiento que los movimientos antidemocráticos están impulsando a escala global; y precisamente por eso, desde las instituciones estamos obligadas a señalar y desactivar estas estrategias”, ha remarcado Hernández.
Para la directora del Instituto de las Mujeres es fundamental monitorizar las narrativas misóginas en internet porque actualmente los entornos digitales son uno de los espacios con mayor repercusión política, y para ello es imprescindible contar con herramientas que identifiquen esos discursos y permitan prevenir sus efectos.
“Lo que ocurre en redes no se queda ahí: condiciona percepciones sociales, influye en el debate público y acaba impactando en la vida de las mujeres. Si no analizamos estas dinámicas, permitimos que discursos de odio y desprecio hacia las mujeres se normalicen y se conviertan en marcos de opinión”, ha aseverado Hernández.
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