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ENTREVISTA NEUROCIENTÍFICO

Javier DeFelipe: “Todo lo que tenemos es un invento nuestro, pero eso no hace nuestro cerebro mejor que el de un gato”

Javier Defelipe: "Me llama la atención muchísimo por qué necesitamos de la belleza si no nos ayuda a sobrevivir”

La parte negativa de entrevistar a neurocientíficos es que el resultado de hablar con un investigador en un área de conocimiento aún bastante verde no deja solo respuestas, también preguntas lanzadas al viento que no tienen contestación conocida. La conversación con Javier DeFelipe –profesor de Investigación en el Instituto Cajal (CSIC), especializado en el estudio microanatómico del cerebro– con motivo de la publicación de su libro De Laetoli a la luna, el insólito viaje del cerebro humano (Crítica), responde a este patrón punto por punto.

Estudié neurociencia para comprender mi adicción a las drogas y ahora sé que la cura no está ahí

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En su texto, DeFelipe –seguidor de los pasos de Ramón y Cajal– reflexiona sobre la evolución del más complejo órgano humano desde que puso de pie al ser humano, cuyo rastro más antiguo quedó grabado sobre el barro en lo que hoy es el yacimiento de Laetoli (Tanzania), hace tres millones de años, hasta que lo llevó a la luna en 1969.

“¿Cuál es el sustrato neural que hace que las personas sean humanas?” “¿Cómo emerge la capacidad de permitir a un individuo percibirse de forma reflexiva a sí mismo, sus actos y el mundo externo?” “¿Es posible crear un cerebro humano artificial con todas sus propiedades?”, se pregunta este científico en el libro, trufado de referencias a artistas, intelectuales o filósofos. Gente, muchos de ellos, que tuvieron lo que consideramos problemas mentales pero que han sido impulsores de la humanidad, observa. “¿Cómo ha sido posible que la evolución humana haya sido a través de personas que tuvieran problemas psiquiátricos?”.

DeFelipe admite que no ve el final de sus investigaciones. “Cuanto más sé, más preguntas surgen a las que deseo dar respuesta”, explica. Durante la entrevista, el investigador volverá una y otra vez a lo que él considera uno de los grandes misterios del cerebro: cómo funcionan las conexiones neuronales en toda su extensión y en qué momento el cerebro adquirió consciencia de sí mismo.

Pero DeFelipe también tiene alguna certeza. Por ejemplo, que nuestro cerebro no es mejor que el de los animales. “Todo lo que tenemos es un invento nuestro, pero eso no hace nuestro cerebro mejor que el de un gato o un perro”, asegura. Simplemente va por otro lado. Otra: “Nos creemos libres porque somos conscientes de que lo hacemos, pero no somos libres en cuanto a que no sabemos por qué” lo hacemos, dice citando a Spinoza.

“De Laetoli a la Luna”. En versión breve, ¿qué ha pasado en este tiempo?

El gran misterio es cómo ha sido posible que nuestro cerebro haya sido capaz de llegar a la Luna, [y cumplir] el sueño de los poetas; cómo ha sido posible en un periodo de tiempo tan corto desde que empezamos a caminar erguidos en la Tierra. El libro es una meditación sobre el cerebro. De la nada viene el todo. Venimos del big bang, de antes de que surja la materia. El gran misterio es cómo surge la vida, las neuronas, cómo se organizan formando núcleos hasta que se llega al cerebro humano, que es lo más avanzado de la evolución. Todo esto me planteo en el libro. Hay muchas metáforas, versos, pensamientos de poetas, filósofos... En este caso viene muy bien esta idea de Arthur Rimbaud: “¿Y si un trozo de madera se diera cuenta de que es un violín?”. Nosotros éramos polvo de estrellas y al cabo de unos millones de años nos empezamos a preguntar cómo hemos sido capaces de hacer todo esto. El libro es una reflexión de lo que somos, hacia dónde vamos, qué nos hace ser especiales. Pensamos que somos únicos en muchos aspectos, pero tenemos cosas en común con animales como los perros, que tienen sentimientos muy humanos, o la transmisión de la cultura de padres a hijos, que también la hacen muchos animales.

¿Se puede medir cuánto conocemos del cerebro o como no lo conocemos no sabemos qué desconocemos?

Estamos muy lejos de conocer el cerebro humano porque no disponemos de las tecnologías adecuadas necesarias para su estudio desde todos los ángulos (genético, molecular, anatómico y fisiológico). Lo que se suele hacer es trabajar con el cerebro de animales y luego extrapolarlo al ser humano. El problema es que nuestro cerebro es único, como lo es el del perro o el gato. Hay elementos comunes y otros distintos. Esa es la pregunta, y en el siglo XXI no la sabemos responder. En el cerebro humano hay 100.000 millones de neuronas, pero no sabemos cantidad de detalles sobre su conectividad, etc. Quizá lo más difícil a los que nos enfrentamos es cómo la conectividad de las neuronas da lugar a un proceso mental.

Cuando vamos madurando el cerebro crea conexiones, que se realizan en función del entorno. Puedes tener un entorno apropiado o no, si vives en un entorno de maltrato, de mayor vas a tener problemas porque habrás hecho conexiones aberrantes

En el libro se reflexiona sobre si el cerebro ha evolucionado para desarrollar una mente o si podría haber no ocurrido y que fuéramos autómatas. Cómo se organizan los circuitos del cerebro para crear un pensamiento abstracto o esa percepción de las noticias, por ejemplo, por la que para cada persona puede significar una cosa. Lo que sí es segurísimo es que algún día podremos estudiar el cerebro hasta el detalle, porque en solo cien años desde que empezó [Ramón y] Cajal a estudiarlo hemos avanzado mucho. Yo en mi carrera he visto dos veces un antes y un después en mi terreno de investigación de cosas que no creía que iba a ver.

Una de ellas es un microscopio especial para hacer mapas tridimensionales de las conexiones del cerebro a nivel sináptico (o ultraestructural), que era algo impensable cuando yo empecé y ahora tengo uno en el laboratorio. También es importante pensar que algún día podremos crear un cerebro, porque la naturaleza lo ha hecho ya. La pregunta es cuándo, yo no lo veré, pero avanzamos muchísimo más rápido cada vez. No hay ninguna razón para pensar que no va a ser posible.

Se dice a veces que el estilo de vida moderno puede suponer un cierto relajamiento (por usar esa palabra) para el cerebro y que podría dejar de evolucionar porque cada vez delegamos más tareas en las máquinas y por tanto lo utilizamos menos, dice esta teoría. ¿Tiene algo de real? ¿Puede involucionar el cerebro?

El cerebro lo utilizamos todo el rato para todo. Otra reflexión del libro es que somos nuestro cerebro, todo está en el cerebro: la memoria, tu vida... El cerebro es plástico, cuando nacemos es como un bosque de neuronas sencillas –hay 100.000 millones de neuronas muy compactadas en un cerebro relativamente pequeño– y esas ramas están muy poco desarrolladas. Cuando vamos madurando el cerebro crea conexiones, que se realizan en función del entorno. Puedes tener un entorno apropiado o no, si vives en un entorno de maltrato, de mayor vas a tener problemas porque habrás hecho conexiones aberrantes.

¿Qué somos? El producto de algo misterioso, venimos de la nada. Eso lo sabemos, antes no había nada y después surgió la vida y nuestro cerebro. Lo increíble es que esa materia formada de la nada se haga esa pregunta

Lo que está cambiando desde hace mucho tiempo es el ambiente, el entorno. Yo de pequeño nunca había utilizado un ordenador. Ahora, todo el rato. O utilizas el GPS para ir de un sitio a otro. Hay un estudio sobre taxistas de Londres que descubrió que los taxistas tenían un hipocampo más desarrollado que los que no lo eran porque habían desarrollado mucho la memoria espacial para orientarse. Si no usas esa parte del cerebro, no se va a desarrollar o se va a desarrollar menos. Cambios siempre hay, pero no tienen por qué ser a peor.

Escribe en el libro que “meditamos poco sobre nuestra humanidad, sobre lo que somos y el porqué de nuestra esencia”. Dado que lo tiene tan identificado supongo que sí le habrá dedicado un tiempo a pensarlo... ¿Qué somos?

Me lo pregunto todos los días. El otro día iba a coger el coche y vi un insecto. Me pregunté qué hacía ahí, el porqué de la vida de ese ser. Supongo que él también sobre mí. ¿Qué somos? El producto de algo misterioso, venimos de la nada. Eso lo sabemos, antes no había nada y después surgió la vida y nuestro cerebro. Lo increíble es que esa materia formada de la nada se haga esa pregunta. Eso me sorprende. Me paso el día dándole vueltas. Esto supondrá una revolución cultural cuando nos demos cuenta.

Todo lo que tenemos y hemos hecho es un invento nuestro. Es un proceso cultural, pero eso no hace mi cerebro mejor que el del gato o un perro. Hay tantos mundos mentales como cerebros. Me encantaría saber lo que piensan los gatos o los perros. Los gatos, empezando por su retina, por cómo perciben las cosas, están en un mundo mental muy distinto al nuestro que nunca vamos a entender porque no somos gatos. Me gustaría ser perro durante un rato para ver cómo es su mundo mental. Seguramente tendríamos cosas en común. Pensamos que somos el centro de todo pero no somos el centro de nada.

Esta afirmación de que no somos superiores a los animales entiendo que la hace desde la investigación... No sé si le llamarán animalista por esto.

El concepto de superior, ¿qué es? ¿Que somos capaces de inventar objetos increíbles? Pues sí, hemos llegado a un nivel muy elevado. Pero podríamos no haber llegado nunca a este nivel, según las circunstancias. Hace miles de años el hombre estaba en las cavernas y no conocía el lenguaje escrito o esa cultura y ese disfrute intelectual. Muchos de los grandes héroes que tenemos de la pintura, la literatura, el arte... tenían problemas mentales. He leído mucho sobre más de 300 personalidades [de todas las ramas] y todos tenían problemas mentales. ¿Cómo es posible que esos cerebros que funcionan en un ámbito fuera de lo normal y hayan sido responsables de hacer un cambio radical en la cultura humana? Esa es la locura de la que hablaba [Edgar Allan] Poe, que decía que a lo mejor la locura es una forma sublime de la inteligencia. Me pregunto si a lo largo de la evolución, el inicio de la revolución cultural humana ocurrió a través de personas que tuvieran problemas psiquiátricos y que hayan sido los impulsores de todo.

“Me llama la atención muchísimo por qué necesitamos de la belleza, de la estética. En casa pintamos las paredes, compramos cuadros, te vistes de determinada manera. ¿Por qué? Eso no te ayuda a sobrevivir”

El libro está lleno de referencias culturales a escritores, pintores, artistas en general. ¿Es la capacidad de crear arte uno de los mayores misterios del cerebro?

Es uno más. A mí lo que me llama la atención muchísimo es por qué necesitamos de la belleza, de la estética. En casa pintas las paredes, compras un cuadro, te vistes de una manera. ¿Por qué? Eso no te ayuda a sobrevivir. Pero necesitamos de la belleza. La belleza quizá sea un producto más de la evolución. En el mundo animal es frecuente observar que los machos tratan de atraer a la hembra (o al revés) a través de colores, formas... una especie de forma de atracción. Es posible que esa misma idea evolutiva de la belleza, apreciar los colores, las formas, etc., se haya ido transformando y ahora no se utiliza la belleza para ese fin. Por eso cuando ves un cuadro, etc. se activa esa parte del cerebro, que antes tenía otra función.

¿Cuál cree que va a ser el próximo gran avance en el estudio del cerebro? ¿Hay alguna investigación en la que tenga puestas esperanzas o es, como dice en el libro, más una cuestión multidisciplinar?

Debe hacerse un abordaje multidisciplinar para tratar de entender el cerebro. Cuando tratamos de entender cómo las chispas del cerebro traducen eso en un pensamiento, en imaginación... es un gran misterio. Nuestro fin, si es que es ese, es tener una mente [consciente]. Nuestra mente es algo que ha ocurrido, pero podría no haber ocurrido. ¿Dónde estaba nuestra mente antes? Cuando nacemos, es sabido que muchas de nuestras capacidades cognitivas no aparecen hasta varios años después, pero el cerebro es el mismo, lo que va cambiando es la complejidad de las conexiones. Y, cuando morimos, ¿qué hay? ¿Somos un accidente?

Una discusión habitual. ¿Existe el libre albedrío? En el libro dice que está comprobado que muchas veces antes de que seamos conscientes de haber tomado una decisión el cerebro ya se ha puesto en marcha.

Spinoza dice que los hombres se equivocan al creerse libres porque son conscientes de lo que están haciendo, pero desconocemos por qué lo hacemos. Quizás a lo largo de nuestra educación tenemos muchos conceptos, normas que nos hemos creado y están grabadas en nuestro cerebro, y nos creemos libres porque somos conscientes de que lo hacemos, pero no somos libres en cuanto a que no sabemos el porqué.

Es como con los pensamientos, no se puede pensar dos cosas a la vez. Hacer dos sí, quizá alguna de manera automática, pero para pensar dos cosas tienes que cambiar de circuitos. Los procesos mentales tienen un tiempo de reacción. Para apretar un dedo tienes que dar una orden en la corteza cerebral que vaya a la médula, que estimule unos circuitos que estimulen el músculo para que movamos el dedo. Eso tarda unos milisegundos, pero si tratas de parar esa orden tienes un momento muy concreto y si no lo haces a tiempo ya no puedes. Esto es algo que nos ocurre habitualmente y, la verdad, es muy interesante cuanto tratas de entender cómo ocurre.

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