Los obispos españoles visitan el Vaticano con el temor de que el Papa les obligue a investigar sus casos de abusos

El papa Francisco en la audiencia general celebrada en el aula Pablo VI, este miércoles.

Jesús Bastante

en religiondigital.com —

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El lunes los obispos españoles comenzaron la tradicional visita ad limina al Papa, en la que rinden cuentas ante el pontífice del trabajo que realizan en las diócesis de nuestro país, los problemas con los que se encuentran y los desafíos de futuro. También es el momento de recibir instrucciones sobre lo que han de cambiar. Pero no es hasta este jueves, un día antes del cumpleaños de Bergoglio, cuando comienzan los encuentros cara a cara.

Estos son todos los enemigos del Papa Francisco dentro de la Iglesia

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Un primer grupo de 24 prelados serán investigados y auditados por los ministerios vaticanos. Proceden de las provincias eclesiásticas de Santiago, Oviedo, Burgos, Pamplona y Tudela y Zaragoza. Posteriormente, ya en enero, acudirán otros tres grupos: del 10 al 15 de enero lo harán 22 obispos de las provincias eclesiásticas de Tarragona, Barcelona y Valencia; del 17 al 22 de enero se acercarán 18 obispos de Granada, Sevilla y Mérida-Badajoz y, finalmente, del 24 al 29 de enero viajarán a la Santa Sede 20 obispos de Toledo, Madrid, Valladolid y el Ordinariato Castrense.

Los obispos españoles no visitaban al Papa desde 2014. De hecho, Benedicto XVI no llegó a convocar ninguna ad limina. En esta ocasión, la cúpula eclesial española llega a la Santa sede profundamente dividida, con ciertas reticencias y un gran temor: que Francisco les eche un rapapolvo por la inexplicable decisión, sin parangón en toda Europa (sólo España e Italia se saltan el consenso episcopal en el Viejo Continente), de no investigar los casos históricos de pederastia en España.

Desde hace meses, las diócesis se han empeñado en elaborar sesudos informes, basados en unos formularios “absolutamente obsoletos”, con preguntas “demasiado clericales” y con poca información sobre la realidad social, económica y política de cada diócesis, apuntan algunas fuentes. De hecho, algunos prelados han optado por preparar sus propios relatos, basados en entrevistas con fieles, vida religiosa y personalidades cercanas a la Iglesia.

Los informadores del Papa

Con todo, el principal temor de los obispos españoles está en el hecho de que el Papa tiene su propia agenda e informadores en España, más allá de los cauces oficiales. Algo que se ha contrastado esta pasada semana, con la reunión de Bergoglio con la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz o el anuncio del nombramiento de la exministra Isabel Celaá como nueva embajadora ante el Vaticano, dos hechos de los que la jerarquía española no sabía nada en absoluto. De hecho, varios obispos se mostraron “perplejos” ante la situación, y ante el hecho de que estos acontecimientos se dieran justo antes de la visita de la Conferencia Episcopal al Papa.

Resulta evidente que Francisco está bien informado de la realidad española. Y que, a diferencia de lo que sucedía en tiempos de Rouco Varela, donde nada llegaba a Roma sin que pasase por el filtro del cardenal de Madrid, la información ya no proviene únicamente de los círculos oficiales. El idioma ha permitido que Bergoglio mantenga contacto directo con infinidad de sacerdotes, religiosos y laicos españoles, y también que se interese por la opinión de líderes sociales, políticos y culturales de nuestro país.

Fuentes de esa Iglesia que dialoga con el pontífice por otros cauces descartan las acusaciones de desprecio a España que vierten los sectores más conservadores, los mismos que lo tachan de “Papa comunista” por reunirse con la líder de Unidas Podemos, o de “odio a España” por dejar claro que, si finalmente viene a Santiago de Compostela, no será un viaje de Estado. Por el contrario, señalan, Bergoglio se interesa mucho por este país, y se confiesa preocupado por la deriva política y religiosa que se está produciendo en España.

Este jueves, el Papa podrá encontrarse con algunos de sus más firmes opositores en el episcopado español, como monseñor Munilla, a quien acaba de sacar de San Sebastián, trasladándolo a Orihuela-Alicante, o Jesús Sanz, que ha visto frustrados sus intentos de llegar a Madrid como arzobispo castrense. Francisco lo sabe y, a su argentino modo, se encargará de que ellos también se den cuenta, señalan. Por si otros gestos, u otras decisiones, no bastasen.

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