Antes de responder a tu pregunta, creo que es importante definir qué entendemos por dolor. Aunque solemos pensar en él como una sensación física, el dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable. Su función principal es actuar como una señal de alarma que nos protege y ayuda a evitar daños mayores. Cuando el cuerpo detecta una amenaza, ya sea una lesión o una enfermedad, se activan receptores especializados que envían señales al cerebro. Sin embargo, el cerebro no se limita a recibir esa información, sino que la interpreta y le da el significado de experiencia desagradable a partir de nuestras emociones, pensamientos, experiencias previas y del contexto en el que vivimos. Por ello, el dolor no depende únicamente de factores biológicos, sino también de factores psicológicos, sociales y culturales.
Cuando el dolor se cronifica, su repercusión puede ser enorme. Muchas personas dejan de realizar actividades que son importantes para ellas, ya sea trabajar, practicar aficiones, relacionarse o participar en la vida comunitaria. Esta pérdida progresiva de participación puede afectar profundamente a su autonomía, su identidad y su calidad de vida. Además, el dolor crónico suele asociarse a problemas como ansiedad, depresión o apatía, e incluso se ha relacionado con un mayor riesgo de ideación suicida. Sus consecuencias, por tanto, van mucho más allá del sufrimiento físico.
Si el dolor crónico está influido por factores psicológicos y sociales y tiene esta gran repercusión en la vida de las personas, resulta lógico que su tratamiento también deba abordar todas estas dimensiones. Las intervenciones psicológicas pueden ayudar a las personas a comprender mejor su experiencia de dolor y desarrollar estrategias para gestionarla de forma más eficaz. Esto incluye trabajar aspectos como el miedo al movimiento, las creencias negativas sobre el dolor, los pensamientos catastrofistas o el estrés asociado al dolor. Llegados a este punto, es importante señalar que reconocer la influencia de factores psicológicos y sociales no significa que el dolor sea imaginario o esté solo en la mente.
Abordaje multidisciplinar
Actualmente existen distintas intervenciones psicológicas que han demostrado ser útiles para algunas personas con dolor crónico. Entre las más estudiadas se encuentran la terapia cognitivo-conductual, que ayuda a identificar y modificar pensamientos y comportamientos que pueden aumentar el sufrimiento; las intervenciones basadas en mindfulness y aceptación, que enseñan a relacionarse de una forma diferente con el dolor y las emociones asociadas o la educación en dolor, que ayuda a comprender mejor los mecanismos que intervienen en esta experiencia compleja.
Sin embargo, la evidencia científica indica que los mejores resultados se obtienen cuando estas estrategias forman parte de un abordaje multidisciplinar. Además de la psicoterapia, intervenciones como el ejercicio terapéutico o la terapia ocupacional pueden contribuir a reducir la discapacidad y mejorar la calidad de vida. Nuestro grupo de investigación estudia también el potencial terapéutico de la música, que puede promover emociones positivas y sensaciones placenteras capaces de contrarrestar parte del malestar asociado al dolor.
Todas estas intervenciones utilizan estrategias diferentes, pero comparten el objetivo de reducir el impacto que el dolor tiene sobre la vida de la persona. En muchos casos, el objetivo no es eliminar completamente el dolor, algo que no siempre es posible, sino ayudar a recuperar la funcionalidad, mejorar el bienestar emocional y favorecer que la persona vuelva a participar en actividades significativas para ella.
El dolor crónico es una de las principales causas de discapacidad en todo el mundo. Aunque puede afectar a cualquier persona, afecta especialmente a mujeres, personas mayores y grupos socialmente más vulnerables. Como condición compleja, requiere respuestas igualmente complejas.
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Jennifer Grau Sánchez es terapeuta ocupacional y doctora en Neurociencias, profesora titular de EUIT Centre Universitari, adscrito a la Universitat Autònoma de Barcelona. Coordinadora del Grupo de investigación en Diagnósticos e Intervenciones Complejas en Salud desde la Ocupación y el Cuidado (OCCARE).
Coordinación y redacción: Victoria Toro.
Pregunta enviada por Vicky Laá.
Investigadoras al rescate es un consultorio científico semanal, patrocinado por el programa L’Oréal-Unesco ‘For Women in Science’ y por Bristol Myers Squibb, que contesta a las dudas de lectores y lectoras sobre ciencia y tecnología. Son científicas y tecnólogas, socias de AMIT (Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas), las que responden a esas dudas. Envía tus preguntas a nosotrasrespondemos@gmail.com o por Bluesky o Instagram como #investigadorasalrescate.
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