Empresas y administraciones se resisten al teletrabajo pese a la explosión de los contagios y el endurecimiento de las restricciones
La tercera ola de la pandemia, con un alto índice de contagios y el personal sanitario advirtiendo del colapso, ha traído de vuelta restricciones más duras. Sin llegar –al menos todavía– al confinamiento domiciliario, los gobiernos de varias comunidades autónomas están limitando las reuniones sociales solo a los convivientes y adelantando las horas de toque de queda, así como del cierre de los bares, cuando no se opta por su cierre total. En este escenario, se multiplican las denuncias de trabajadores que se están viendo obligados a ir a sus oficinas, pese a la posibilidad de teletrabajar. “Estamos muy cabreados. No podemos visitar a los familiares, pero sí convivir ocho horas diarias con 20 personas en el trabajo”, denuncia Yolanda, una administrativa que pide guardar su anonimato. En el Gobierno afirman que el teletrabajo es solo una recomendación y que “no pueden” obligar a las empresas a aplicarlo, algo que han hecho países como Portugal y Francia, siempre que este sea posible.
Lo cuenta Laura Olías.