El artista asturiano que vivió 100 años y cuyo museo acoge cientos de sus cuadros, seis mil dibujos y muchos objetos personales

El centro muestra más de seis mil dibujos, bocetos y apuntes, además de sus útiles de pintura, reconocimientos oficiales, biblioteca y mobiliario personal

Alberto Gómez

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La historia de la pintura asturiana del siglo XX está indisolublemente ligada a la figura de Nicanor Piñole Rodríguez, un genial creador nacido en Gijón en enero de 1878 que tuvo la fortuna de alcanzar los cien años de edad antes de fallecer en 1978. A lo largo de siete décadas de intensa labor artística, el maestro gijonés renovó el panorama pictórico con un lenguaje realista impregnado de sensibilidad. Su vida concluyó mientras pintaba “El gaitero”, dejando una vasta herencia estética. Hoy en día, su ciudad natal rinde homenaje a su memoria en una casa-museo que alberga cientos de sus cuadros más representativos, más de seis mil dibujos y multitud de objetos personales que reflejan su legado.

La precoz vocación pictórica de Piñole le condujo a Madrid en 1892 para ingresar en la afamada Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde recibió lecciones de destacados maestros como Carlos de Haes y Alejandro Ferrant. Tras completar su formación académica, el joven artista viajó a París y Roma para perfeccionar sus conocimientos plásticos. Durante su estancia en Francia, conoció el Museo del Louvre, tomó contacto con el impresionismo y entabló amistad con Pablo Picasso. En 1902 fijó su residencia en Gijón, manteniendo una proyección constante con viajes para exhibir sus obras en destacadas exposiciones nacionales e internacionales.

El talento polifacético de Piñole se desplegó en variados géneros, entre los que destacan el retrato, la pintura de paisaje y las escenas costumbristas. En el campo retratístico, alcanzó una notable maestría en la captación psicológica de sus modelos, inmortalizando a su madre Brígida Rodríguez y a sus familiares en la Quinta de Chor. Sobresale especialmente su asombrosa serie de más de trescientos autorretratos, testimonio gráfico excepcional de su evolución vital. Asimismo, sus paisajes al aire libre plasmaron con sobriedad y riqueza cromática los rincones de Carreño y las cumbres montañosas de Pajares y Tarna, consolidando una estética caracterizada por la armonía formal.

El nacimiento del museo fue posible gracias al compromiso de su viuda, Enriqueta Ceñal, que donó cientos de pinturas, dibujos y objetos personales

La temática costumbrista asturiana encontró en Piñole a uno de sus intérpretes más originales e innovadores, distanciándose del realismo decimonónico tradicional. Lienzos emblemáticos como “La vuelta de la romería”, “De promesa al Cristo de Candás”, “La hija del patrón” o “Recogiendo la manzana” consagraron su prestigio en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes. Su renombre traspasó las fronteras españolas al participar en el Salón de Artistas Ibéricos de 1925, en las muestras itinerantes de la Fundación Carnegie en Estados Unidos, en la Bienal de Venecia de 1930 y en la exposición de Oslo. Gracias a estas muestras, el pintor gijonés logró el aplauso del ambiente intelectual.

Durante los años treinta, Piñole exploró corrientes más intelectuales a través de sus naturalezas muertas con muñecos articulados, compaginadas con el lirismo de escenas cotidianas. La Guerra Civil interrumpió su labor habitual y le inspiró obras de hondo dramatismo como “Pesadilla del burgués”, tras la que se retiró a un sereno aislamiento en Gijón. La década de 1950 trajo los grandes reconocimientos oficiales, siendo nombrado Académico de San Fernando, Hijo Predilecto de Gijón y de Asturias, y Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. En 1972 contrajo matrimonio con Enriqueta Ceñal Costales, custodia de su legado, culminando su brillante trayectoria con la Gran Cruz de Alfonso X.

El proceso creativo

El nacimiento del Museo Nicanor Piñole fue posible gracias al compromiso de su viuda, Enriqueta Ceñal, que donó cientos de pinturas, dibujos y objetos personales al Ayuntamiento de Gijón. El equipamiento se instaló en el antiguo Asilo Pola, una emblemática construcción ecléctica proyectada a comienzos del siglo XX por el arquitecto Luis Bellido y ejecutada por Miguel García de la Cruz. Las obras de adaptación realizadas entre 1990 y 1991 permitieron recuperar el diseño original del edificio y habilitar salas expositivas modernas. Inaugurado el 27 de abril de 1991 en la céntrica Plaza de Europa, el museo cuenta con galerías acristaladas comunicadas con el jardín.

En la actualidad, la casa-museo ofrece un recorrido cronológico y temático excepcional para descubrir la prolífica carrera del célebre artista gijonés. Sus salas muestran una refinada selección de óleos complementada con depósitos del Museo Casa Natal de Jovellanos, del Museo de Bellas Artes de Asturias y del Reina Sofía. El tesoro más fascinante del centro radica en su colección de más de seis mil dibujos, bocetos y apuntes que revelan el proceso creativo del maestro. Asimismo, la exhibición de sus útiles de pintura, reconocimientos oficiales, biblioteca y mobiliario personal brinda una experiencia íntima e inolvidable a los admiradores del arte.

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