El baobab es uno de los árboles más peculiares de África y ahora ya hay dos ejemplares en Barcelona
La ciudad de Barcelona ha dado la bienvenida a un habitante muy especial que desafía las leyes del clima mediterráneo con su imponente presencia. El baobab, ese coloso africano conocido por su silueta invertida, cuenta ahora con dos ejemplares que han encontrado un hogar en la capital catalana. Hasta hace poco tiempo, el rigor de las temperaturas invernales impedía que estas especies tropicales pudieran prosperar en este entorno urbano. Sin embargo, la evolución climática y el aumento de las temperaturas medias han abierto una ventana de oportunidad para su supervivencia local. Este fenómeno permite que los ciudadanos descubran de cerca una maravilla que antes solo habitaba en la imaginación literaria o en sabanas lejanas.
El primer ejemplar se asentó hace ya un tiempo, mientras que el segundo acaba de unirse al patrimonio verde de la ciudad. Ambos representan un experimento biológico que busca testear la resiliencia de la flora exótica frente a los nuevos escenarios meteorológicos globales. Su integración en el paisaje barcelonés no es solo un hito botánico, sino también un recuerdo visual de cómo nuestro mundo está cambiando de forma acelerada.
El primer baobab de Barcelona, perteneciente a la especie Adansonia grandidieri originaria de Madagascar, se encuentra protegido en el Hivernacle del parque de la Ciutadella. Fue donado por el catedrático de Genética de la Universidad de Barcelona, Marc Valls, quien lo cultivó inicialmente a partir de semillas certificadas en un tiesto universitario. Con apenas unos años de vida, este ejemplar ya alcanza una altura cercana a los tres metros, demostrando un crecimiento sorprendentemente rápido en su nueva ubicación.
Para que las semillas germinaran, Valls tuvo que realizar un proceso de escarificación, simulando el paso por el tracto digestivo de un animal. Actualmente, el árbol puede ser visitado diariamente por el público, permitiendo que el mito literario de “El Principito” se materialice ante los ojos de los barceloneses. Es una planta que requiere cuidados específicos, especialmente durante los meses de invierno cuando entra en una fase de reposo sin hojas. Durante este periodo de sequía simulada, el riego debe suspenderse por completo para evitar que la estructura esponjosa del tronco se pudra.
La familia de estos gigantes se acaba de ampliar con la plantación de un segundo ejemplar durante la Fiesta de la Primavera en el parque de Can Batlló. Este acto simbólico fue el hito más destacado de una jornada dedicada a la biodiversidad. La incorporación de este nuevo baobab refuerza la apuesta de la ciudad por la educación ambiental y la adaptación de los espacios verdes ya que, al igual que su predecesor, este árbol es una rareza botánica que enriquece el catálogo de especies singulares presentes en el espacio público barcelonés. Su presencia en Can Batlló servirá como herramienta pedagógica para concienciar sobre la emergencia climática y la necesidad de naturalizar los entornos urbanos. Este segundo baobab simboliza la conexión entre la cultura africana y el futuro de una Barcelona que busca ser más verde y resiliente.
Científicamente, el baobab pertenece al género Adansonia, nombrado así en honor al naturalista Michel Adanson, quien describió el árbol por primera vez. Existen nueve especies reconocidas, de las cuales seis son endémicas de la isla de Madagascar, hogar de los ejemplares llegados a la capital catalana. Otras especies se distribuyen por el África continental, Australia y una variedad recientemente descrita en el sudeste del continente africano en el año 2012. Se caracterizan por sus troncos masivos, que pueden alcanzar diámetros de hasta once metros y alturas de treinta metros en su plena madurez. Su madera es blanda y su corteza esponjosa, lo que les permite funcionar como auténticos depósitos de agua vivos durante las estaciones más secas.
Rodeado de leyendas
En su hábitat natural, un solo ejemplar puede llegar a almacenar entre seis mil y más de cien mil litros de líquido vital. Esta capacidad de almacenamiento es fundamental para la supervivencia de la fauna local, como los elefantes, que suelen dañar la corteza para hidratarse. Además, son árboles extremadamente longevos que pueden superar los tres mil años de edad, aunque datar su antigüedad es difícil. El aspecto físico del baobab, con sus ramas desnudas que parecen raíces apuntando al cielo, ha dado lugar a fascinantes leyendas en toda África. Una de las más populares cuenta que los dioses, enojados por la soberbia del árbol que quería alcanzar el cielo, decidieron plantarlo al revés. Otra versión sugiere que las hienas, indignadas por recibir las últimas semillas en el reparto de la creación, las sembraron del revés por despecho.
Estas historias refuerzan el carácter sagrado del árbol, considerado por muchas culturas africanas como el primero creado por la divinidad sobre la tierra. Su presencia suele marcar la ubicación de antiguos poblados y sirve como lugar de reunión para las comunidades y sus líderes ancianos. Alrededor de su tronco se toman decisiones trascendentales, se realizan sacrificios y se celebran ritos que fortalecen la vida comunitaria y la tradición. La literatura también ha caído rendida ante su magia, siendo el enemigo vegetal que el protagonista de “El Principito” debía arrancar. Para Saint-Exupéry, estos árboles representaban una amenaza para los pequeños asteroides, aunque en la realidad son símbolos de resistencia y tolerancia.
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