La curiosa razón por la que verás banderas de Noruega por las calles de este pequeño pueblo de Burgos

La presencia de banderas nórdicas en pleno valle del Arlanza sorprende a todo viajero que visita la localidad burgalesa

Alberto Gómez

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En un pequeño pueblo de la provincia de Burgos, entre casas de entramado de madera y calles empedradas, un curios viajero se sorprenderá ante un fenómeno visual que desafía la lógica geográfica tradicional de la meseta. Covarrubias, conocida históricamente como la cuna de Castilla, luce con orgullo decenas de banderas de Noruega que ondean en sus fachadas más emblemáticas y plazas principales de forma habitual. Este municipio de Castilla y León, de apenas quinientos habitantes, ha tejido un vínculo inquebrantable con el reino escandinavo que trasciende las fronteras físicas y los siglos de distancia. No se trata de un simple capricho decorativo, sino de una herencia medieval que ha resurgido con fuerza en las últimas décadas para asombro de los visitantes. 

La presencia de estos colores nórdicos en pleno valle del Arlanza es el primer indicio de una historia de amor, diplomacia y promesas olvidadas. El origen de esta singular conexión se remonta al año 1257, durante el reinado del monarca Alfonso X el Sabio. En aquel entonces, Castilla buscaba expandir sus fronteras y consolidar su influencia en Europa mediante alianzas estratégicas con potencias lejanas como el reino noruego de Haakon IV. El monarca escandinavo aceptó la propuesta de enviar a su hija, la princesa Kristina, para contraer matrimonio con uno de los hermanos del rey castellano. Esta unión no solo buscaba fortalecer lazos familiares, sino también intereses comerciales relacionados con el control del cereal en el Báltico y el apoyo al Sacro Imperio. La joven princesa partió de su hogar en una travesía épica por mar y tierra que duraría casi un año completo hasta llegar a tierras burgalesas.

La princesa Kristina, nacida en Bergen y con apenas 23 años, se embarcó en el puerto de Tonsberg rodeada de un fastuoso séquito de más de cien hombres. Tras cruzar el Mar del Norte y atravesar Francia bajo la protección de Luis IX, llegó a Castilla en diciembre de 1257. En Valladolid, se le ofreció la oportunidad inusual de elegir esposo entre los hermanos casaderos de Alfonso X, decantándose finalmente por el infante Felipe. Este último había sido educado en las artes de la teología y la literatura, y ostentaba en aquel momento el cargo de abad de la Colegiata de Covarrubias. La boda se celebró con gran pompa en marzo de 1258, marcando el inicio de una vida lejos de sus amados fiordos.

Frente a la colegiata de la localidad burgalesa se erige una estatua de bronce de la princesa, donada por la ciudad noruega de Tonsberg en 1978

El joven matrimonio se instaló en la ciudad de Sevilla, donde la princesa nunca logró adaptarse plenamente al clima ni a las costumbres de la corte castellana. La nostalgia por los paisajes nevados y el verde de su tierra natal la sumieron en una profunda melancolía que los cantares recordaron como la de la princesa triste. Apenas cuatro años después de su llegada, Kristina falleció sin descendencia a la temprana edad de 28 años. Por orden de su esposo, su cuerpo fue trasladado y enterrado en la Colegiata de San Cosme y San Damián de Covarrubias. Aunque el motivo exacto de este traslado sigue siendo un misterio, el hecho vinculó para siempre el nombre de la princesa con esta villa.

La historia de la princesa permaneció en el olvido durante siglos hasta que en 1958 se realizó un hallazgo arqueológico trascendental en el claustro. Al abrir un sepulcro de piedra caliza del siglo XIII, los investigadores encontraron un esqueleto femenino de elevada estatura con restos de cabellos rubios y ricos ropajes. Las características físicas, como una dentadura perfecta y una estatura de un metro setenta y dos centímetros, coincidían con los estándares nórdicos y la edad de la infanta. Junto al cuerpo se halló un pergamino con versos de amor y una receta de ajo para tratar el mal de oído, posible causa de su muerte. Este descubrimiento revivió el interés por Kristina y marcó el inicio de las relaciones diplomáticas modernas entre Noruega y el pueblo.

Uno de los deseos expresados por la princesa antes de morir era la construcción de un templo en honor a San Olav, el patrón de su Noruega natal. Felipe prometió cumplir esta voluntad, pero su muerte prematura y el paso del tiempo dejaron la promesa incumplida durante más de 750 años. No fue hasta el año 2011 cuando finalmente se inauguró la Capilla de San Olav en el Valle de los Lobos, a las afueras de la localidad burgalesa. Esta construcción moderna de madera y acero laminado simboliza las diferentes facetas del santo como guerrero vikingo, rey y mártir cristiano. La ermita es hoy un lugar de peregrinación y el punto final de una ruta de senderismo que emula el camino escandinavo.

El vínculo cultural se ha consolidado a través de la Fundación Princesa Kristina de Noruega y diversas actividades que celebran esta herencia compartida de forma periódica. Cada mes de octubre, el festival Notas de Noruega llena las calles de Covarrubias con música escandinava, mercadillos de productos típicos y eventos internacionales. Frente a la colegiata se erige una estatua de bronce de la princesa, donada por la ciudad noruega de Tonsberg en 1978. Además, una campana situada junto a su sepulcro mantiene viva una tradición popular que invita a las jóvenes solteras a tocarla para encontrar el amor. Estos elementos han convertido al pueblo en una auténtica embajada cultural noruega en el corazón de Castilla y León.

En la actualidad, proyectos como Conexión Noruega buscan transformar este legado histórico en un motor de desarrollo sostenible y turismo de calidad para la región. La iniciativa pretende atraer a la población denominada ‘silver’, mayores de 55 años, y a nómadas digitales que busquen un entorno rural con buena conectividad. Covarrubias ha pasado de recibir unas pocas decenas de visitantes noruegos a superar el millar en años recientes gracias a convenios institucionales. La localidad alicantina de Alfaz del Pi, con una gran colonia nórdica, también participa en este intercambio mediante un hermanamiento oficial. El objetivo es posicionar a la villa como un destino de referencia donde la historia medieval y la naturaleza se fusionan.

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