Un nuevo dinosaurio aparece en Burgos con apenas 30 centímetros de altura y un cráneo del tamaño de una nuez
El suelo estaba cubierto de agujas secas que crujían bajo los pasos de las pequeñas criaturas. Entre las raíces retorcidas de los árboles, cinco cuerpos ágiles se movían con cuidado, levantando el hocico para olfatear el aire antes de arrancar un trozo de brote tierno. Los Foskeia pelendonum avanzaban en grupo, atentos a cada ruido que rompía el silencio del bosque. Uno de ellos, el más joven, se detuvo al oír el chasquido de una rama, y los demás giraron de golpe, tensos y quietos, hasta que el peligro se disipó. Después reanudaron la búsqueda de hojas blandas entre las sombras, con los ojos fijos en los claros donde la luz se filtraba a través de las copas.
Un cuerpo ágil y una mandíbula preparada para sobrevivir en bosques densos
El equipo internacional dirigido por el paleontólogo Paul-Émile Dieudonné ha identificado en Burgos una nueva especie de dinosaurio herbívoro, Foskeia pelendonum, descrita en la revista Papers in Palaeontology como el ejemplar más pequeño de su grupo y una pieza fundamental para entender cómo evolucionaron los ornitisquios europeos durante el Cretácico. El estudio sitúa a este animal en la familia Rhabdodontidae, lo que amplía el mapa de la evolución de los herbívoros en el continente.
El Colectivo Arqueológico y Paleontológico de Salas (CAS) presentó el hallazgo como una de las mayores aportaciones de los últimos años a la paleontología europea. El descubrimiento tuvo lugar en el yacimiento de Vegagete, cerca de Villanueva de Carazo, donde se recuperaron cerca de 800 fósiles. De ellos, unos 350 pertenecen a seis individuos distintos, desde crías hasta adultos, según detalló el propio Dieudonné. “La investigación ha sido un desafío, ya que tuvimos que ensamblar varios fragmentos diminutos para reconstruir la mayor parte de su anatomía”, explicó el paleontólogo.
Los restos revelaron un cráneo de 5,5 centímetros, con una mandíbula adaptada a triturar vegetación dura y dientes de estructura compleja. Este diminuto dinosaurio, que medía entre 50 y 60 centímetros de longitud y no superaba los 30 de altura, presenta un grado de desarrollo anatómico que lo distingue de cualquier otro miembro conocido de su familia.
Los fósiles revelan cambios en la forma de andar a lo largo de su crecimiento
Los estudios permitieron deducir que vivía entre bosques cerrados y zonas húmedas donde podía ocultarse de los depredadores. Su cuerpo ligero y sus patas largas le daban agilidad para moverse con rapidez. Según el análisis histológico, los ejemplares jóvenes se desplazaban sobre dos patas y los adultos, con el tiempo, pasaban a hacerlo en cuatro, lo que revela un cambio de locomoción ligado al crecimiento.
Los resultados filogenéticos situaron a Foskeia pelendonum en una posición singular dentro del linaje Rhabdodontomorpha, junto al Muttaburrasaurus australiano, lo que sugiere la existencia de vínculos evolutivos entre continentes. Este hallazgo reavivó el debate sobre la hipótesis de Phytodinosauria, que propone agrupar a todos los dinosaurios herbívoros en un mismo linaje natural. Los autores del estudio consideran que las conexiones detectadas justifican revisar ese modelo.
La provincia de Burgos acumula así tres especies únicas: el Europatitan eastwoodi, el Demandasaurus darwini y, ahora, el Foskeia pelendonum, que amplía la historia evolutiva de los dinosaurios ibéricos. Cada nuevo hallazgo en esta región añade piezas valiosas al estudio de la fauna del Cretácico temprano y apuntala la importancia científica de sus yacimientos.
Un descubrimiento pequeño en tamaño pero enorme en valor científico
Los fósiles de Foskeia son, en apariencia, pequeños fragmentos de hueso, pero su estudio ha cambiado la visión sobre los dinosaurios de menor tamaño. Este grupo, antes considerado marginal, se revela ahora como una parte fundamental del rompecabezas evolutivo. Los investigadores apuntan que la diversidad de formas en miniatura, lejos de ser anecdótica, fue esencial para el equilibrio de los ecosistemas del Cretácico.
El hallazgo demuestra que el tamaño no determina la relevancia científica. En este caso, un cráneo del tamaño de una nuez y un cuerpo que apenas llegaba al medio metro han bastado para replantear las teorías sobre la evolución de los herbívoros europeos. La historia de Foskeia pelendonum ejemplifica que incluso los restos más pequeños pueden abrir grandes preguntas sobre el pasado.
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