Los animales que inauguraron la era de los vertebrados tenían cuatro ojos capaces de abarcar todo el horizonte

Con el paso de millones de años, las estructuras del segundo par se transformaron en la glándula pineal

Héctor Farrés

3 de febrero de 2026 17:18 h

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El cuerpo de muchos animales actuales funciona con una norma sencilla que casi nadie cuestiona. Los mamíferos, los peces y el resto de vertebrados tienen dos ojos colocados a los lados de la cabeza, conectados al cerebro y coordinados para formar imágenes. Ese patrón parece estable y repetido hasta el cansancio, aunque no siempre fue así. Los vertebrados más antiguos conocidos no encajaban en ese esquema y mostraban una organización visual más amplia. Esa diferencia obligó a revisar cómo empezó realmente la visión en este grupo.

Un trabajo publicado en la revista Nature analizó fósiles del Cámbrico y concluyó que los primeros vertebrados contaban con cuatro ojos de tipo cámara, no con dos. El estudio se centró en restos bien conservados de animales sin mandíbulas que vivieron hace más de 500 millones de años. Esos ejemplares pertenecían a un grupo primitivo que ocupaba mares llenos de depredadores y competencia continuada. El hallazgo, por lo tanto, cambia la idea habitual sobre el origen del sistema visual vertebrado.

Las estructuras del Haikouichthys muestran restos de pigmentos oculares

El equipo examinó fósiles de Haikouichthys ercaicunensis y de otra especie emparentada que no tiene nombre formal. Entre los dos ojos laterales aparecían dos manchas oscuras que durante años se interpretaron como sacos nasales. El análisis con microscopía electrónica y mapas elementales mostró otra cosa. Esas estructuras contenían melanosomas, los mismos orgánulos que aparecen en las retinas actuales y que gestionan la absorción de luz. Además, cada una tenía una forma redondeada regular que encajaba con la presencia de una lente.

Los vertebrados actuales, desde peces hasta humanos, usan ojos de tipo cámara con una sola lente que enfoca la luz sobre la retina. Encontrar ese diseño en los ojos laterales de un animal del Cámbrico no resulta extraño. Lo llamativo fue detectar el mismo sistema en un segundo par situado en la parte superior de la cabeza. Esa disposición permitía cubrir casi todo el entorno sin girar el cuerpo. En un océano dominado por grandes depredadores, ver alrededor podía marcar la diferencia entre escapar o desaparecer en las fauces de cualquier criatura.

Los cuatro ojos de aquellos peces primitivos ofrecían una vista panorámica capaz de detectar movimientos a ambos lados

El estudio sugiere que esos cuatro ojos funcionaban al mismo nivel y no como simples sensores de luz. Jakob Vinther, paleontólogo de la Universidad de Bristol, explicó a New Scientist que “probablemente podían distinguir bien los objetos, su forma y cierto grado de profundidad”. Esa capacidad ofrecía una visión amplia del entorno inmediato. No se trataba de detectar sombras, sino de formar imágenes útiles para moverse y reaccionar.

Los ojos adicionales terminaron convertidos en una glándula cerebral

Con el tiempo, ese sistema dejó de existir. Mantener cuatro canales visuales exigía un gasto energético alto y un cerebro capaz de procesar mucha información al mismo tiempo. A medida que algunos de estos animales pasaron de ser presas a ocupar posiciones más activas como cazadores, la necesidad de vigilar todo el entorno se redujo. Dos ojos bien coordinados resultaban suficientes para seguir presas y orientarse. El segundo par, una vez en este escenario más cómodo, empezó a perder su función original.

Los investigadores plantean que esos ojos medianos no desaparecieron sin dejar rastro. Con el paso de millones de años se transformaron en la glándula pineal, una pequeña estructura situada en el cerebro de la mayoría de los vertebrados. Hoy regula ritmos de sueño a través de la melatonina y responde a ciclos de luz y oscuridad. En algunos animales mantiene una relación con la percepción luminosa y recibe el apodo de tercer ojo.

El estudio, firmado por Xiangtong Lei y publicado en 2026, no altera cómo ven los animales actuales, pero sí aclara de dónde procede ese diseño. La visión con dos ojos no fue el único camino posible, sino el resultado de una reducción funcional tras una etapa más compleja documentada ahora en el registro fósil.

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