La historia de la monja de Kent, la mujer que fue ejecutada por profetizar sobre el futuro del rey Enrique VIII

Elizabeth Barton, conocida como 'la monja de Kent', retratada durante una de sus supuestas visiones.

Laura Cuesta

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El 20 de abril de 1534, una mujer de 28 años fue ahorcada en Tyburn, el lugar habitual de las ejecuciones públicas en el Londres de la época. Tras la ejecución, su cabeza fue expuesta en el puente de la ciudad, una práctica reservada a quienes eran condenados por traición. Se llamaba Elizabeth Barton y, poco antes de terminar en la horca, había sido una de las figuras religiosas más influyentes de Inglaterra.

Elizabeth nació hacia el año 1506 en Kent, en el sureste de Inglaterra. Trabajaba como sirvienta cuando, alrededor de 1525, cayó enferma y empezó a experimentar sus primeras visiones y profecías. Según los testimonios de la época, durante estos trances la joven pronunciaba mensajes que parecían extraídos de la Biblia sobre la fe y el pecado.

Sus experiencias llamaron la atención de sacerdotes locales, que interpretaron aquellos episodios como manifestaciones divinas, y apenas unos meses después, ingresó en un pequeño convento de Canterbury. Allí adoptó la vida religiosa y comenzó a ser conocida como la monja de Kent, llegando a tener una enorme influencia en la Inglaterra Tudor.

Durante varios años, Barton gozó de una enorme popularidad. Sus visiones eran consideradas auténticas por numerosos clérigos y peregrinos, y algunos de los personajes más influyentes del reino acudían a escuchar sus mensajes, incluido el rey Enrique VIII. Fue precisamente este monarca inglés el que cambió para siempre el destino de la joven religiosa.

El divorcio que acabaría con la vida de Enrique

El monarca, desesperado por conseguir un heredero varón, buscaba anular su matrimonio con Catalina de Aragón para casarse con Ana Bolena. Sin embargo, el papa Clemente VII se negó a conceder la anulación, lo que desencadenó una crisis que acabaría provocando la ruptura de Inglaterra con la Iglesia de Roma.

En ese contexto, las profecías de Barton empezaron a tener una enorme carga política. La monja aseguró haber recibido una revelación divina que decía que, si Enrique VIII se casaba con Ana Bolena y rompía con la Iglesia católica, perdería el favor de Dios y moriría en el plazo de un mes. Para el rey, decidido a proclamarse cabeza de la nueva Iglesia de Inglaterra, aquel mensaje dejó de ser una cuestión religiosa para convertirse en un desafío directo a la Corona.

En 1533, Barton fue arrestada junto con varios sacerdotes y religiosos que la apoyaban. Las autoridades la acusaron de haberse inventado aquellas visiones para acabar con la legitimidad del monarca y, tras ser obligada a confesar públicamente su mentira, el Parlamento la declaró culpable de alta traición. Apenas unos meses después, la monja de Kent acabó en la horca.

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