Entre la inspiración y la tragedia: el periodo italiano que marcó a Mary Shelley y a su literatura
Hace 175 años moría el primero de febrero Mary Shelley, la autora de ‘Frankenstein’, que también llevó el subtítulo de ‘el moderno Prometeo, y que, debido a la adaptación de Guillermo del Toro a finales de 2025, volvió a estar de actualidad.
La vida de Mary Shelley, creadora de ‘Frankenstein’, considerada la primera novela de ciencia ficción moderna, fue de lo más interesante siendo una escritora, editora y dramaturga británica profundamente feminista y adelantada a su tiempo. Nació el 30 de agosto de 1797 en Londres y ya su llegada al mundo estuvo marcada por la tragedia: su madre, la filósofa y pionera del feminismo Mary Wollstonecraft, murió a los 38 años a causa de una infección posparto. Mary fue criada por su padre, el pensador y político William Godwin, en un entorno intelectual que moldeó decisivamente su pensamiento crítico y su sensibilidad literaria, y que, a pesar de no haber crecido junto a su madre, de ella heredó su pensamiento e ideas.
Siendo muy joven conoció al poeta Percy Bysshe Shelley, atraída por su pensamiento radical y su rechazo a las convenciones sociales, valores que conectaban de forma natural con la educación intelectual que había recibido en casa de su padre. La relación, escandalosa para la época, se basó en una profunda afinidad creativa y filosófica, y llevó a Mary a romper con los límites impuestos a las mujeres de su tiempo. Juntos emprendieron una vida errante, guiada por la literatura, las ideas y la búsqueda de libertad, una unión que acabaría conduciéndolos primero al matrimonio y, más tarde, al decisivo viaje a Italia.
El episodio marcado por la tragedia personal
En 1818, Mary Shelley abandonó Londres junto a su esposo y su círculo cercano para instalarse en Italia. Vivió allí durante distintos periodos entre 1818 y 1823, en un país que pronto se convertiría para ella en un espacio de contradicciones: fuente de inspiración artística y libertad intelectual, pero también escenario de un dolor devastador. El paisaje, las ruinas clásicas y el clima italiano ejercieron una fuerte influencia romántica sobre su obra y su mirada del mundo.
La estancia italiana estuvo marcada por una cadena de pérdidas irreparables. En 1818 murió su hija Clara en Venecia y, al año siguiente, falleció su hijo William en Roma. Su segundo y tercer hijo tampoco sobrevivieron, sumiendo a Mary en una profunda desesperación. Tras ese periodo de sufrimiento, en 1819 nació su cuarto hijo, Percy Florence, llamado así por haber nacido en Florencia, lo que trajo un breve respiro a la tragedia constante que parecía acompañarla.
Sin embargo, la muerte volvió a golpear con fuerza. En 1822, Percy Bysshe Shelley murió ahogado cuando su velero se hundió durante una tormenta frente a la costa de Viareggio, en la bahía de La Spezia. Este acontecimiento puso fin de manera abrupta a la etapa italiana de Mary y marcó uno de los momentos más dolorosos de su vida. En sus diarios y cartas, Italia aparece descrita como un lugar de belleza sublime, pero también como el país que, en sus propias palabras, le había “robado la felicidad y todo lo que le importaba”.
Más allá de la tragedia: el poso de Italia en la obra y vida de Mary Shelley
A pesar de la profunda depresión que atravesó, Italia fue uno de los periodos más fértiles de su carrera literaria. Frankenstein se publicó en 1818, justo antes de su llegada, pero Mary revisó y profundizó la novela durante su estancia italiana, especialmente en ediciones posteriores. Allí escribió gran parte de Valperga (1823), una novela histórica ambientada en la Italia medieval, y comenzó Mathilda, una obra oscura e introspectiva claramente influida por su duelo y su reflexión sobre la pérdida.
Durante esos años, Mary Shelley recorrió y vivió en diversas ciudades italianas que dejaron huella en su experiencia vital y creativa. Milán fue una de sus primeras paradas; en Venecia se reencontró con Lord Byron; Roma fue una ciudad crucial y trágica; Nápoles estuvo marcada por tensiones familiares; y en Pisa el grupo de los Shelley logró cierta estabilidad. Génova y Lerici, en el golfo de La Spezia, fueron los últimos lugares que habitó junto a Percy.
Tras la muerte de su marido, la escritora decidió regresar a Inglaterra en 1823 para concentrarse en la educación de su hijo y en su carrera como escritora profesional. A partir de entonces, dedicó gran parte de su vida a preservar y editar la obra de Percy Shelley, asegurando su legado literario, al tiempo que continuaba escribiendo y publicando sus propios textos.
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