Tratamientos de longevidad para perros: el plan de la ciencia para que vivan más

Empresas y centros de investigación estudian nuevas vías para retrasar el envejecimiento de perros y gatos, aunque muchos de los tratamientos siguen en fase experimental

Miguel Jorge

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La investigación científica y la industria biotecnológica han intensificado el estudio de nuevas opciones para alargar la vida de las mascotas, en especial de perros y gatos. El propósito principal no radica únicamente en aumentar su esperanza de vida, sino también en demorar el deterioro propio de la vejez y preservar su bienestar durante un periodo más amplio. Nuevos fármacos, terapias génicas y avances en el conocimiento de las enfermedades relacionadas con la edad forman parte de una línea de investigación que empieza a atraer la atención de empresas e inversores.

Esta tendencia se hizo patente durante la primera edición de la Animal Longevity Summit, celebrada en Toronto, una cita que congregó a científicos del ámbito universitario y a empresas dedicadas a la biología del envejecimiento en animales. En las sesiones se trataron cuestiones como las bases celulares del paso del tiempo, los tumores en la población canina, las propiedades regenerativas del ajolote o el perfil genético de especies adaptadas a entornos extremos.

El interés científico coincide con el potencial económico del sector. Cameron Hurlburt, de la firma de inversión Ani VC, sitúa en torno a los 150.000 millones de dólares el mercado estadounidense de productos, servicios y salud para mascotas. La expansión de los seguros veterinarios y la disposición de los propietarios a invertir en el bienestar de sus animales podrían favorecer el desarrollo de nuevos tratamientos, aunque su éxito comercial dependerá también de que demuestren su eficacia y seguridad.

Fármacos dirigidos a los problemas de salud propios de la edad

Un campo de trabajo relevante se centra en la formulación de suplementos y dietas orientadas a proteger las funciones básicas del organismo durante los años de vejez. Entre las propuestas figuran los alimentos para mascotas enriquecidos con probióticos, destinados a favorecer determinadas funciones del organismo. Otra línea explora la posibilidad de adaptar medicamentos ya aprobados para uso humano a enfermedades que afectan a perros y gatos, una estrategia que requiere comprobar su idoneidad, seguridad y eficacia en cada especie.

La firma Cat Health Company, afincada en Bucarest, centra sus esfuerzos en fármacos frente a problemas como la sarcopenia felina (la merma progresiva del volumen y la fuerza de los músculos) y las dolencias de riñón. Sus responsables han informado de la presencia de dos moléculas en fase de pruebas clínicas, enfocadas a mitigar alteraciones que limitan la autonomía de los felinos con el paso del tiempo. Sin embargo, el desarrollo de un tratamiento no garantiza que vaya a llegar al mercado ni que consiga prolongar la vida de los pacientes.

Una dueña agarrando de la pata a su perro

Otros grupos concentran sus ensayos en patologías graves que merman la salud de los perros. La biotecnológica Rejuvenate Bio, con sede en San Diego, trabaja en un tratamiento génico para la enfermedad de la válvula mitral, un fallo del corazón común en ciertas razas caninas. La compañía estudia, además, la posibilidad de ampliar esta tecnología a trastornos metabólicos y a otras áreas relacionadas con la longevidad. La reducción de los costes de fabricación es uno de los aspectos que pueden facilitar el desarrollo de estas terapias, aunque su aplicación dependerá de los resultados científicos y de los requisitos regulatorios.

La terapia génica como vía para favorecer la longevidad

Genflow Biosciences, con sede en Bruselas, también investiga el uso de la terapia génica para tratar de prolongar la vida de los perros y reducir la sarcopenia. Su estrategia se basa en intervenir sobre procesos biológicos relacionados con el envejecimiento, un campo que todavía requiere pruebas para determinar qué efectos pueden conseguirse en animales. De lograr resultados concluyentes, la entidad planea licenciar la solución a través de una compañía referente del sector veterinario y usar los beneficios para respaldar ensayos clínicos en pacientes humanos.

El vínculo entre centros universitarios, laboratorios y el tejido empresarial resulta decisivo para consolidar este terreno. Noah Snyder-Mackler, experto de la Universidad Estatal de Arizona y participante del Dog Aging Project, ha expuesto las barreras financieras a las que se enfrentan los trabajos centrados en la vejez de los perros. Según esta perspectiva, las ayudas públicas suelen priorizar investigaciones con una posible aplicación en la salud humana, lo que puede dejar menos recursos disponibles para realizar estudios de intervención específicamente orientados a los perros.

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