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Uber quiere un monopolio y si no le dejan con taxis, probará con coches voladores

Prototipo de taxi volador presentado por Uber.

Carlos del Castillo

Los últimos meses no han sido demasiado buenos para Uber. La sentencia del Tribunal de Justicia de la UE que la declaró una app de transporte y pide a los Estados que la regulen como tal en sus intentos de introducirse en el sector del taxi ha complicado su estrategia empresarial. Los gobiernos europeos están aprobando medidas que aseguren que Uber y las apps similares no compitan con ventaja sobre los taxis. Esto supone un duro revés para Uber, que pese a su mensaje publicitario, se ha mostrado poco interesada en ofrecer soluciones innovadoras para competir en un mercado de transporte urbano discrecional regulado, decantándose por una estrategia de dumping basada en el empleo precario y la condición de falso autónomo de sus conductores.

Su reacción a esta situación ha sido apostar más alto: ha intensificado sus planes de lograr el coche volador. Ha traído a Europa el primer centro dedicado a desarrollar esta nueva tecnología fuera de EEUU, abierto en París, en el que invertirá 20 millones de euros. También ha presentado el prototipo de vehículo con el que espera lograrlo, mitad automóvil, mitad dron, y lanzado un “proceso para que las ciudades interesadas puedan contactar directamente con Uber y compartir cómo puede impactar en su mercado uberAIR y cómo pueden ayudar a extender el servicio”, explicó Jeff Holden, su jefe de producto.

La empresa aún no sabe cuántas personas podrá transportar ese aerotaxi o cuanto costará un viaje. Solo que lo quiere aquí en menos de una década y que busca tres ciudades dispuestas a abrir su espacio aéreo para las pruebas (y no poner el grito en el cielo ante posibles contratiempos).

Con este movimiento Uber, en vez de intentar hacerse fuerte en el transporte urbano y convertirse en una opción consolidada (en muchos mercados, como en España, ni siquiera es la app de referencia), se ha lanzado a conquistar uno de los fetiches de la tecnología, con el que muchos han soñado pero que hasta la fecha nadie ha conseguido. La pregunta es: ¿cómo puede permitirse Uber llegar a la casilla de meta sin haber pasado por todas las anteriores?

La respuesta radica en que Uber, como empresa, nunca ha buscado competir. “Está programada no solo para transportar viajeros, sino para eliminar la competencia. Es un monopolio en ciernes”, avisaba ya en 2015 Douglas Rushkoff, profesor de la Universidad de Nueva York, cuando la compañía ni siquiera había anunciado sus planes de conquistar el espacio aéreo de las ciudades y solo coqueteaba con los vehículos sin conductor. “Uber no puede mantener su valoración de miles de millones de dólares siendo un agente de transporte”, profundizaba.

Rushkoff, autor de una decena de libros sobre la sociedad de la información y las nuevas tecnologías, explica que en este momento el producto real de Uber no son los servicios que presta, sino sus acciones y el valor que generan para los inversores. Ese valor no se basa en su producción, sino en su potencial para desarrollar un monopolio del transporte urbano.

“Tenemos que interrogar a nuestras apps sobre cómo afectan al mercado de trabajo, el medioambiente, la economía... ¿quién se está enriqueciendo, quién está perdiendo su trabajo, a quién se está empobreciendo y quién es el cliente? Si no sabes para qué está programada la aplicación, entonces no eres el usuario real”, recuerda Rushkoff en declaraciones a eldiario.es.

El método Facebook para lograr un monopolio  

En sus recientes comparecencias ante el Congreso y el Senado de EEUU y ante la conferencia de presidentes del Parlamento Europeo, Mark Zuckerberg negó reiteradamente que Facebook sea un monopolio. Al contrario, su competencia es enorme, según su fundador: “Todo Internet”. Efectivamente, Facebook ha conseguido ocupar el rol que antes desempeñaba toda la red para muchos de sus usuarios.  

En Facebook se pueden mandar mensajes, subir y comentar fotos, lanzar al aire cómo te sientes, jugar, visitar la página de prácticamente cualquier institución empresa del mundo e interactuar con ellas... Facebook es Facebook. Tiene multitud competidores en cada uno de esos servicios, pero nadie capaz de hacerle sobra como compañía. Es tan grande y acumula tanto poder (más de 2.000 millones de usuarios activos) que pese a sus problemas, el poder político ni se plantea discutir la manera en que gana dinero, aunque esta pueda tener efectos muy negativos para la formación de la opinión pública o la democracia. Solo aspira a marcar pautas para que Facebook se autorregule como actor incuestionable en el ecosistema digital. 

El método Facebook es al que juegan todos los gigantes tecnológicos y que les ha convertido en las empresas más valiosas del planeta. Alphabet (matriz de Google, Android, Gmail...), Apple, Amazon, Microsoft, Facebook fluctúan en todas las listas entre las diez marcas más apreciadas, y en muchos se reparten los cinco primeros puestos. Todas, de una forma u otra, fueron claves en el desarrollo de una determinada tecnología y por ello dominan sus nichos de mercado. A excepción de Apple con Samsung, no tienen competidores reales. 

Este es exactamente el modelo que pretende replicar Uber en el transporte y el motivo por el que recibe inyecciones salvajes de capital procedentes de fondos de inversión. Pese a los problemas que tiene en todo el mundo para implantar su monopolio en el suelo de las ciudades, en 2018 se ha colado ya entre las 100 marcas más valiosas y sigue recibiendo capital. La promesa es que lo hará por el aire. Allí no solo quiere ser la primera. También la única.

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