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Por un compromiso colectivo para dignificar a la Universidad Rey Juan Carlos

A la vuelta del verano, varias alumnas y alumnos de la URJC en Alcorcón me relataban sus experiencias en visitas al pueblo, comidas familiares o reencuentros con amistades

El daño que ha sufrido la marca URJC contaminaba a todo lo que tuviera la firma de la entidad.  Una irresponsable trituradora de años de esfuerzos 

Alumnos en el campus de la URJC en Alcorcón

Alumnos en el campus de la URJC en Alcorcón GOOGLE STREET VIEW

La dimisión de la ministra Carmen Montón protagonizaba el más reciente episodio de la trágica crisis reputacional de la Universidad Rey Juan Carlos. Tras los bochornosos capítulos de Cristina Cifuentes y Pablo Casado, la socialista pone la guinda del pastel a un proceso que está teniendo una víctima invisible: el alumnado de la universidad pública.

Quiero recordar a los lectores que la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) tiene una gran importancia para los municipios del sur de Madrid. En Alcorcón tenemos un campus, así como en Fuenlabrada, Móstoles o Aranjuez. Una parte significativa del alumnado del sur decide hacer sus carreras universitarias aquí, tiene títulos de esta entidad o se encuentra ahora mismo cursando sus respectivas carreras. Por eso, me veo en la obligación moral de reivindicar a un alumnado que está siendo castigado injustamente sin que Cristina Cifuentes derrame una sola lágrima, sin que a Pablo Casado se le caiga su cara de hormigón armado de vergüenza y sin que la ministra Carmen Montón haya sido capaz de disculparse por el daño causado a ellas y ellos.

A la vuelta del verano, varias alumnas y alumnos de Alcorcón me relataban sus experiencias en visitas al pueblo, comidas familiares o reencuentros con amistades, dónde eran sometidos a un injusto escrutinio público. Sus horas de estudios, su energía por compaginarlas con un trabajo, sus ahorros invertidos, su esfuerzo por conseguir becas y sus años empleados eran reducidos a tener una matrícula dónde “a Cifuentes y a Casado les regalaron el máster”. Muchos meditaron si cambiarse de universidad mientras que muchas me comentaban alarmadas que, aunque su estudio no tenía nada que ver con el de los mentados, el daño que había sufrido la marca contaminaba a todo lo que tuviera la firma de la entidad.  Una irresponsable trituradora de años de esfuerzos que generó preocupación y alarma entre miles de alumnos. Muchos de ellos confiaban en que lo peor había pasado, pero entonces llegó el caso de Carmen Montón.

Una situación injusta, cuyos únicos responsables son los políticos aquí mencionados del Partido Popular y el Partido Socialista. Los mismos partidos que jugaron al turnismo bipartidista en el sur de Madrid llevando a la ruina a muchos de nuestros municipios, hoy son los principales responsables de haber desatado una crisis reputacional que está padeciendo el alumnado y gran parte del personal docente honesto de la Universidad Rey Juan Carlos.

Lejos de enmendar sus actos o pedir una disculpa por el enorme daño causado, a medida que se revelaban sus irregularidades todos ellos han repetido las mismas prácticas que, según parece, protagonizaron en la universidad: colocar por delante su carrera personal al futuro de miles de estudiantes, alargando las crisis con excusas o mentiras hasta que se vuelve insostenible.

Bien es cierto que, a diferencia de Casado, tanto la ministra Montón como Cifuentes han acabado dimitiendo. Pero incluso en el caso de la ministra, faltó autocrítica. Sus palabras, lejos de revelar arrepentimiento y buscar reparar la reputación dañada, aludían a causas de su responsabilidad para con el Gobierno. ¿Y la responsabilidad para con la Universidad Pública, para cuándo?

Más allá de la rendición de cuentas políticas, obrada con mayor o menor acierto en cada caso, queda una tarea pendiente que no debería demorarse: La dignificación de la Universidad Pública en general y de la Universidad Rey Juan Carlos en particular.

Queda en el aire qué puede hacer el ministerio de Educación, el Poder Judicial y otras instituciones pertinentes en lo relativo a la presunta red de favores existentes dentro de la Universidad. Pero lo que sí puede hacerse desde este mismo momento es restaurar el buen nombre de la Universidad Rey Juan Carlos, poniendo el acento en que un caso en el que una minoría irresponsable es la beneficiada no representa a la inmensa mayoría del alumnado, que sólo es culpable de entregar su esfuerzo, tiempo y dedicación a cumplir sus obligaciones universitarias.

Hoy puede hacerse, pero necesitamos la voluntad de los Ayuntamientos de la región y la Comunidad de Madrid. Los alcaldes y alcaldesas de Alcorcón, Aranjuez, Fuenlabrada y Móstoles deberían dejar a un lado los carnets de sus respectivos partidos y mirar por el interés general del sur de Madrid. Unir fuerzas para pedirle al Ayuntamiento de Madrid, a la Comunidad de Madrid y a la Universidad Rey Juan Carlos una declaración institucional conjunta por la dignificación.

También sería importante que esta declaración se concretara en hechos. Estos consisten en aunar recursos para poner en marcha una campaña de sensibilización que ponga en valor el esfuerzo de la comunidad educativa de la URJC y el valor general de la Universidad Pública. En el ámbito autonómico tenemos Telemadrid, y en el ámbito estatal RTVE, instrumentos que podrían jugar un papel fundamental en este trabajo de reparación reputacional. Lo importante es que todas y todos juntos aunemos esfuerzos para resolver cuanto antes el perjuicio creado a la comunidad educativa de la URJC durante este último medio año.

Hace unos días dónde conocíamos que, gracias al cogobierno parlamentario de Unidos Podemos, el Gobierno de España pondrá en marcha la reversión de los recortes en educación pública, es importante que nos comprometamos con la causa de tener un sistema universitario del que nos sintamos orgullosas y orgullosos. Porque el cuidado de lo público requiere un abordaje integral, dónde garanticemos desde los recursos hasta el buen nombre de sus instituciones ¿A qué esperamos?

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