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Del encierro a la memoria: el Fuerte de San Cristóbal, la prisión franquista por la que pasaron miles de republicanos

Vista aérea del Fuerte San Cristóbal, en Pamplona.

Roberto Ruiz

12 de junio de 2026 22:45 h

A simple vista, el Fuerte de San Cristóbal parece una vieja fortaleza militar más. Se alza en la cima del monte Ezkaba, a pocos kilómetros de Pamplona, dominando la cuenca desde una posición privilegiada. Construido entre finales del siglo XIX y comienzos del XX para defender la ciudad, nunca llegó a cumplir la función para la que fue concebido. Sin embargo, su historia acabaría tomando un rumbo muy distinto.

Durante la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura franquista, este enorme complejo militar se convirtió en una prisión por la que pasaron miles de presos republicanos. Entre sus muros estuvieron recluidas más de 7.000 personas en unas condiciones especialmente duras, y fue allí donde tuvo lugar uno de los episodios más conocidos de la historia penitenciaria española: la fuga masiva del 22 de mayo de 1938, cuando 795 presos intentaron escapar en dirección a la frontera francesa.

Hoy, más de ocho décadas después, el fuerte sigue siendo uno de los lugares con más carga histórica de Navarra. Declarado Bien de Interés Cultural y convertido recientemente en Lugar de Memoria Democrática, se encuentra inmerso en un proceso que permitirá su apertura progresiva a la ciudadanía mediante visitas guiadas y la creación de un futuro centro de interpretación. Una oportunidad para acercarse a un espacio que durante décadas permaneció cerrado y que conserva algunas de las páginas más significativas de la historia contemporánea española.

Interior del Fuerte de San Cristóbal.

Una gigantesca fortaleza construida para defender Pamplona

Para entender la historia del Fuerte de San Cristóbal hay que remontarse a las guerras carlistas. Tras el último conflicto, el ejército concluyó que Pamplona era especialmente vulnerable a los ataques de artillería desde el monte Ezkaba, la elevación que domina la ciudad por el norte. La respuesta fue levantar allí una gran fortaleza capaz de proteger la capital navarra.

Las obras comenzaron en 1878 y se prolongaron durante más de cuatro décadas. El resultado fue una construcción monumental conocida oficialmente como Fuerte de Alfonso XII, considerada una de las mayores fortalezas poligonales del Pirineo. Su posición estratégica permitía controlar visualmente toda la cuenca de Pamplona, una ventaja que sigue siendo evidente para cualquiera que ascienda hoy hasta la cima del Ezkaba.

Sin embargo, la fortificación nació prácticamente obsoleta. La rápida evolución de la artillería y el desarrollo de la aviación durante las primeras décadas del siglo XX hicieron que este tipo de construcciones perdieran buena parte de su utilidad militar. Cuando el fuerte estuvo terminado, ya había dejado de ser una pieza decisiva para la defensa de la ciudad. Paradójicamente, nunca sería recordado por la función para la que fue construido.

La prisión por la que pasaron miles de republicanos

La historia que convirtió al Fuerte de San Cristóbal en un lugar único comenzó en la década de 1930. En 1934, tras la Revolución de Asturias, empezó a utilizarse como prisión para prisioneros asturianos y eibarrenses. Después, durante la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura franquista, se transformó en uno de los principales centros de reclusión de presos republicanos.

Interior del Fuerte de San Cristóbal.

A lo largo de aquellos años pasaron por sus galerías más de 7.000 personas procedentes de distintos puntos de España. El hacinamiento, las enfermedades y las duras condiciones de vida marcaron el día a día de muchos de los internos, convirtiendo el antiguo complejo militar en un símbolo de la represión franquista.

La huella de aquella etapa sigue presente en distintos puntos del entorno. Uno de los más conocidos es el llamado Cementerio de las Botellas, situado junto al fuerte. Recibe ese nombre porque los presos fallecidos eran enterrados con una botella que contenía sus datos identificativos, una práctica que permitía registrar quién y por qué razón descansaba en cada sepultura.

Hoy, gran parte del valor histórico y patrimonial del recinto está ligado precisamente a esa memoria. Más allá de la arquitectura militar, el fuerte se ha convertido en un lugar asociado al recuerdo de las miles de personas que estuvieron encarceladas entre sus muros.

La fuga que convirtió San Cristóbal en un lugar histórico

Si hay un episodio que ha hecho mundialmente conocido al Fuerte de San Cristóbal es la fuga del 22 de mayo de 1938.

Interior del Fuerte de San Cristóbal.

Aquel día, aprovechando una situación favorable dentro de la prisión, cientos de internos pusieron en marcha un plan de evasión que llevaba tiempo gestándose. La intención era escapar del fuerte y alcanzar la frontera francesa atravesando las montañas navarras.

La magnitud de la operación fue extraordinaria. Un total de 795 presos consiguieron abandonar el recinto, convirtiendo la evasión en una de las mayores fugas carcelarias registradas en Europa durante el siglo XX.

Sin embargo, la libertad estuvo muy lejos de convertirse en una realidad para la mayoría. Los fugados tuvieron que enfrentarse a un territorio que apenas conocían, sin apenas recursos y perseguidos por las fuerzas encargadas de su captura. La búsqueda se extendió por montes, bosques y pueblos de la zona.

Muchos fueron detenidos en los días posteriores. Más de 200 murieron durante la persecución. Y al final, solo tres hombres lograron alcanzar Francia.

Interior del Fuerte de San Cristóbal.

La historia de aquella fuga sigue muy presente en Navarra. De hecho, existe una ruta senderista señalizada, el GR-225, que recuerda el recorrido realizado por los presos que intentaron alcanzar la frontera. Si te van las rutas por la naturaleza, es una buena forma de conectar el paisaje con uno de los episodios más impactantes ocurridos en este lugar.

Qué queda hoy del Fuerte de San Cristóbal

Tras dejar de funcionar como prisión en 1945, el recinto tuvo distintos usos militares hasta que fue abandonado definitivamente por el Ejército en 1987 y se mantuvo un pequeño retén de vigilancia hasta 1991. Desde entonces, el paso del tiempo ha dejado una huella evidente sobre muchas de sus estructuras.

Aun así, el conjunto conserva una enorme presencia. Su tamaño, su ubicación y las vistas sobre Pamplona siguen sorprendiendo a quienes llegan hasta la cima del monte Ezkaba. En 2001 fue declarado Bien de Interés Cultural, un reconocimiento que puso de relieve tanto su valor arquitectónico como su relevancia histórica.

Aunque el acceso al interior ha estado muy restringido durante años, teniendo que solicitar la visita al Gobierno Militar de Pamplona, los alrededores del fuerte son un destino habitual para senderistas y visitantes que buscan conocer uno de los lugares más singulares de la cuenca de Pamplona.

Del encierro a la memoria

Interior del Fuerte de San Cristóbal.

La última gran transformación del Fuerte de San Cristóbal está ya en marcha. Recientemente, el Estado lo declaró oficialmente Lugar de Memoria Democrática, un reconocimiento que busca preservar y difundir la historia vinculada a la prisión y a las personas que pasaron por ella. La medida forma parte de un proyecto conjunto entre el Gobierno de Navarra y la Administración General del Estado para recuperar este espacio y hacerlo accesible a la ciudadanía.

El plan contempla la apertura progresiva del recinto mediante visitas guiadas y la creación de un centro de interpretación que permitirá conocer tanto la historia de la fortaleza como su etapa como prisión. Para ello todavía será necesario realizar trabajos de conservación y adecuación, pero el objetivo es transformar un espacio marcado durante décadas por el encierro en un lugar dedicado a la divulgación, el conocimiento y la memoria.

Más de un siglo después de que finalizara su construcción en 1919, el Fuerte de San Cristóbal se prepara así para una nueva etapa. Una en la que su historia dejará de permanecer tras los muros para poder ser conocida por quienes se acercan hasta el monte Ezkaba con la intención de comprender uno de los episodios más significativos de la historia reciente de España.

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