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Del Pirineo a Gredos: siete lagos de montaña para una escapada refrescante entre bosques, cumbres y agua

El Lago de Valle, en Somiedo (Asturias).

Roberto Ruiz

31 de julio de 2026 23:31 h

Los lagos de montaña tienen algo que los hace diferentes. No basta con aparcar el coche y acercarse hasta la orilla, porque casi siempre hay que caminar un rato entre bosques, cruzar praderas o salvar algún desnivel antes de que aparezcan ante nosotros. Precisamente ahí está parte de su encanto. La ruta forma parte de la experiencia y el paisaje recompensa con creces el esfuerzo.

Eso sí, conviene ir con la idea correcta. Aunque el agua invite a acercarse, muchos de estos lagos se encuentran dentro de parques nacionales y espacios naturales protegidos donde el baño está prohibido para preservar unos ecosistemas especialmente frágiles. Aquí el verdadero atractivo está en la caminata, en el paisaje y en la sensación de llegar a un lugar privilegiado. Hay rutas para todos los niveles, desde paseos sencillos hasta excursiones algo más exigentes, pero todas comparten esa recompensa final.

De los Pirineos a la Cordillera Cantábrica, pasando por la Sierra de Urbión o el Sistema Central, estos siete lagos de montaña ofrecen algunos de los paisajes más espectaculares de los que podemos disfrutar en España. El Estany de Sant Maurici, los lagos de Covadonga, la Laguna Negra, el Ibón de Plan, el Lago del Valle, el Ibón de Estanés y la Laguna Grande de Gredos son destinos en los que el agua es solo una parte del espectáculo. El resto lo ponen las montañas, los bosques y el camino hasta llegar a ellas.

Estany de Sant Maurici (Lleida)

Hablar de lagos de montaña en España es hablar del Estany de Sant Maurici. Situado en el corazón del Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, este lago de origen glaciar es uno de los paisajes más reconocibles del Pirineo catalán. Lo rodean extensos bosques de pino negro y, al fondo, se alzan las inconfundibles agujas de Els Encantats, una silueta que se ha convertido en uno de los grandes iconos de la montaña española.

Parc Nacional d'Aigüestortes i Estany de Sant Maurici.

La excursión suele comenzar en Espot, desde donde se puede acceder caminando o utilizando los taxis todoterreno autorizados que acercan a los visitantes hasta las inmediaciones del lago. A partir de ahí, las opciones son muchas. Quien busque un paseo tranquilo puede recorrer los alrededores o acercarse hasta la cascada de Ratera, mientras que los senderistas con ganas de seguir caminando pueden enlazar con algunos de los estanys situados a mayor altitud.

Lagos de Covadonga: Enol y Ercina (Asturias)

Pocos lugares representan tan bien la montaña asturiana como los lagos de Covadonga. El Enol y el Ercina, ambos de origen glaciar, forman uno de los paisajes más emblemáticos del Parque Nacional de los Picos de Europa, donde las praderas, las cumbres y el agua dibujan una estampa que cada verano atrae a miles de visitantes. A pesar de su popularidad, basta alejarse unos minutos de la carretera para disfrutar del entorno desde otra perspectiva.

El Enol, uno de los Lagos de Covadonga.

La ruta más conocida es un sencillo recorrido circular que conecta ambos lagos y varios miradores, por lo que resulta apta para prácticamente cualquier persona acostumbrada a caminar. Durante el verano el acceso está regulado para reducir la presión sobre el parque, de modo que es necesario utilizar el servicio de autobuses habilitado desde los puntos autorizados. Conviene recordar, además, que el baño está prohibido para proteger este valioso espacio natural.

Laguna Negra de Urbión (Soria)

Rodeada por paredes de granito y espesos pinares, la Laguna Negra es uno de esos lugares que parecen envueltos en un halo de misterio. El color oscuro de sus aguas, unido a las leyendas populares que la rodean desde hace siglos, la han convertido en uno de los paisajes naturales más conocidos de Castilla y León. Se encuentra dentro del Parque Natural Laguna Negra y Circos Glaciares de Urbión y constituye una magnífica puerta de entrada a la sierra soriana.

La Laguna Negra, en Soria.

Hay que tener en cuenta que durante los meses de verano el acceso está regulado para evitar la masificación. Los vehículos deben quedarse en el aparcamiento del Paso de la Serrá y desde allí es posible completar los últimos kilómetros caminando o utilizando el autobús lanzadera. Una vez junto a la laguna, quienes quieran alargar la excursión pueden continuar hacia las lagunas superiores y los Picos de Urbión, donde el paisaje gana todavía más amplitud.

Ibón de Plan o Basa de la Mora (Huesca)

En Aragón los lagos de montaña reciben el nombre de ibones, y pocos son tan conocidos como el de Plan, también llamado Basa de la Mora. Escondido entre los bosques del valle de Chistau, este lago de origen glaciar combina un entorno espectacular con una de las leyendas más populares del Pirineo, la de la princesa mora cuyo espíritu, según la tradición, sigue apareciendo en sus aguas la noche de San Juan.

Ibón de Plan o Basa de la Mora, en Huesca.

Buena parte del recorrido puede hacerse utilizando la pista forestal regulada que parte desde Saravillo, aunque el último tramo obliga a caminar durante unos 45 minutos por un sendero sencillo. El esfuerzo es moderado y verás que la recompensa merece la pena, porque llegarás a un lago rodeado de bosque y montañas. Precisamente por tratarse de un entorno muy delicado, es importante respetar siempre la señalización y las normas de conservación que pueda haber en cada momento.

Lago del Valle (Asturias)

Aunque los lagos de Covadonga suelen llevarse buena parte de la fama, el Lago del Valle es otra de las grandes joyas de la montaña asturiana. Situado en el Parque Natural de Somiedo, declarado Reserva de la Biosfera, es el mayor lago natural de toda la Cordillera Cantábrica. Su origen glaciar se aprecia con claridad en la forma del valle y en las morrenas que todavía hoy contienen sus aguas, formando un paisaje abierto y muy diferente al de otros lagos de montaña.

Lago de Valle, en Somiedo (Asturias)

La ruta parte del pueblo de Valle de Lago y es una de las excursiones más agradecidas de la zona. Son unos 12 kilómetros entre ida y vuelta, sin grandes dificultades técnicas, por lo que resulta una buena opción para quienes estén acostumbrados a caminar en la montaña. Además, el sendero permite elegir tramos más soleados o más sombríos según el día, un detalle que se agradece especialmente durante el verano.

Ibón de Estanés (Huesca)

Muy cerca de la frontera con Francia, el Ibón de Estanés sorprende por su enorme lámina de agua y por el paisaje de praderas y montañas que lo rodea. A diferencia de otros ibones más encajonados entre grandes paredes rocosas, aquí el entorno es más abierto, lo que permite disfrutar de amplias vistas durante buena parte del recorrido. Es una excursión muy popular entre senderistas de ambos lados de los Pirineos.

Ibón de Estanés, en Huesca.

La opción más habitual consiste en iniciar la caminata desde Sansanet, ya en territorio francés, aunque también puede alcanzarse desde Candanchú siguiendo itinerarios algo más largos. En ambos casos, la ruta discurre por senderos bien marcados y de dificultad moderada, con la posibilidad de observar marmotas y otras especies propias de la alta montaña. Como ocurre en el resto de espacios protegidos, conviene respetar siempre la normativa y permanecer en los caminos señalizados.

Laguna Grande de Gredos (Ávila)

La Laguna Grande de Gredos es uno de los grandes clásicos del senderismo en España. Situada al pie del imponente circo glaciar de Gredos y presidida por la silueta del Almanzor, la montaña más alta del Sistema Central, ofrece uno de esos paisajes que justifican por sí solos una escapada. El contraste entre el granito, el agua y las grandes cumbres convierte esta ruta en una de las más espectaculares de la península.

Laguna Grande de Gredos.

El itinerario comienza en la Plataforma de Gredos y asciende hasta el mirador de Los Barrerones, desde donde aparece de golpe una de las mejores panorámicas del circo glaciar antes de descender hasta la laguna. Es un recorrido perfectamente señalizado y muy frecuentado durante el verano, en el que además es habitual cruzarse con las cabras montesas que habitan la sierra.

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