La historia de la fortaleza medieval que corona una isla en Sicilia y ha servido de escenario en 'La Odisea'

Castillo de Santa Caterina.

Edu Molina

0

Favignana está presidida por una elevación que permite reconocer su perfil desde distintos puntos del territorio. En la cima del monte Santa Caterina permanecen los restos de una construcción defensiva relacionada con varias etapas de la historia de la isla. Su ubicación, desde la que se controla visualmente el litoral y buena parte de la superficie insular, explica que este lugar fuera utilizado durante siglos para vigilar las rutas marítimas próximas a Sicilia.

El castillo de Santa Caterina no surgió como un único edificio levantado en un momento concreto. Su configuración es el resultado de sucesivas intervenciones sobre una antigua atalaya sarracena, posteriormente transformada por los normandos y reconstruida en diferentes ocasiones durante la Edad Moderna. A lo largo de ese proceso, el enclave pasó de formar parte de una red de observación costera a funcionar como fortificación y lugar de reclusión.

La trayectoria del recinto ha vuelto a cobrar actualidad después de servir como escenario de 'La Odisea', la película de Christopher Nolan. La historia sigue el regreso de Odiseo a Ítaca tras la guerra de Troya, donde lo esperan Penélope y Telémaco mientras varios pretendientes amenazan con ocupar el trono. Durante el viaje, el protagonista debe superar la intervención de los dioses y el encuentro con diferentes criaturas mitológicas.

De una atalaya sarracena al dominio normando

Los antecedentes del conjunto se sitúan a comienzos del siglo IX. En el año 810 ya existía en lo alto del monte una torre sarracena destinada a detectar posibles amenazas procedentes del mar. No era un puesto aislado, sino una pieza de un sistema compuesto por tres enclaves de vigilancia repartidos por Favignana. La altura elegida permitía advertir la aproximación de embarcaciones y transmitir la alerta hacia otros sectores de la isla.

Una segunda atalaya se encontraba en la zona donde posteriormente se levantó el palacio Florio. La tercera, conocida como la Torretta o pequeña torre, ocupaba una posición relacionada con el castillo de San Leonardo. La distribución de estos puntos ofrecía cobertura sobre diferentes áreas del territorio y reforzaba el control de los accesos marítimos, una cuestión esencial para una isla situada en las rutas de la parte occidental de Sicilia.

La llegada de los normandos durante el siglo XI abrió una nueva etapa. En el contexto de la conquista de Sicilia y del sur de la península itálica, Roger I de Altavilla impulsó la construcción de Santa Caterina sobre el emplazamiento de la torre anterior. A la misma iniciativa se atribuye el castillo de San Leonardo, transformado con el tiempo hasta dar paso al actual palacio Florio. El antiguo puesto de observación quedó así integrado en una estructura militar de mayores dimensiones.

Las obras normandas no cerraron la evolución del inmueble. Durante la Edad Moderna se acometieron varias reconstrucciones que modificaron su organización y adaptaron sus dependencias a nuevas necesidades. La sucesión de actuaciones explica que los restos actuales no respondan exclusivamente a una única fase histórica. El escudo municipal de Favignana, en el que aparece un ave rapaz apoyada sobre tres torres, conserva además una referencia gráfica a este tipo de arquitectura defensiva.

Una construcción de tres niveles utilizada como prisión

Para levantar la fortificación se empleó calcarenita extraída en la propia isla, un material presente también en otros edificios y en las canteras de Favignana. La planta tenía forma rectangular y presentaba salientes asimétricos en sus cuatro ángulos. Esta disposición reforzaba determinados puntos del perímetro y se ajustaba a las funciones militares de un recinto situado en una posición expuesta, por encima del núcleo habitado y frente al mar.

El interior estaba distribuido en tres plantas. La más baja quedaba por debajo del nivel exterior y había sido excavada directamente en la roca del monte. Desde el siglo XVII, este espacio subterráneo se utilizó para mantener encerrados a prisioneros. Las otras alturas albergaban las estancias necesarias para el funcionamiento del puesto, aunque las transformaciones acumuladas y el deterioro posterior dificultan reconocer hoy la distribución completa que tuvo en cada periodo.

La entrada de luz se resolvía mediante ventanas ojivales, troneras y rendijas abiertas en los muros. Estas aberturas cumplían una doble finalidad: iluminaban las dependencias y permitían observar el exterior manteniendo la protección de quienes ocupaban el edificio. Los elementos conservados ayudan a entender cómo se combinaban la vigilancia, la defensa y la vida cotidiana dentro de una construcción levantada para resistir y controlar el entorno.

Tras perder sus funciones, Santa Caterina quedó convertida en una de las principales ruinas históricas de Favignana y en un punto panorámico sobre la isla. El mismo emplazamiento que primero permitió detectar incursiones conserva ahora los restos de las reformas efectuadas durante distintas épocas. Su estructura y su posición en lo alto del monte muestran cómo las necesidades defensivas condicionaron durante siglos la ocupación de este sector del archipiélago de las Égadas.

Etiquetas
stats