El pueblo abandonado de Burgos que Los Javis han vuelto a poner en el mapa: tuvo tan solo un vecino durante décadas
La película de ‘La bola negra’ ya es todo un fenómeno en España, con más de seis millones de espectadores habiendo visto el largometraje dirigido por los Javis y que es ya la cinta elegida para representar al país en la categoría de habla no inglesa en los premios Oscar.
“Es una peli muy artesana rodada en 35 milímetros que pretende ser clásica en todo su esplendor”, contaban sus directores en una entrevista, siendo todo un hecho que se puede apreciar desde la primera escena, ocurrida en un pequeño pueblo que es bombardeado por error.
A ese pueblo da vida Castil de Carrias, una aldea que se encuentra actualmente deshabitada, y que ha servido como localización para el lugar donde comienza la historia de ‘La bola negra’ y en concreto de Sebastián, lo que le ha llenado de vida más de tres décadas después.
De esta forma, los Javis han vuelto a poner en el mapa un pueblo abandonado de la provincia de Burgos, que se convirtió en el lugar perfecto para recrear un bombardeo en plena Guerra Civil, y ser así una localización real en vez de un decorado, y aprovechar su despoblamiento y destrucción para recrear lo que buscaban para un lugar destruido en 1936.
Así como con sus casas vacías, su iglesia en ruinas y su paisaje sin gente, se logró lo que se buscaba. “Decidimos que lo mejor era buscar un pueblo medio derruido en el que solo tuviéramos que construir algo más para poder luego destruirlo con las bombas”, explica Clara Salvador, jefa de localizaciones de la película, a Condé Nast Traveler.
Su último habitante murió en 1994
La aldea Castil de Carrias ha revivido gracias a ‘La bola negra’, especialmente porque no tenía habitantes dentro de la localidad desde 1994, cuando murió su último vecino llamado Florentino González Sáez. Este explicó que gran parte del éxodo en la localidad se debió a la falta de agua.
Este pueblo, sin embargo, antes de todo ello, en 1950, por ejemplo, tenía todavía 178 personas empadronadas, que fue descendiendo hasta ser de 59 personas en 1970 y tan solo una desde 1981, un vecino que se resistió a dejar la localidad y permaneció allí solo hasta su fallecimiento.
El pueblo, ubicado en lo alto de un cerro, rodeado de prados verdes y vistas eternas al horizonte, forma parte también de una ruta de senderismo de 22 kilómetros que cruza también los pueblos deshabitados de Loranquillo y Quintanilla, destacado especialmente en otoño.
Un punto importante para visitar es la iglesia de Santa María, deshabitada y en ruinas, pero que sirve de localización para una de las primeras principales escenas. Además, pasa por la antigua mina de Crimidesa de Cerezo, el río Tirón y el convento de San Vitores de Fresno de Rio Tirón.
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