Si 'Cumbres Borrascosas' estuviese ambientada en España la historia transcurriría en estas cumbres en concreto
Hay novelas que tienen paisaje propio. Y Cumbres Borrascosas es una de ellas. El viento, la niebla, la roca desnuda, esa sensación de aislamiento que casi duele. Si uno cierra el libro y piensa en trasladar la historia a España, la respuesta no está en un decorado romántico ni en una sierra amable para domingo soleado. Está en un lugar donde el clima manda, donde la montaña impone carácter y donde la niebla aparece con la misma insistencia que el resentimiento de Heathcliff.
Si Cumbres Borrascosas hubiese nacido aquí, en clave española, lo lógico sería situarla en el Parque Natural de Aizkorri-Aratz. Por geografía, por clima y por esa semejanza rocosa que recuerda a los paisajes ásperos de Yorkshire. No es casualidad que este macizo, entre Álava y Gipuzkoa, acumule numerosos días de niebla al año y presente una muralla caliza que corta el horizonte con una contundencia casi literaria.
El Parque Natural de Aizkorri-Aratz como páramo español
El Parque Natural de Aizkorri-Aratz no es solo una cadena montañosa. Es la más alta de Euskadi. Aquí se alza el Aitxuri (1.551 metros), la cima más elevada del territorio, y el Aratz (1.443 metros), accesible desde Araia, uno de los puntos de entrada al macizo. Pero más allá de las cifras, lo que impresiona es la sensación de aislamiento. Las sierras calizas forman una auténtica muralla natural entre Gipuzkoa y Álava, y sus hayedos parecen no terminar nunca.
Si Emily Brontë hubiese paseado por Aizkorri-Aratz, probablemente habría entendido el magnetismo oscuro del lugar. Aquí la montaña no es postal, es carácter. Entre sus cumbres, dice la leyenda, aún habita la diosa Mari, figura mitológica vasca asociada a la naturaleza y a los fenómenos atmosféricos. No suena muy lejos del tono casi sobrenatural que impregna Cumbres Borrascosas.
Pero el valor del Parque Natural de Aizkorri-Aratz no es solo paisajístico. En sus entrañas se esconden dólmenes, cuevas ancestrales y antiguas calzadas romanas. El túnel de San Adrián, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, atraviesa la sierra como una herida de piedra. Por allí discurren vestigios del Camino Real y del Camino de Santiago. La montaña aquí no solo se camina: se atraviesa con siglos de historia bajo los pies.
Senderismo en Euskadi: naturaleza, cultura y niebla
Si algo conecta este enclave con el universo de Cumbres Borrascosas es la experiencia física del paisaje. No es una naturaleza contemplativa, es una naturaleza que te envuelve. Practicar senderismo en Euskadi en esta zona significa caminar cerca de rebaños de ovejas latxa, acercarse a la mayor colonia de buitres leonados de Gipuzkoa, internarse en el hayedo de Iturrigorri o explorar la Cueva de Arrikrutz.
El acceso principal, junto al Santuario de Arantzazu —colgado en un barranco con una arquitectura que mezcla espiritualidad y brutalidad— ya anticipa que no estamos ante un entorno cualquiera. Desde Zegama, en el centro de interpretación Aizkorriko Ataria, se pueden comprender mejor las claves culturales y naturales que explican el lugar. Aquí, el senderismo en Euskadi no es solo deporte: es contacto directo con un territorio que se ha mantenido fiel a sí mismo.
Y ahí está la conexión con el fenómeno actual de recuperar escenarios literarios como reclamo de turismo nacional. No hace falta volar a Inglaterra para buscar el viento de Heathcliff. España tiene montañas con la misma crudeza atmosférica, la misma niebla persistente y la misma potencia visual. El turismo nacional puede apoyarse en este tipo de comparaciones culturales para redescubrir espacios que a veces damos por sentados.
Cumbres Borrascosas funciona hoy también como tendencia: reediciones, nuevas adaptaciones, debates sobre fidelidad histórica. Aprovechar ese interés para poner el foco en enclaves como Aizkorri-Aratz no es un simple ejercicio imaginativo, es una invitación real a caminar por paisajes que tienen tanto dramatismo como el páramo inglés.
Porque si algo demuestra el Parque Natural de Aizkorri-Aratz es que la intensidad no es patrimonio británico. En España también hay cumbres donde la niebla cae espesa, la roca corta el cielo y el viento parece tener memoria. Y en esas montañas, sin cambiar una sola línea del texto, la historia de Cumbres Borrascosas podría respirar exactamente igual.
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