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Arrimadas tiene futuro… si hace política (y se deja de activismo)

La líder de Ciudadanos en Catalunya debería ser partícipe del diálogo: ayudar a recoser heridas y contribuir a pensar nuevos proyectos de país 

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Arrimadas niega que en Cataluña haya normalidad y reprocha al Gobierno que el independentismo se sienta "impune"

Arrimadas niega que en Cataluña haya normalidad.

Ciudadanos nace en Catalunya en las elecciones de 2006, en pleno tripartito, presentándose como un partido mono- issue que se enfrenta al consenso catalanista que compartían la mayoría de fuerzas políticas del país. Resulta fundamental su rechazo a las políticas lingüísticas desarrolladas a partir de la primera legislatura dónde se apuntalan los fundamentos del autogobierno.

La mayoría de sus integrantes procede del entorno socialista. Una década después, el salto a la arena estatal de Ciudadanos se produce en un contexto diverso: Podemos ha irrumpido en el escenario político y electoral (5 eurodiputados en las elecciones europeas); la crisis económica y su gestión mediante políticas de austeridad ha afectado a las vidas cotidianas de las clases medias y populares, sobre todo en los y las jóvenes; y la corrupción ha embrutecido (y más que lo hará) al Partido Popular.

El escenario catalán ha servido para forjar al líder, Albert Rivera, pero el aterrizaje en la política española se produce con otros acentos: regeneración democrática, lucha contra la corrupción, liberalismo en el ámbito de los valores… un partido moderno, pero de orden. Se autodefine como liberal-progresista (por cierto, las dos etiquetas más escogidas por la ciudadanía según el CIS), y a él acuden también destacadas personalidades del centro-derecha.

Ha llovido mucho desde las elecciones del 20D 2015 y el 26J 2016. En aquel momento Ciudadanos intentó ser un partido visagra, mostrando que podía pactar tanto con el PP como con el PSOE. Una centralidad que hizo soñar a Rivera con la Moncloa. Pero todo se precipita con la moción de censura a Mariano Rajoy de mayo 2018. Ésta no solo acaba con la vida política del líder del PP, sino que también oscurece las ilusiones del partido naranja. Durante los últimos dos años Ciudadanos, a partir de su apoyo a políticas sociales y económicas de corte liberal, se va derechizando.

En el congreso de enero de 2017 retira su definición de socialdemócrata, como recuerda Joan Rodríguez Teruel . La percepción ciudadana del partido naranja en el eje ideológico también muta (sobre todo de votantes de otros partidos, como muestra Lluís Orriols. Pero no es hasta la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa cuándo el partido entra a competir claramente por un electorado de derechas activando temáticas que hasta el momento no habían sido objeto de su atención: seguridad o inmigración. En este último periodo también desarrolla un discurso nacionalista español.

Distinta es la evolución en Catalunya. La fuerza naranja afronta las últimas elecciones catalanas polarizando en el eje nacional durante y con posterioridad a los “hechos de octubre”. Le sirve para ganar las elecciones (por primera vez queda primero en escaños y votos un partido diverso a CIU) en un contexto de excepcionalidad y con un alto nivel de emotividad. El escenario ha cambiado, y Ciudadanos quizá también le va a tocar resituarse (de la misma manera que lo está haciendo una parte relevante del independentismo).

Eso no quiere decir que no tenga futuro. El procés ha hecho “desacomplejar” a sectores ciudadanos que hasta el momento se sentían subalternos en la vida política catalana. Estos en la transición aceptaron dejar en segundo plano ciertas identidades en aras a proyectos más amplios, pero ahora ya no están dispuestos a continuar haciéndolo. Ensayar otro tono y actitud ayudaría a Arrimadas a ser la voz de estas “nuevas” subjetividades. El 21D había miedo y enfado en el electorado. Pero los proyectos basados en las malas caras y el enfrentamiento no acaban de convencer a medio plazo.

Seguramente en estos momentos los intereses de Rivera y Arrimadas son divergentes. Mientras el primero necesita seguir tensionando en la fraticida disputa de las derechas españolas, a la líder catalana le iría mejor distensionar: mostrar que puede ser una lideresa en mayúscula. Quizá el tiempo político para Rivera ha pasado, pero Arrimadas tiene camino por recorrer si se sitúa en el hoy y no en un año atrás. No le favorece auto-marginalizarse (junto a la CUP y el PP, ambos con 4 diputados) dando un portazo a la convocatoria cumbre del president Quim Torra. Arrimadas para crecer necesita ser partícipe del diálogo: ayudar a recoser heridas, contribuir a pensar nuevos proyectos de país y, en definitiva, hacer política (y no solo activismo).

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