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El crédito a familias y pymes se desatasca

El crédito total sigue cayendo, pero se observan destellos prometedores y sostenidos, como por ejemplo el crédito nuevo a familias y pymes, que repuntó con fuerza en 2014 tras seis años de caídas.

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El crédito a familias y pymes creció con fuerza durante el año pasado,  pero seguimos leyendo que continúa en caída. ¿Cómo es posible?

La confusión puede deberse a la diferencia entre “ stocks” y “flujos de crédito nuevo”. El stock es la cantidad de crédito concedido en cualquier periodo que está pendiente de devolución (el saldo vivo). Los flujos son los préstamos concedidos en un periodo determinado. Lo que está pasando es que algunos flujos de crédito nuevo llevan tiempo subiendo, pero su cuantía es inferior a la de las amortizaciones de quienes ya tenían préstamos, por lo que el stock cae. Es decir, el crédito nuevo sube mientras el crédito total baja. Esto supone un cierto avance, ya que en los últimos años ambos retrocedían.

Veamos los datos de crédito del sector privado no financiero. Es decir, por un lado familias e instituciones sin fines de lucro al servicio de los hogares –“hogares e ISFLSH”- y, por otro, empresas –“sociedades no financieras”-, dejando fuera a los otros dos actores, Administraciones Públicas y sociedades financieras. El gráfico muestra que el stock de crédito  cayó un 3,6% en 2014 (un 3,4% el de empresas y un 3,9% el de familias). Para ser estrictos, estas cifras se refieren a “financiación”, un concepto algo más amplio que el crédito. Ello indica que la corrección del sobreendeudamiento (el “desapalancamiento”) prosigue y el crédito se reduce aunque más suavemente que en 2012 y 2013. Mientras, las cosas en la eurozona andan algo mejor: según la medida de referencia del BCE, el crédito al sector privado  completó el año estable frente a 2013 (0,1%) tras caer un 2,0% entonces.

Stocks y flujos de crédito nuevo al sector privado no financiero (variación anual)

G1

Ahora fíjense en la parte derecha del gráfico. El crédito nuevo al sector privado se hundió en 2013 (-19,0%), y es cierto que en 2014 siguió mostrando una fuerte atonía (-6,3%). Pero es prometedor que algunos de sus componentes se han dado completamente la vuelta. En particular  el crédito nuevo a los hogares ha pasado de despeñarse un 19,1% en 2013 a subir un 18,6% en 2014, y esta mejoría se observa tanto en el crédito a la vivienda como en los de consumo y otros fines. Mientras, el  crédito nuevo a empresas siguió a la baja en 2014 (-9,5%, la mitad que en 2013), pero el relativo a importes inferiores a 1 millón de euros aumentó un 8,6%, tras caer un 7,9% en 2013.

De esta forma, volvamos al principio: la caída del crédito continúa ( stocks) porque se devuelve más de lo que se concede. Pero algunas partidas del crédito concedido (flujos de crédito nuevo) mejoran con fuerza. ¿Qué partidas? Las de familias y de escasa cuantía a empresas –asimilable a pymes por diversos motivos, según explica el artículo de Juan Ayuso, del Banco de España–. Y aunque la partida de crédito nuevo a grandes empresas se contrajo con fuerza, podría responder a que algunas de ellas han podido financiarse con éxito en los mercados, disminuyendo así su dependencia de la financiación bancaria.

Es lógico que las tasas de crecimiento del crédito nuevo sean elevadas allí donde se dan, porque venimos de niveles muy bajos. En plena burbuja, en 2006 y 2007, hogares y empresas recibían la friolera de 100.000 millones de euros al mes, mientras que en 2013 esta cantidad cayó a “solo” 35.000, por lo que el aumento actual de la financiación tendrá un mayor reflejo en las tasas.

Stocks de crédito al sector privado no financiero, como % del PIB

G2

Y a todo esto, ¿cuánto debemos? Hogares y empresas deben 1,7 billones de euros, un 162% del PIB, una cifra similar a la primavera de 2006. Su deuda siguió ascendiendo hasta dos años después del inicio de la crisis en el verano de 2008, alcanzando el 200% del PIB a mediados de 2010, mientras la crisis del euro se agravaba. Desde entonces, las empresas han hecho un esfuerzo mucho mayor que las familias en quitarse deuda de encima. La han reducido en 290.000 millones o 25 puntos porcentuales del PIB, mientras que las familias se han desendeudado en 160.000 millones, casi 14 puntos. El desapalancamiento empresarial se ha producido sobre todo en la construcción y los servicios inmobiliarios (más de la mitad) y en menor medida en el sector primario, la industria y el resto de servicios (más de un cuarto),  según indican los datos trimestrales de crédito por finalidad del Banco de España.

La buena noticia es que se ha producido un saneamiento importante, veloz y meritorio, lógicamente obligado por las circunstancias. La mala es que este proceso ha sido muy doloroso porque no ha contado con la ayuda del crecimiento y la inflación. Ambos factores elevan el PIB nominal –que es el divisor de la ratio deuda/PIB- contribuyendo a licuar dicha ratio, al existir “más recursos para pagarla”. Por comparación, las familias y empresas en el Reino Unido sí han reducido su deuda con una mayor ayuda de ambos. Otra mala noticia es que cantidad de crédito destinado “al ladrillo” (financiación a la construcción y la vivienda) sigue suponiendo el 58% del total, solo cinco puntos menos que en 2007, lo que refleja que no se ha producido aún una reorientación apreciable del modelo productivo.

En suma, el crédito total sigue cayendo, pero se observan destellos prometedores y sostenidos. En concreto, el crédito nuevo a familias y pymes repuntó con fuerza en 2014 tras un sexenio de caídas. Y es probable que esta progresión se mantenga gracias al propio afianzamiento de la recuperación y a la batería de medidas puestas en marcha por el BCE desde el pasado verano.    

En este artículo hemos hablado de “cantidades” de crédito (lo que se concede, lo que queda por devolver), pero hay otros temas igualmente importantes. Uno es el relativo a si la escasez general de crédito se debe a que las entidades no prestan o a que familias y empresas no piden, en un contexto en el que la crisis ha deteriorado su solvencia y en el que tratan de digerir las deudas que arrastran de años anteriores. Es decir, si es un problema de oferta o de demanda de crédito, o más probablemente de ambas. Otra cuestión fundamental es la que se refiere a los “precios” del crédito (los tipos de interés), que sigue también encasquillada aunque mejorando, debido a que la eurozona sigue fragmentada (el coste de los préstamos es mayor en unos países que en otros). Un tercer asunto es el relacionado con cuál es el nivel sostenible de deuda privada o, puesto en otros términos, hasta cuándo han de seguir saneándose familias y empresas. Estas y otras cuestiones darían para muchos artículos más.

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